Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

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Un bostoniano misterioso

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Escribir duele, que lo diga el autor de Anabel Lee o de quien comienza un tenebroso cuento describiendo a la miseria como algo múltiple (Berenice). Pero lo recurrente a lo onírico, lo irreal y lo perturbador de una mente en equilibrio balbuceante es a mi juicio (precario) lo que caracteriza a Edgar Allan Poe como el genio de la literatura de horror que nos dejó boquiabiertos al desaparecer a los 40 años.

Es que no me lo imagino de mayor edad, calmando sus pesares visitando la tumba de su amada. O hablando con un cuervo – gracias a nuestro Juan Antonio Perez Bonalde;

 

“Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños,
quedé allí —cual antes nadie los soñó— forjando sueños;”

Cuánto le deben Baudelaire, Conan Doyle y Verne quienes supieron nutrirse de esas raíces tan fuertes como irreales. Y cuanto le debemos quienes se formaron bajo sus letras sangrientas en lecturas interminables, como la larga noche donde vivió los sueños que imaginaba de día.

Ay Lenore, cómo duele Poe !

Gustavo Pisani, Richmond, 19 Enero, 2016

A Edgar Allan Poe, en su arribo a este mundo que es más desquiciado desde que lo dejó.

 

Written by gpisanic

19/01/2016 at 4:50 PM

Excentricidad y raciocinación

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Partiendo de Edgar Allan Poe y Sir Arthur Conan Doyle, una larga estela de sangre, armas, coartadas y asesinos nos coloca junto a una mente capaz de hilar homicidios cuya primera víctima es el sueño de sus lectores. No es necesario ser detective para inferir que hablamos de la reina del crimen – Agatha Christie.

Convertida en un fenómeno cultural, nos llevó a un mundo donde nada era obvio, ni nadie libre de sospecha. Escenarios, personajes, historias y modos de operación se combinaron hasta el infinito para sorprender tanto por lo sencillo, como por lo elaborado de sus desenlaces frente al cadaver tibio. El sucio dinero era usualmente el motivo preferido para los fines perversos.

Llegó a personificar su propio misterio al desaparecer durante 10 días, escondiéndose a la vista de todos en un hotel del pueblo Harrogate, donde discutía con sus compañeros de cartas las desventuras de sí misma. Es claro que disfrutaba la decepción y el engaño, en su agónica timidez y exquisita morbidez, haciendo uso del veneno como el ingrediente literario favorito.

Gracias por el terror indiscriminado, el cual me convenció para siempre del poder infinito de la escritura.

I speak the English very well” Hercule Poirot.

Gustavo Pisani, Richmond, 12 Enero, 2016

A Lady Agatha Christie quien desapareció de nuevo un día como hoy para continuar con su usual vida llena de misterio.

Written by gpisanic

12/01/2016 at 7:53 PM

Publicado en Agatha Christie, Gato

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Endecha ósea

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Negra nube

Negra nube

Sanguinem diluvium

Sufría el peor de los miedos, aquel que no puede superarse durante la vida y que será parte de la memoria eterna guardada por la cadena de huesos que resistirán toda suerte de efectos globales, mientras la humanidad sigue su curso destructivo empeñada sólo en auto retratarse con varas de larga vanidad.

Un miedo que se encontraba formando parte de sus células, y del cual no se podía huir o cerrar los ojos, porque los resultados eran impredecibles ante las consecuencias de un terror tan profundo, que no alcanzaba salir de su cuerpo huésped. Visitante y victimario sin descanso, llegó para quedarse hasta el hálito postrero.

Era el miedo a temer, capaz de dilacerar hasta convertir el alma en un jirón nauseabundo. Ansiedad sin descanso en una marcha de desperanza hacia la noche más larga, cuando los ojos ven luces de colores sombríos que alumbran un ara donde se postrará la esperanza de vivir normalmente.

Atado sin cuerdas y pendiendo hacia la nada, escuchará un canto lúgubre que proviene del territorio cefálico, pidiendo que se detenga una vida que no vale la pena vivir. El nervio vago había ganado esta guerra primigenia, tomando como rehén a otro cuerpo, para sumarlo a su armada nocturnal.

Había nacido otro zombi y su primera acción fue tomarse un selfi para el eterno recuerdo de los muertos en vida.

Gustavo Pisani, Richmond, 31 Octubre MMXV

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Written by gpisanic

31/10/2015 at 9:00 AM

10 Noches de terror – El gato enterrado

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Línea directa de quejas laborales

Línea directa de quejas laborales

Hic illic felis clausum.

En un momento de la noche, apartada de las risas forzadas, María no podía discernir si se encontraba encerrada en una historia negra de su propia vida frente a su verdugo laboral, o era su compañero de travesía hacia un seguro incierto junto a Gabriel. Había perdido el sentido de la realidad ante la presencia sostenida de incongruencias y discrepancias en franco conflicto con todo el cuerpo de reglamentos, políticas y procedimientos que juntos se conocían como el Sistema de Gerencia. Cómo entender un montaje tan elaborado, es que acaso ella era la única en sufrir sus consecuencias.

En medio de su gris congoja se le acercó un mesonero preguntándole si se sentía bien, ella respondió que si – bajo el compromiso de absoluta discreción según la cual nadie podría enterarse de su aflicción o sus causas, hasta que resulte juzgada por un comité que era arte y parte.

Sin darse por vencido le tendió un vaso de agua y la animó a refrescarse, bebió agradecida y cuando se disponía a retirarse luego de colocar el vaso en la bandeja del mozo, logró escucharle apenas a unos pasos de distancia – no eres la única que ha pasado por semejante tragedia.

El ascensor se detuvo y las luces intentaron iluminar a los tres ocupantes, en un juego intermitente que lucía tenebroso bajo las circunstancias actuales. Se encontraba – o así ella lo creía desde que la llamaron a finales de la mañana – en ruta a la oficina donde se estaba ejecutando la política de renovación generacional de la empresa, un neologismo para pagar menos y bajar los costos anualmente. Instintivamente se sostuvo al pasamano mientras cierto tumulto emergió de este grupo luctuoso. El elevador continuó su marcha fúnebre una vez restituida la energía eléctrica y ella se encontró de nuevo en el gran salón de la fiesta de los recién ingresados, celebrado hace 20 años exactamente.

Una organización aviesa capaz de fomentar los antivalores y concentrada en seleccionar el talento como si de un concurso de belleza se tratara. María no tenía futuro y se temía que adonde fuera todas las empresas resultaran iguales.

Se volteó e indicando al mesonero que la siguiera se retiró a un pasillo donde podría explicar sus palabras. Algunos minutos más tarde ella comprendió de boca de este joven, lo que nadie hubiera podido explicarle jamás.

La empresa resultaba ser una entidad de apariencia comercial, establecida como un anexo por el principal participante del mercado en este sector de la consultoría, encargada de la selección y reclutamiento de los mejores candidatos del universo de las mejores universidades del mundo. Su prestigio le permitía elegir a aquellos que recibían las mejores ofertas, la crema de la crema, y hacerlos parte de sus plantel. Ella no creía lo que estaba escuchando de esta persona, quien trabajó aquí apenas graduado pero quien pronto sucumbió a los manejos similares a los que ella sufría.

El único objetivo de esta compañía era identificar a los mejores cerebros para inutilizarlos en un vacío organizacional, sin sentido, lleno de contradicciones y destinado a destrozar la dignidad de sus empleados. Pero con cuál propósito?

Evitar que esas personas se trasladen a alguna otra empresa del sector. Resultaba más barato contener y disolver el talento que perderlo ante la competencia, cuyos métodos quizás eran diferentes pero no distaban mucho en su finalidad.

Ella se quedó inmóvil, incapaz de articular palabra ante esta persona quien a consecuencia de las secuelas descritas, se vio en la necesidad de cambiar de carrera y de nombre – razón por la cual no lograron identificarlo en la lista del personal de servicio de la empresa de catering.

Aspirando en busca de oxígeno para reactivar sus neuronas, ella se dirigió con la pregunta en su mirada que no era necesario formular pero que de todos modos se atrevió a hacerlo, esperando cualquier respuesta menos la que escuchó a pesar del sonido de la orquesta, la cual seguía animando a esa masa destinada a una vida felizmente anodina.

