Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

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Un bostoniano misterioso

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Escribir duele, que lo diga el autor de Anabel Lee o de quien comienza un tenebroso cuento describiendo a la miseria como algo múltiple (Berenice). Pero lo recurrente a lo onírico, lo irreal y lo perturbador de una mente en equilibrio balbuceante es a mi juicio (precario) lo que caracteriza a Edgar Allan Poe como el genio de la literatura de horror que nos dejó boquiabiertos al desaparecer a los 40 años.

Es que no me lo imagino de mayor edad, calmando sus pesares visitando la tumba de su amada. O hablando con un cuervo – gracias a nuestro Juan Antonio Perez Bonalde;

 

“Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños,
quedé allí —cual antes nadie los soñó— forjando sueños;”

Cuánto le deben Baudelaire, Conan Doyle y Verne quienes supieron nutrirse de esas raíces tan fuertes como irreales. Y cuanto le debemos quienes se formaron bajo sus letras sangrientas en lecturas interminables, como la larga noche donde vivió los sueños que imaginaba de día.

Ay Lenore, cómo duele Poe !

Gustavo Pisani, Richmond, 19 Enero, 2016

A Edgar Allan Poe, en su arribo a este mundo que es más desquiciado desde que lo dejó.

 

Written by gpisanic

19/01/2016 at 4:50 PM

Náufrago afortunado

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Portada Naufrago Registro-01

Escribí el Náufrago del Lago de Maracaibo hace una generación, mucho antes de la sensibilidad por el ambiente natural que se forjó en la encíclica verde del Papa Francisco, impulsada por la amenaza cierta de una catástrofe global a consecuencia del cambio climático. En mi caso bastó mirar alrededor cada vez que me embarcaba hacia la Bahía El Tablazo desde El Milagro, cuando trabajaba en la industria petroquímica del Zulia en la década brillante de los años 80.

El Lago de Maracaibo era de agua dulce, y no alcanzo a imaginarme su belleza original cuando aún hoy deslumbran sus costas por Alturitas o el Sur del Lago. Es necesario reconocer la pérdida de esta maravilla natural, y con ese inventario de faltantes establecer una referencia para recuperar algo de su majestuosidad imponente así como de la flora y fauna, la cual incluye delfines (Sotalia fluviatilis o guianensis).

Durante ese fascinante período he sido testigo de transformaciones sociales inesperadas no sólo en mi país sino en este mundo convulso, que hablan de la capacidad de superación que la humanidad hace suya cuando todo luce más oscuro – porque la supervivencia como mandato de especie no es opcional. En cada salto generacional se gana o se pierde algo, nuestra tarea como intérpretes de esa transición es impedir que se quede algo en el camino hacia el futuro. Pero cómo saberlo?

No hay que ser náufrago para entenderlo; quién no ha dejado atrás la comodidad alguna vez en su vida para embarcarse en aventuras que concluyen en islas solitarias? De ella saldremos gracias a la determinación y al empeño, sin esperar inertes por la misión de rescate. Al final es una decisión la que nos salva o condena, lo importante parece ser cuán consecuente se ha sido con el hecho de haberla tomado.

La interpretación de estos cambios me ha permitido capturar aventuras que hoy se encuentran frente al lector en esta larga antología, imaginación que irrumpe a mi paso mientras puedo ver al mundo en un grano de arena.

La lección aprendida es la de siempre, cada día hay una historia que aprender y se perdería de no prestarle la debida atención, así provenga del marullo del lago, de un cementerio minero, relatos de Guanipa o de la maleta marrón que nuestros abuelos trajeron consigo en su aventura trasatlántica.

 

Gustavo Pisani, Richmond, Enero 1, 2016

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Written by gpisanic

14/01/2016 at 8:38 AM

Cabeza de turco

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TURKFEST_ - 13

Le trajeron el presente en una bandeja como muestra de aprecio, y el mesonero se inclinó diligente al tiempo que levantaba el gran domo brillante con un movimiento teatral. El arco que marcó el brazo del mozo por sobre los comensales, fue seguido de aplausos casi salvajes.

Se acercó el capitán de mesa para asegurarse que todo se encontraba a la altura de los clientes, no toleraban nada menos que la perfección. Luego de recuperar la postura, se dirigió al homenajeado – Cómo la prefiere?.

Crujiente por fuera, sangrando por dentro – respondió desde su silla, sin alcanzar contener del todo su apetito concupiscible, mientras secaba sus comisuras de los labios con la servilleta.

Chasqueando los dedos y abanicando las manos en dirección a la cocina, se inclinó antes de retirarse tras el mesonero, para culminar las preparaciones de esta celebración tan importante.

