Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Archive for the ‘Náufrago del Lago de Maracaibo’ Category

Grullas a granel

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Diablo

El diablo suelto en Cypres.

Es menester combinar talento exquisito y extenderlo por generaciones para alcanzar a entender pueblos como Carora, donde el diablo anda suelto desde que el carácter artístico de sus habitantes desbordó la comprensión de la corona española en ese premonitorio siglo XVIII. La conseja concluyó que mientras haya calor el diablo estará suelto, cuando en 1726 las altas temperaturas lo liberaron de un cují seco del Convento Franciscano de Santa Lucía donde le sostenían con gruesas cadenas. La interminable lista de virtuosos nacidos en esas tierras, confirma ese carácter único del rincón larense  sede de la capital musical del país.

Anoche el calor hizo de las suyas nuevamente, cuando en un escenario lleno de pianos, se soltó en Cypres, Houston el diablo musical, de las manos de Karine Gil en el piano y Luis Jose Silva en las cuerdas. Un paseo desde el Concierto en la llanura hasta el himno que nos une a los Venezolanos alrededor del mundo, Alma Llanera. Hay diabluras que no dejan de sorprendernos, cuando en un momento de la velada parecía que todos los pianos sonaban de la mano de Karine, inundando esa audiencia ahogada de emoción.

Grullas a granel

Cuando un compositor comparte los elementos de su obra, abre el corazón a un público afortunado. Mientras la concertista lo hacía con sus magníficas obras, nos transportó por el campo minado de la morriña donde no hay pañuelo capaz de contener tanto dolor que nos acompaña desde que dejamos Maiquetía atrás.

Disfrutramos de viajes de campo por ese Lago de Maracaibo infinito donde el Rayo del Catatumbo nos deslumbraba con destellos de genialidad sobre los teclados, entre el oleaje y vuelos de cormoranes.

Participamos en reuniones familiares con infantes corriendo entre pianos de esa noche mágica, con llamados a la mesa y risas que parten de esa alegría de compartir una comida, o un país entero. Olores de esa cocina familiar nos hicieron tragar recuerdos de cualquier mercado del país.

Sentimos los dolores de una migración, con su drama de acordes que rasgan nuestros recuerdos con penas que no nos abandonan mientras llevemos el corazòn tricolor de Rayma tatuado a fuego. Hasta que aparecieron las grullas con su vuelo señorial, volando sobre un mar de bocas abiertas de admiración, cruzando la sala en esa noche incontenible.

De regreso nadábamos en ese mar de llanto que brota cada vez que nos tocan la tecla de Venezuela.

Gustavo Enrique Pisani, Richmond, Junio 1, 2019

Houston Piano Company Recital Hall,

@karinecgil

Luis Jose Silva

@cuatroporvenezuela

www.cuatroporvenezuela.org

@raymacaricatura

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La maleta sentimental

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Me encuentro en una fila avanzando muy lentamente, mientras se respira un aire de paz entre los presentes, atentos al extremo desde donde se siente la creciente excitación. En un cruce de esta larga lombriz llena de sonrisas, logro atisbar a la artista quien pacientemente se dedica en una esquina a estrechar manos, asentir con gestos, escuchar atentamente y especialmente dar abrazos de esos que no se olvidan porque nos recuerdan algo muy grande.

La galería se hace pequeña para tantos visitantes, quienes buscan un punto común de encuentro con algo que el tiempo no ha podido – ni podrá – secar en nuestra memoria, colores y gestos, una alegría especial y una determinación de piedra. Estamos determinados a mantener nuestra esperanza pese a todo.

Observo los encuentros llenos de emoción, ojos brillantes, dientes pelados y pecho esponjado – foto mediante – para perpetuar esta oportunidad que expone lo grande que es nuestro país, donde quiera nos encontremos. 

Es Rayma con sus genialidades que sólo entendemos quienes somos capaces de dar esos abrazos incansables, que hablan de la  Venezuela que llevamos orondos por todo el mundo. Recordamos con ella momentos de esa historia que todos compartimos, cuando jugábamos mientras nuestras respectivas madres hablaban de sus sueños que hoy tienen todo el valor que nos inculcaron.

https://www.raymasuprani.com

Yo inmigrante,

Bag on Gallery, 6300 N Main St. Houston.

Gustavo Enrique Pisani, Richmond, Marzo 17, 2019

Cuentos de Cada Semana – CCS Semana 2 Cosas de Internet

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No me había acostumbrado al resplandor inclemente del Milagro en esa Maracaibo de principios de los 80, cuando los escombros del Saladillo se mostraban sin orgullo, como otra herida más de las tantas infringidas desde la Capital, de tantas gaitas ganadas a punta de desaires y abusos. Las Torres del Centro Petrolero nos alojaban como una camada de muchachos hambrientos tras la belleza juliana en todo sentido, y todo era nuevo para este recién llegado.  

Apenas establecido en medio de la anarquía característica del lugar, ya frecuentaba espacios recónditos y en muchos casos, inéditos para algunos naturales de esta Capital tan querida y maltratada. A la hora del almuerzo, bajaba como otro hijo de esta grey devota, al caos maravilloso de las Playitas – equivalente a la lonja de cualquier ciudad costera – para iniciar mi exploración etno gastronómica con capítulos dedicados a los productos favoritos de los marabinos. Una tarea a la que me dediqué de corazón y estómago por varios años que hoy extraño.

Sean tequeños, pastelitos, tostadas peladas, lisa rellena o chirrinche, me dediqué a conocer la gama de productos que hacen a sus habitantes tan felices, incluso bajo un sol que derrite a cualquier visitante desprevenido. Y para la cena, las opciones eran de primera desde lugares de lujo como el Hotel del Lago, hasta la Casita al pie del Puente, donde se comía igualito que en Beirut.

Un día visité el famoso mercado de las Chinas, donde la artesanía de las Indias Guajiras brillaba reverberante con colores intensos en tapices de colección. Caminar los pasillos del mercado era una experiencia capaz de impresionar a cualquier visitante.

Mi interés en ese momento era comprar tapices para colocarlos por Internet – incipiente para la época – en mercados virtuales mucho antes de Amazon. Me acerqué a la Guajira echada en un chinchorro de un puesto repleto de mercancía, y luego de saludarle en su cómoda posición, me dediqué a hablarle acerca de mi propósito.

Al cabo de algunos minutos de una elocuente descripción del lugar virtual con las garantías debidas sobre fundamentos de comercio sustentable, ella me miró con sus ojos achinados profundamente negros y desde esa profundidad, me dijo sin inmutarse – 

Qué cosa tan parecida a Internet.

Gustavo Pisani

Richmond, Enero 13, 2019

#cosasdeinternet

Viaje al centro de la Empanada. Primer bocado

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Si miras al interior de una empanada cuando la muerdes, encontrarás un mundo que espera por tí, pero si observas con mayor atención verás memorias perdidas y pedazos de experiencias aderezadas con amor. La vida es una empanada y hay que comérsela.

El primer bocado nos transporta a un mundo humeante, donde la historia surge atropellada sobre interminables capas de aventuras y esfuerzos, partiendo de un pilón en el patio con su canto de dolor y ritmo de color. Manos redondas amasaron sin descanso la masa que envuelve los sabores del mundo, en un hogar lleno de cuartos y pasillos de todos colores. 

Desde el fondo del guiso, el patinado de la paila refleja las generaciones a su alrededor con eventos, aderezo de lagrimas, cánticos y gritos de celebración cuyo eco retumba hasta nuestro presente sin atenuarse. Lo más importante es la familia y su recuerdo se encuentra en los sabores que llevamos con nosotros siempre.

En cada mordisco, recorremos cada una de las interminables curvas de San Luis, donde las muñecas nos saludan desde la carretera del Estado Sucre en vía al Peñón. El aroma sea de Cazón o Pepitonas, nos habla de viajeros en ruta a Margarita, con toda la emoción frente a la aventura y el viento marino que salpica de mar nuestra cara asombrada por tantas emociones que caben en un lugar tan pequeño.

Mientras doblamos por la curva de la viuda, nos adentramos Gran Sabana adentro en la búsqueda del Domplin, el Calalú y los trabajos de las Madamas, luego de quedar prendados gracias a la Sapoara y su cabeza hechizada. El pastel de chucho, el cuajo y las cachapas se muestran con firmeza en el sabor profundo de esta muestra universal de la cocina criolla.

Por la mitad del recorrido los sabores han retomado posiciones de la memoria que se creían rendidas al olvido, celebrando ruidosamente en papilas antes dormidas. Ya no hay retorno en este viaje de un sólo sentido – el gusto. Somos lo que comemos y reflejamos esa cultura capaz de enriquecerse frente a cada aventura gastronómica.

Las últimas porciones delatan aventuras exóticas, de lugares recónditos de las Vueltas con sabor a Goulash Andino, y  a trucha, o a orillas de un Lago cuya gastronomía vive en cada Iguana y Bocachico. Sesiones de pastelitos sin fin, tequeños de corazón palpitante y mares de queso donde uno desea naufragar para siempre. El paisaje de sabores es tan extenso como nuestra capacidad de aventura para probarlos.

Pero como todo concluye, el pedazo final de este regalo lleno de sorpresas, cierra un capítulo completo donde las papilas dibujan el paisaje de sabores, que nos acompañan sin imaginarlo.

Las papilas te harán libres.

Gustavo Pisani

Richmond, 7 Agosto, 2018

Written by gpisanic

07/08/2018 at 6:38 PM

La maleta inútil – Isla flotante

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Atardecer de Peki

The traveling freckle

El atardecer llegaba como de costumbre en esta nación donde se vivía trashumando sin parar, navegando por derrota a barlovento, con los últimos rayos rasgando el cielo mientras la brisa refresca la playa con aromas naturales sujetos a la temporada. Cada puesta de sol era única y a manera de rito, reunidos hacia el poniente, apreciaban inmersos en un respeto sobrecogedor, cómo los matices se multiplicaban en colores desconocidos para estos espectadores privilegiados. Sostenían el aliento sin advertirlo, mientras el espectáculo seguía tanto como la naturaleza lo permitía en medio de una emoción indescriptible. Era como rodar la silla para seguir disfrutando del horizonte en un planeta pequeño, prolongando el éxtasis hasta el cansancio.

Era cuando los viejos lloraban diariamente de emoción y las lágrimas explotaban los rayos de luz en sus ojos que creían haber visto lo suficiente. Estrellas brillantes terminaban rodando por esas arrugas acostumbradas a ver pasar lo que la vida les había ofrecido, mientras los jóvenes terminaban abrumados de tanta belleza sin palabras capaces de describir el espectáculo. Si el mundo se acabara cada día al poniente, ésta era la mejor manera de honrar la oportunidad de haber vivido, como si se tratara del último ocaso desde el fin de la tierra.

Llegada la hora de dormir, la isla se sumía en un estado de suspensión arrullado por los cantos de ballenas, en cuya compañía recorrían la corriente del golfo sin esfuerzo. Las tonadas les resultaban conocidas, provenientes de viejas compañeras, en esta aventura que recién se iniciaba por el resto de sus vidas. Es que la política original de la isla, cuando se encontraba fija en su lugar en la tierra era respetar el ambiente por sobre todas las cosas materiales. En sus playas anidaban las tortugas más grandes, las cuales no olvidaban el buen trato y el cuidado de sus crías, mientras las costas bullían de las danzas de apareamiento de los cetáceos más grandes del planeta. El santuario en el cual convirtieron su isla había soltado sus amarras para convertirse en otra criatura en busca de su rumbo en este mundo, y en esa aventura sus antiguos visitantes se habían convertido ahora en compañeros de viaje, durante la interminable migración anual tras alimentos, para perpetuarse como especie y de paso, adornar el paisaje sin proponérselo.

A esa altura, los isleños con esa sabiduría que les caracteriza habían desechado sus maletas, porque habían aprendido de sus vecinos de aventura que era posible viajar con la casa a cuestas, cantando para animarse en el camino. La vida en la isla era una vacación permanente.

Gustavum Henricum

Richmond, 20 Septiembre, 2017

Año nuevo, isla nueva

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Momento de propósitos a perseguir durante el 2016.

Me propongo seguir escribiendo como si la tinta no se agotara jamás, a leer todas las letras que se coloquen a mi alcance, a seguir dejando una huella que podrá significar algo a alguien y a ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio.

Intenciones tan sencillas como transformadoras, capaces de cambiar al mundo, a mi mundo que gira de manera irregular alrededor de los sistemas que tengan soles cuya luz alimente, órbitas que muestren nuevos universos vecinos y la gravedad que me permita alcanzar los sueños que tienden a flotar en las mentes más divertidos.

Por lo pronto trabajo en mi última antología curada a la luz del horno, donde un pernil alcanzaba la gloria próxima a una empanada que no dejó de crecer hasta después de comerla.

No podía ser de otra manera, la obra principal tiene ya una generación de por medio lo que le debe traer hambriento, más que por su ocupación que titula el primer libro de la cosecha de este año – El náufrago del Lago de Maracaibo.

Que viene dejando estela con su larga barba,

Los mejores deseos en el nuevo año que recién comienza, el cual nunca muere eternamente, según María Luisa Bombal en su extraordinario relato “Las Islas Nuevas”

Gustavo Pisani, Richmond, Enero 1,2015

Written by gpisanic

01/01/2016 at 8:56 PM

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