Entonces – aclarándose la garganta débil de tanta resequedad, preguntó – cómo seleccionan a los jefes?

El ascensor se detuvo en la Planta Baja, era su turno de enfrentar el destino mientras se esforzaba en recordar la respuesta obtenida unos lustros atrás.

Gustavo Pisani, Richmond, 29 Octubre 2015

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29/10/2015 at 8:58 AM

10 Noches de Terror – Del sartén al fuego

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Rendija mental

     Rendija mental

Descendit clivo meum motus

La cabina seguía descendiendo en su marcha decidida hacia una existencia extraña a todas las convenciones bajo las cuales María había vivido los últimos 20 años de su esforzada vida. Su desfallecimiento resultaba de combinar las sensaciones del día y las miserias acumuladas en esta empresa durante todo ese tiempo. Parecía soñar los primeras experiencias como recién ingresada, cuando le tocó sufrir las ocurrencias de un jefe sádico y a consecuencia de lo cual perdió su reputación como empleada que le valdrían convertirse en un zombi profesional – sin posibilidades de un real ascenso, pero que le mantienen en animación suspendida en la creencia de ser un recurso valioso para los fines de esta compañía. Pero fue la falta de sueño la que le destruyó la existencia. Parecía tener el doble de la edad cronológica, la maldad había triunfado en ese aspecto.

Ojeras abismales, pelo marchito, piel ajada y un ánimo luctuoso que espantaba a todos, excepto a Gabriel, de su lado. Qué le habrá visto?

Se recuperó de esta regresión para verse de nuevo en el juicio bizantino que enfrentaba por elevar su voz – haciendo uso de los valores tan publicitados en la oficina – por lo que consideraba un trato no profesional de alguien que detentaba cargos que debían ser segregados, con la finalidad de evitar un conflicto de intereses.

Desde la primera oportunidad que expresó el deseo de hacer valer sus opciones, las amenazas sólo aumentaron con el pasar de los días. Desde un piénsalo mejor hasta la exclusión vedada de las actividades extracurriculares, donde la socialización resultaba clave para la distribución de tareas y beneficios, junto a oportunidades de ascenso expedito.

La carga de la prueba se encontró siempre en su contra, no hubo ni un intento de limitar los abusos y la coacción se hizo cotidiana, proveniente de múltiples fuentes. La más decepcionante resultó la recomendación según la cual ella debía arreglarse con el mentor, para su propio bien, y a pesar de las faltas debía ser ella quien se justificara por elevar su voz apelando a los valores. Lo importante es la empresa – concluyó la emisaria de Organización y Gente, con un gesto en su rostro imposible de descifrar.

Ella no podía creer lo incongruente de los argumentos y en un momento dado, frente a la colusión que la ahogaba decidió seguir con su vida en lugar de ser parte de esta comedia trágica. Era apenas Viernes de su primera semana y al compartir con su madre los planes, ella le pidió pensarlo mejor – descansa que falta te hace y así puedes tomar una mejor decisión – le dijo con el afecto que sólo una madre es capaz de brindar en los momentos más adecuados.

Sin embargo, una de las condiciones que le exigieron en su condición de acusadora, era seguir trabajando, y su supervisor no dejaba de apilar tarea tras tarea durante ese período infame. Así llegó al Lunes sin decidirse y mientras todos en la oficina hablaban de sus actividades familiares y de esparcimiento, ella sólo se preguntaba la razón de esta injusticia. Pero habla ¡ – le decían algunos de sus compañeros de estudio quienes la veían con lástima. Todos desconocían que una de las condiciones forzadas de su queja era la discreción absoluta, so pena de cese inmediato del contrato laboral sin recomendación posible.

Se encontraba entre la espada y la pared, mientras su vida seguía cayendo libremente en un vacío existencial que comenzaba a afectar su raciocinio, era una trampa perfecta donde la ley se vocifera pero no se puede exigir. Se estaba quedando sin defensas en esta batalla de resistencia, sin sospechar que el caso se encontraba perdido desde antes de su conocimiento.

Llegó el gran día de arranque de la semana del nuevo empleado, con un retiro que incluía una cena fastuosa, actividades de formación de equipos y competencias para fomentar el trabajo en grupo.

El ambiente exultante resultaba agobiante para la primera víctima de esta camada – la justicia.

Habían sido diez noches de terror, pero era apenas el comienzo pues lo peor apenas comenzaba. La orquesta tocó una marcha y el encargado de la ceremonia se presentó bajo las luces, mientras inundaba el gran salon de su apestosa colonia. Era el mentor.

Gustavo Pisani, Richmond, Octubre 28, 2015

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28/10/2015 at 8:03 AM

10 Noches de terror – Ilustre fregona

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Junta de evaluación de desempeño

                    Junta de evaluación de desempeño

Somnia ubi eras?

Casi a rastras llegó tan tarde a su casa que su madre se durmió esperándola en el diván. Apenas abrió la escuchó preguntarle entre un bostezo  – Llegaste hijita?

Se secó la congoja, aparcó la sorpresa y empujó a la celada que le tendieran, para llegar a los brazos más reconfortantes de su vida. Se quedó prendida en ese regazo capaz de curar todo mal, y luego de un profundo suspiro se incorporó para tratar de rescatar algo del día.

Una vez en el lecho, repasó los eventos y siempre llegaba a la misma conclusión – por qué?. Ni en su detallado registro de hechos y conjunto de apreciaciones lograba establecer un patrón capaz de brindarle razón a lo que resultaba una situación preocupante. Revisó una y otra vez sus opciones y se rindió más de abatimiento que de cansancio justo al sonar el despertador. No había pegado un ojo.

Se armó de valor y decidida se preparó para su nueva jornada, la adrenalina aún le sostenía en pie.

Llegó a su nueva estación de trabajo, antes que nadie, cuando la sorprendió que la llamaran a un reunión a esa hora. Era su mentor.

Como si hubiera pasado una semana, le pidió cuentas y exigió resultados sin darle oportunidad de responder, el factor sorpresa sequía jugando a favor de este depredador laboral. Al final de la lista de revisión, levantó una ceja y con esa voz aflautada le hizo saber a la aterrorizada empleada que mejor se dedicara con más ahínco – Aquí sólo queremos a los mejores. Y la despachó con más tareas en su lista que no dejaba de crecer.

Se dedicó sin descanso a trabajar y el día se fugó sin permitirle un minuto para ella o sus nuevos compañeros, quienes compartían su nueva aventura y armaban planes para salir a festejar su nuevo empleo.

Al cabo de una interminable jornada, había conseguido lo imposible, completar todas las tareas previstas. Cuando se retiraba con el triunfo silente de los héroes de verdad, al pasar frente a la oficina de su mentor, éste la llamó para exigirle cuentas. Apenas María le reportó con clara satisfacción de su logro, ni se inmutó y como si se contrariara le espetó un mañana te espero para revisar el plan del evento. Ni una palabra de agradecimiento, de apoyo o consideración, en vista de la entrega y esfuerzo adicional empeñado en la misión.

En casa seguía preocupada por la actitud de este personaje, quien además de mentor resultaba su jefe – algo inédito para el resto de los recién ingresados – según había logrado averiguar entre alguna que otra visita a la cafetería o los baños.

Entonces se encontraba en una situación que no le beneficiaba, porque el fundamento de apoyar al empleado frente a su supervisor parte de una segregación de roles, que en su penoso caso no había sido observada. Se preguntaba las razones tras esta discrepancia y pensaba apelar a los valores que la empresa impulsaba en todas las instancias. Honestidad, valentía, apertura y sacrificio debían ser suficientes para apoyarla en esta circunstancia que no lucía correcta. Y ella era muy perceptiva.

Pero su ingenuidad se encontraba a punto de exponerla a la peor de las situaciones que un empleado pueda sufrir – la suspensión animada organizacional. Esa condición no descrita que se basa en la opinión personal de un supervisor, la cual no reside en el expediente pero que permea a lo largo de la carrera afectando la reputación sin posibilidad de reparo. Contra cualquier logro, a pesar de su dedicación, nadie le ofrecería jamás explicaciones de su rezago ni de sus evaluaciones intermedias – sin contar su profesionalismo, entrega o capacidad de resolver los problemas que otros jamás podrían resolver.

Se convertiría en un zombi profesional.