Hora de iniciar la trepanación – pensaba el chef, mientras tomaba aire bajo la mirada de sus ayudantes, en la cocina quirófano del afamado club paleo caníbal de acceso exclusivo.

Gustavo Pisani, Richmond, 19 de Noviembre, 2015

A Karim y su inimaginable imaginación

Written by gpisanic

19/11/2015 at 12:32 PM

Veinte flores amarillas

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Dalia, eres tú?

Dalia, eres tú?

Quamvis flavo sectis.

Amaneció rodeado de pétalos, luego de un profundo sueño a causa de haber andado sin parar toda la noche brillante. No recordaba hacia donde se dirigía, pero algo le decía que no debía ser este el lugar porque todos a su alrededor le miraban con espanto. Y quién es esta gente? Se preguntó sin alcanzar a escuchar su propia voz, pero no estaba sordo sino afónico.

Se levantó con dificultad y se apartaron mientras recorría penosamente el pasillo hacia la puerta del local. Las flores seguían cayendo marcando su rastro afanoso, como una abeja en su último vuelo que viene a entregar el polen a su reina.

La cabeza volvía a su lugar en cada órbita alrededor de los ojos, que prefería mantener cerrados más por la fiebre del heno que por la fotofobia exacerbada ante los reflejos de tantas flores amarillas.

Heroicamente se aferró al marco de la puerta, aspiró como si no tuviera fondo en los pulmones y cuando logró concentrar la vista, vio entre el resplandor de media mañana llegar a sus compadres atribulados, quienes lo estaban buscando desde que se les perdió en una noche borracha de serenatas.

Se apresuraron a recomponer al cantante, mientras se disculpaban a la pompa. Cuando lo llevaban a rastras logró voltearse para tartamudear su propia indulgencia ante los deudos, pero sólo vio a su amada en un tapiz de cempasúchil que la hacía lucir más bella.

No había cambiado nada.

Gustavo Pisani, Richmond Noviembre 2, MMXV

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Written by gpisanic

02/11/2015 at 9:33 AM

10 Noches de terror – El gato enterrado

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Línea directa de quejas laborales

Línea directa de quejas laborales

Hic illic felis clausum.

En un momento de la noche, apartada de las risas forzadas, María no podía discernir si se encontraba encerrada en una historia negra de su propia vida frente a su verdugo laboral, o era su compañero de travesía hacia un seguro incierto junto a Gabriel. Había perdido el sentido de la realidad ante la presencia sostenida de incongruencias y discrepancias en franco conflicto con todo el cuerpo de reglamentos, políticas y procedimientos que juntos se conocían como el Sistema de Gerencia. Cómo entender un montaje tan elaborado, es que acaso ella era la única en sufrir sus consecuencias.

En medio de su gris congoja se le acercó un mesonero preguntándole si se sentía bien, ella respondió que si – bajo el compromiso de absoluta discreción según la cual nadie podría enterarse de su aflicción o sus causas, hasta que resulte juzgada por un comité que era arte y parte.

Sin darse por vencido le tendió un vaso de agua y la animó a refrescarse, bebió agradecida y cuando se disponía a retirarse luego de colocar el vaso en la bandeja del mozo, logró escucharle apenas a unos pasos de distancia – no eres la única que ha pasado por semejante tragedia.

El ascensor se detuvo y las luces intentaron iluminar a los tres ocupantes, en un juego intermitente que lucía tenebroso bajo las circunstancias actuales. Se encontraba – o así ella lo creía desde que la llamaron a finales de la mañana – en ruta a la oficina donde se estaba ejecutando la política de renovación generacional de la empresa, un neologismo para pagar menos y bajar los costos anualmente. Instintivamente se sostuvo al pasamano mientras cierto tumulto emergió de este grupo luctuoso. El elevador continuó su marcha fúnebre una vez restituida la energía eléctrica y ella se encontró de nuevo en el gran salón de la fiesta de los recién ingresados, celebrado hace 20 años exactamente.

Una organización aviesa capaz de fomentar los antivalores y concentrada en seleccionar el talento como si de un concurso de belleza se tratara. María no tenía futuro y se temía que adonde fuera todas las empresas resultaran iguales.

Se volteó e indicando al mesonero que la siguiera se retiró a un pasillo donde podría explicar sus palabras. Algunos minutos más tarde ella comprendió de boca de este joven, lo que nadie hubiera podido explicarle jamás.

