Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Archive for the ‘Viajes y aventuras’ Category

Los números de 2014 y una gran sorpresa para el 31

with 7 comments


Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 6.700 veces en 2014. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 6 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

La risa eterna

with 2 comments


A toda máquina en reverso
Llegó inesperadamente del futuro con cierta prisa, pero su apariencia no lo colocaba fuera de lugar en porque es conocido que los estilos de la moda se repiten continuamente en ciclos. Algunos de los pasantes de esa concurrida esquina del centro de Caracas, notaron ciertos elementos conocidos en sus pantalones de botas anchas y camisas ajustadas con diseños florales, pero al voltearse para una segunda revisión, el visitante había desaparecido.
Exploró la ciudad con mucha curiosidad y reconoció en algunos lugares los clásicos elementos destructivos que alimentaron las terribles crisis del mañana. Las personas sólo se concentraban en su bienestar, se dedicaban a acumular propiedades, desechaban la conservación del medio ambiente y ante todo, declaraban que el tiempo es dinero.
Pero por sobre todas esas tristes manifestaciones de apatía social, resaltó la acostumbrada evasión de responsabilidades, según la cual los responsables de los problemas personales eran terceras persona.
Debido a una avería de su equipo de transporte entre eras, se quedó resagado a la altura del Mirador de la Cota Mil, un lugar muy adecuado para disfrutar de una vista privilegiada de esta Capital desquiciada desde hace mucho.
Y se instaló como un hermitaño en ese lugar, donde lo confundieron con un menesteroso. Le daban limosnas, aquellos que frecuentaban el lugar para aprovechar el romance que baja en forma de neblina de las faldas del Avila.
Mientras el viajero trataba de reparar su equipo del futuro con algunos de los recursos tecnológicos del presente, algunos eventos le mostraron un aspecto desconocido de su apreciación original del estado de la vida en este momento de nuestra existencia, cuya mención había desaparecido misteriosamente de ese largo registro conocido como historia, desde que Cristobal Colón lo escribió a sus reyes cuando llegara a esta tierra de gracia.
La gente aún se reía.

Gustavo, Richmond, Diciembre 28, 12014

Written by gpisanic

28/12/2014 at 2:17 PM

Edad de Hierro – II

leave a comment »


La geodesia al servicio del techo

La geodesia al servicio del techo

Apenas se iniciaba el retorno forzado a una era que creímos haber superado hace siglos, la edad de hierro.

La edad de hierro parecía haber sido superada pero el cataclismo tecnológico nos trajo de regreso sin miramientos. Era el momento de restablecer las prioridades de esta humanidad que por un coro período aceleró la marcha hacia el borde del precipicio y había dado un paso al frente.

Un mundo sin comunicación electrónica, sin datos o procesos automáticos se atrevía a enfrentar una manera de vida olvidada por generaciones. Al menos, celebraban los optimistas, nos quedaban las tecnologías metalúrgicas originales. Pero quién la conocía en detalle?

Una de las trampas culturales en las cuales habíamos caído como sociedad, era la sucesión de tecnologías innecesarias que sustituían por completo los productos o servicios anteriores, sin posibilidad de conversión o adaptación.

Las fábricas modernas permanecían vacías mientras sus procesos eran sepultados por el polvo del olvido. Los hornos se enfriaban aceleradamente y  los ensamblajes incompletos esperaban al operario o al robot que no vendría el próximo turno – o quizás nunca más.

Gustavo Pisani, Richmond, 23 Enero, 2014

Written by gpisanic

24/01/2014 at 12:01 AM

La edad de hierro – I

leave a comment »


La geodesia al servicio del techo

La geodesia al servicio del techo

Había un silencio terrible cuando llegué a la oficina, muy temprano como de costumbre. Se encontraba teñido de drama tanto por la hora como por la soledad imperante. Presentí por alguna razón desconocida que estaba iniciando la lista de testigos que seguro estaríamos declarando más tarde a los medios – y a las autoridades, por un evento que no comprendía en su nefasta dimensión.

Lentamente la escena se aclaró en mi mente adormilada. Restos de vidrios, papel y pertenencias se encontraban esparcidas por toda la oficina entre la niebla pertinaz. Infortunadamente similar a un escenario trágico donde las víctimas no lograban ser identificadas.

Sorteando despojos me dirigí a mi cubículo, al lado de los lavatorios. La pantalla aún despedía humo en volutas que de otra forma serían hermosas. Sus entrañas de colores se encontraban distribuidas por sobre lo que era la silla, paredes, techo y piso. Jamás me imaginé tanto cable contenido en un espacio confinado. Las esquirlas de cristal quedaron incrustadas por doquier como una muestra de la deflagración y el teléfono apareció varias oficinas más allá, cuando trataba de encontrar algún sentido a esta tragedia camino a la salida.

Más tarde me enteré que se trataba del inicio de un ataque cibernético que desató a su vez un cataclismo económico global sin precedentes. Ningún servidor o medio de transmisión logró sobrevivir a la primera ofensiva, pero oleadas de ataques sucesivos se  aseguraron de borrar las bases tecnológicas de esta sociedad conectada.

Written by gpisanic

23/01/2014 at 12:01 AM

La jornada

with 2 comments


Llegando al trabajo

Llegando al trabajo

Me empujan brutalmente para subir al colectivo y a esta altura del día tengo poca esperanza en sobrevivirlo. El gentío anega este vehículo cotidiano en su ruta tortuosa al campo de trabajo. Una elegante manera de describir la ocupación en la oficina de la gran ciudad.