Gustavo Pisani, Richmond 27 Octubre, 2015

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Dese modo, bien podría

esperar dichosa palma

si en esta empresa mi alma

calla,está firme y porfía.

“La ilustre fregona” Miguel de Cervantes

Written by gpisanic

27/10/2015 at 10:19 AM

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10 noches de terror – El espejo suspendido

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Camino de engaños

                     Camino de engaños

Nemo sicut me decipi

El tiempo ya no importaba, el espacio desaparecía a su alrededor y no sentía nada en ese estupor al que se estaba acostumbrando de algunos pisos para acá. Si esto era trascender, había trascendido y se encontraba en un estado desconocido para ella, donde no existía nada en ese universo sin luz que la había digerido al abordar el carro número 3 de última generación. No lograba recordar las palabras de su psiquiatra para evitar ataques de pánico inminentes, y pensar lo que le habían costado esas largas sesiones. Su mente estaba en blanco y ni siquiera se encontraba meditando. Era esto lo que llamaban iluminarse?

Sin embargo al detenerse el ascensor, el brusco movimiento le hizo reincorporarse de un indeseado viaje al pasado, saliendo a tientas de un túnel tan oscuro como profundo, del cual no lograría escapar sin marcas – algunas quizás indelebles. El sonido del mecanismo de las puertas la trajo al presente. Levantó la mano tratando de cubrirse del resplandor inesperado, volteando el rostro para evitarlo, mientras se esforzaba en abrir los ojos ahora con párpados más pesados que el plomo.

Notó ese olor inolvidable a colonia barata con la cual se bañaba su mentor, y comprendió la razón de sus arcadas. Lentamente se disipó la atmósfera pero para su desgracia continuada no resultó lo que ella esperaba.

Entre el desvarío y la luz que inundó la cabina hasta cegarla por momentos no logró reconocer a Gabriel, quien le sirvió de apoyo desde el primer momento y sería su eterno admirador secreto. María ni siquiera notó su talante desencajado sin ese habitual gesto risueño que hacía suspirar a las chicas a su alrededor. Era un día para olvidar.

Entró sin levantar la vista del suelo, confirmó el botón encendido y cerró sus brazos sobre sí mismo como para tratar de defenderse de un cierto futuro pavoroso, mientras quedaba frente a la puerta listo para salir corriendo así se abriera al vacío. Ella se encontraba justo detrás, paralizada entre los recuerdos y su mítica capacidad de dar con la palabra requerida cuando ya no era necesaria. Se mordió los labios hasta sangrar, se enterró las uñas para gritar y se quedó sin aliento en un gesto que simulaba una muerte lenta que salía de paseo con su cadáver favorito. Ni Poe hubiera imaginado una escena más tétrica.

En el elevador los pisos tardaban vidas completas para cambiar, los números goteaban de sus indicadores durante ese viaje infinito que no ofrecía un destino feliz o una ruta alterna. María levantó la vista y su reflejo en el techo brillante le mostró entre la ruina y infelicidad, cayendo al vacío organizacional de un caos eterno del cual ninguna agencia de empleo lograría rescatarla. Lágrimas negras caían profusamente a través de sus sienes, dibujando un tejido que la vestía como una mortaja capaz de atrapar la esperanza hasta ahogarla si fuera necesario. Su cara convertida en una máscara mortuoria, sin palabras y greñas alborotadas le espantaron al punto de retirar la vista de ese espejo indeseable, testigo de los peores engaños pactados bajo su reflejo.

Suspiró tan profundo hasta que le dolió el costillar, expelió ese aire rancio que la enfermaba y se recompuso lentamente mientras seguía descendiendo en medio de esa pesadilla tan real como dolorosa, y se prometió firmemente que todo era producto de su imaginación. Lentamente volvió a una realidad de las tantas que le esperaban en ese día lleno de sorpresas.

Abrió los ojos pero se encontró a sí misma en su primer día de trabajo. Era un Martes 13, veinte años atrás.

Y estaba a punto de conocer a su mentor recién asignado, cuando recordó las 10 noches de terror que le esperaban.

Gustavo Pisani, Richmond 24 Octubre, 2015

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Written by gpisanic

24/10/2015 at 12:01 AM

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