La empresa resultaba ser una entidad de apariencia comercial, establecida como un anexo por el principal participante del mercado en este sector de la consultoría, encargada de la selección y reclutamiento de los mejores candidatos del universo de las mejores universidades del mundo. Su prestigio le permitía elegir a aquellos que recibían las mejores ofertas, la crema de la crema, y hacerlos parte de sus plantel. Ella no creía lo que estaba escuchando de esta persona, quien trabajó aquí apenas graduado pero quien pronto sucumbió a los manejos similares a los que ella sufría.

El único objetivo de esta compañía era identificar a los mejores cerebros para inutilizarlos en un vacío organizacional, sin sentido, lleno de contradicciones y destinado a destrozar la dignidad de sus empleados. Pero con cuál propósito?

Evitar que esas personas se trasladen a alguna otra empresa del sector. Resultaba más barato contener y disolver el talento que perderlo ante la competencia, cuyos métodos quizás eran diferentes pero no distaban mucho en su finalidad.

Ella se quedó inmóvil, incapaz de articular palabra ante esta persona quien a consecuencia de las secuelas descritas, se vio en la necesidad de cambiar de carrera y de nombre – razón por la cual no lograron identificarlo en la lista del personal de servicio de la empresa de catering.

Aspirando en busca de oxígeno para reactivar sus neuronas, ella se dirigió con la pregunta en su mirada que no era necesario formular pero que de todos modos se atrevió a hacerlo, esperando cualquier respuesta menos la que escuchó a pesar del sonido de la orquesta, la cual seguía animando a esa masa destinada a una vida felizmente anodina.

Entonces – aclarándose la garganta débil de tanta resequedad, preguntó – cómo seleccionan a los jefes?

El ascensor se detuvo en la Planta Baja, era su turno de enfrentar el destino mientras se esforzaba en recordar la respuesta obtenida unos lustros atrás.

Gustavo Pisani, Richmond, 29 Octubre 2015

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Written by gpisanic

29/10/2015 at 8:58 AM

10 Noches de terror – Mar de Zarpazos

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El llamado de la fe empresarial

                       El llamado de la fe empresarial

Quinque malum non est

Veinte años han pasado de ese instante y recuerda cada detalle con escalofriante precisión, más ahora que lo está reviviendo en esta pesadilla terminal, de la cual no encuentra cómo despertar o acaso saber si podrá salir en una pieza.

El mentor la miró como a una presa ignorante de su suerte, una vez que la llevó a su despacho lleno de recuerdos de eras gloriosas, con fotos amarillentas y diplomas que tapizaban la pared. Hechos, reconocimientos, metas y el agradecimiento infinito de la empresa en la cual había hecho carrera desde sus inicios en el almacén.

En su papel de visitante exclusiva de ese museo laboral dedicada al suscrito, se sintió incómoda ante la presencia del personaje luego de la aversión natural del primer encuentro, especialmente cuando pronunció esas palabras que ella repitió silenciosamente en señal de resignación ante su peor calamidad – Cada día llegan más jóvenes.

En medio del repulsado que agriaba su boca, se sometió por más tiempo de lo que podía estimar a una insostenible perorata centrada en los valores de la empresa. Honestidad, valentía, apertura y sacrificio ante todo, la causa comercial llamaba al esfuerzo supremo en pos de las ganancias de los accionistas y los beneficios de la directiva, el resto era un elemento de coste en la contabilidad y como tal debería ser controlado sin miramientos.

Ella miraba sin entender el objetivo de alguien que parecía hablar para entretenerse, a costa de la audiencia. Rebosando sus propios méritos en exceso de lo normal, acotando frases del manual de Recursos Humanos, no resultaba normal un esfuerzo de esta magnitud para alguien que apenas comenzaba su aventura salarial. Hasta que llegó el momento de la primera asignación, luego de recorrer la cosmogonía completa, con los trabajos y la pléyade de dioses incluidos de este Olimpo empresarial. Resultaba irreal y era tarde en la noche. Cierta inquietud comenzó a surgir de la principiante.

El tono, la mirada y el gesto cambió de improviso al momento de lanzar la primera tarea, en un dejo atroz de perdonavidas como verdugo a cargo de la ejecución. Desde el cadalso la vista debe ser similar, pensó la joven.

Agudizando al voz, espaciando las vocales y flexionando las pausas, encargó a María de la organización del evento de bienvenida de los recién ingresados. Una semana de retiro en el hotel de mayor renombre de la ciudad, dedicada a loar la empresa y sus valores, los directivos y todos aquellos a cargo de las políticas internas, con la finalidad de generar una impresión permanente en esta camada. Ella sería su asistente, tendría toda la carga de las innumerables tareas y sería la responsable de cualquier falla – no quiero errores – repetía el mentor a lo largo de su discurso de cierre.

Exhausta y sorprendida ante la ingente tarea, sólo alcanzó a preguntar antes de ser despachada del recinto – Cuándo es el evento?

Dentro de 10 noches – le respondió mirando por encima de la cabeza aturdida que trataba de establecer la lógica del mandato, mientras se colocaba una cazadora extraña a su corbata. Se arregló de un golpe el cuello y la miró en señal de sorpresa porque aún se encontrara frente a su presencia.

Y salió en una exhalación dejándola hundida en un mar de dudas.

Sólo se profundizaría durante ese período aciago.

Gustavo Pisani, Richmond 26 Octubre, 2015

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Written by gpisanic

26/10/2015 at 8:13 AM

10 Noches de terror – Fragancia de cosa juzgada

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Réditos ya devengados

                                          Réditos ya devengados

Nihil sine magno labore vita mortalibus dat.

Se encontraba de nuevo en el ostentoso vestíbulo de su nueva empresa, el primer empleo de su incipiente carrera que a tenor de los beneficios, referencias y condiciones era un pasaje con destino al cielo. Tantos aspirantes y tan pocas plazas le otorgaba un brillo especial a quienes lo lograban.

Repetía con una mezcla de curiosidad y asombro cada una de las emociones y actividades de esa fecha que aún recordaba, de una manera tan vívida que tenía que ser real. Como si se tratara de un tic, se arreglaba nerviosamente el tocado que con tanto detalle se había procurado desde muy temprano en la mañana para llegar a tiempo. Su afición a las horas le haría sufrir según su madre, y era de esas que nunca se equivocaban. María no había pegado un ojo la noche entera para estar preparada para el gran día, pero ahora recordaba con amargura cómo desde entonces nunca más lo logró. Había perdido el sueño desde ese momento y eso era una tragedia para alguien con tantas aspiraciones.

Se vio a sí misma en la sala donde se encontraba un grupo de recién egresados de sus respectivas instituciones de educación superior. Un abogado con una mirada que no parecía tener un alma detrás, un economista muy observador y retraído, una muchacha tan hermosa que no necesitaría trabajar pues el mundo se rendiría a sus pies sin siquiera pedirlo, pendiente de su móvil más que del entorno y Gabriel.

Su nombre prendido en el pecho fue el único que recordaba de esa jornada inolvidable, y se sorprendió nuevamente al verlo tan joven y lleno de vida, igual que el resto. Se preguntó si la vida se les había escurrido sin haberse detenido a valorarlo.

Cuando él estaba dispuesto a presentarse, los llamaron para iniciar el proceso formal de ingreso. Largas horas llenando planillas interminables que contenían la misma información una y otra vez, presentaciones llenas de sonrisas forzadas, chistes repetidos por generaciones y la sensación que ahora pertenecían a una élite laboral de la cual era imposible declinar sus beneficios. Nadie lo había hecho desde su fundación, al menos voluntariamente.

Al cabo de una jornada extenuante y cargados de sus nuevos aperos de oficina, radiantes de iniciar una vida de sueño, María entonces cae en cuenta que siempre se encontró con Gabriel a su lado – lo cual sería una imagen recurrente durante toda esta vida de fantasía. Cuando parecía que todo había concluido, les tocó dividirse en grupos para sostener el encuentro que marcaría su carrera a partir de hoy. Era la primera entrevista con su mentor quien se convertiría en su mejor aliado – aunque algunas historias relataban algo diferente – pero no era el momento de caer en la negación.

Se encontraban en la magnífica cafetería del primer piso disfrutando de un café tan aromático como suntuoso, cuando uno a uno llegaron los responsables de las carreras de los novatos. A veces en pares, otras en grupos de tres o más, se fueron marchando lentamente hasta que le tocó a su primer conocido irse con la guía – la persona responsable de la bienvenida hace ya tantas horas de este día interminable.

Sola con sus pensamientos, repasaba sus emociones, descubrimientos y aprensiones. Esta calma forzada le permitía ejercer su mejor capacidad – observar detalles invisibles para la mayoría – y algo no terminaba de convencerla de esa atmósfera de absoluta felicidad y alegría permanente. Pero no daba con ello.

Entonces se abrió la puerta y entró la persona con la sonrisa más falsa que alguien haya podido jamás esgrimir. Como si el resto de ese cuerpo se esforzara ferozmente en producir un gesto extraño, sólo para alcanzar fines inescrutables.

Y de improviso ella sintió un vacío tan grande que ni el universo entero sería capaz de llenar jamás.

Era su mentor quien saturó el ambiente de colonia barata.

Gustavo Pisani, Richmond Octubre 25, 2015

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Written by gpisanic

25/10/2015 at 10:04 AM

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