Como si de ganado se tratara, el conductor arranca sin compasión mientras el bamboleo sigue elevando quejas, hasta que la resignación gana su debido terreno para establecer una silenciosa realidad indeseable.

A pesar de las corbatas y los trajes de tres piezas, los talleres y los bolsos de marca venidos del lejano oriente, el transporte del primer turno de trabajo deja atrás toda traza de dignidad moderna. Se trata de supervivencia pura.

En un adormilamiento capaz de asombrar hasta los predadores naturales de esta especie en extinción lenta, la clase media se prepara para la función que mejor representa, mediante una ocupación que apenas permite subsistir.

Mientras van pegados a la ventana social que llevan en sus teléfonos, el paisaje se va deformando hasta convertirse en una jungla salvaje de edificios. En ella los miembros alfa correspondientes se encargarán de hostigarles el día hasta que los libere la hora de salida.

Voy con la mirada fija hacia delante, donde se supone queda el futuro. Espero que no cambien la brújula de nuevo.

Gustavo Pisani, Richmond, 25 de Diciembre, 2013

Visita Crónicas de Sabana Grande – De la República del Este y sus alrededores

Written by gpisanic

28/12/2013 at 12:01 AM

Y yo sin el manual de mantenimiento

leave a comment »


Retire el filtro sin tocar las paredes del radiador

Ahora que la travesía se puso difícil me pregunto donde se quedó el manual de mantenimiento, porque el motor tiene ahora un ruido muy extraño.

Se inició hace algunos años cuando no me ocupaba en darle una necesaria revisión de vez en cuando, convencido que nunca me iba a fallar, hasta que llegó el día cuando me quede en medio de la nada y no podía creer que esto me pasaría a mi. Como una tos mortal, luego de unos espasmos necróticos, se detuvo derrotado incapaz de llegar hasta la próxima estación de servicio. Entonces se hizo el silencio.

Me bajé incrédulo, abrí la capota y con cara de derrotado me puse a esperar que sólo fuera una pequeña avería capaz de repararse por si sola, mientras pasaba el tiempo revisando mis mensajes en el teléfono.

Y sería la fe o la termodinámica, pero al final luego de algunas horas, traté de despertar el motor y fiel como de costumbre se hizo de la vida y me llevó como siempre lo ha hecho, a mi destino irresponsable.

Pero ahora parece algo mucho más grave y me temo que no pueda ayudarme a llegar a la próxima estación de servicio.

Debí haberme asegurado de tener ese manual y cumplir con las indicaciones.

Written by gpisanic

09/10/2012 at 12:01 AM

En medio de la nada

leave a comment »


Hay caras que no logro dejar de olvidar

Luego de recorrer un largo y polvoriento trecho camino al Sur del Estado de Tejas, la conversación irrelevante se hizo insoportable a medida que las millas se iban quedando atrás de nuestra apresurada misión.

Los viajeros que me acompañaban pertenecían al mismo grupo de la empresa, con el cual comparto largas horas en las impecables oficinas de la corporación ubicadas en el llamado Corredor de la Energía, en ese Houston ahora lejano y por siempre insufrible.

El camino no terminaba y los silencios cada vez más extensos se hacían necesarios para pensar en la pequeña parcela de vida, que aun podíamos presumir como nuestras.

Luego de varias millas inmersos en esta cabina, en pleno territorio del lejano oeste y un par de horas de no encontrarnos a otra vaca, llegamos a Beeville, la cuna del nuevo sueño americano, con nopales de almohada y todo.

En medio del ritual del registro en un hotel precario y artificial, nos fuimos escapando hacia las habitaciones con la esperanza de concluir con la asignación que nos mantendría al menos un par de días alejado de la ciudad.

Cuando ya había perdido toda la esperanza de recuperar ese tiempo destinado a recorrer una sabana llena de vacío en espera de la riqueza cruda del petróleo, cuando no esperaba encontrarme con alguna otra persona o menos toparme con alguien conocido en medio de este centro de retiro forzado, se abrió la puerta del ascensor de donde salió una persona quien, restableciendo lo que pudo haber sido una conversación pendiente, me dijo;

-Hola Gustavo, cómo andas?

Lo que me hizo despertar de ese sopor inducido por la distancia, las circunstancias y el cansancio de un viaje inmerecido.

-Bien, gracias y cómo te va?

Y me hundí en el ascensor sin desdibujar la sonrisa cordial, para continuar con esta penitencia laboral a distancia.

Nunca he logrado recordar una cara que no sea de mi familia directa.

Se llama prosopagnosia.

Gustavo E Pisani, Richmond, septiembre 29, 2012

 

Written by gpisanic

01/10/2012 at 12:01 AM

Publicado en Viajes y aventuras

Tagged with , ,

Aventurándote.

Blog de viajes y montaña.

Revista Marítima

La información "Premium" del sector naviero nacional.

Messieral

«Historias en Ascuas para un Día sin Nombre»

poesiadesencadenada

Este es mi pequeño rincón donde plasmo mi vida, mis opciones, mis errores, mis lecciones

El Destrio

Donde termina todo lo que no tiro a la papelera.

A %d blogueros les gusta esto: