Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Archive for the ‘Gustavo Pisani’ Category

Cuentos de cada semana – CCS Semana 3 – Una trattoria utópica

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Dos instituciones instauradas en el corazón de Caracas dejaron su marca para siempre desde esos años efervescentes que transcurrieron a los pies del Ávila, durante las décadas del 60 a la del 80.

Por un lado la única trattoria fuera de Chacao, el estamento italiano por excelencia, conocida como El Sorrento, y apenas separadas por algunas cuadras, la nación independiente de mayor trascendencia cultural que jamás se haya conformado en este planeta – la República del Este.

Sin necesidad de revolver la historia, cada una de estas referencias se encuentran marcadas a fuego en esa memoria colectiva tan fugaz que nos caracteriza.

Los sabores de la trattoria se convirtieron en una referencia única en nuestro acervo gastronómico, abierto al mundo tal como lo hicieron nuestros puertos desde tiempos de la Capitanía General.
Por su parte las sesiones tumultuarias del poder constituido por los representantes de la casta intelectual del momento, son a la fecha un reflejo de nuestra dinámica que esta República desnudó en su momento. La fragilidad de sus instituciones, los cambios de rumbo y la auto proclamación continuada como difuntos de taberna, eran la constante que desde el Capitán Emparan han caracterizado nuestro quehacer social.

Ciertas características no cambian, pero la carta infinita del Restaurante recordaba una de las entradas al cielo de Dante, de manera similar que las discusiones y encuentros de los intelectuales de la República era el summum de la política, que jamás fue tomada en cuenta por el establecimiento a cargo del gobierno nacional.

Medio siglo más tarde persiste el sabor de boca de una pasta épica y el de un modelo social utópico que no acabamos de alcanzar por esfuerzo propio.

Me resisto a perderlos.

Gustavo Pisani

Richmond, Enero 20, 2019

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Cuentos de Cada Semana – CCS Semana 2 Cosas de Internet

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No me había acostumbrado al resplandor inclemente del Milagro en esa Maracaibo de principios de los 80, cuando los escombros del Saladillo se mostraban sin orgullo, como otra herida más de las tantas infringidas desde la Capital, de tantas gaitas ganadas a punta de desaires y abusos. Las Torres del Centro Petrolero nos alojaban como una camada de muchachos hambrientos tras la belleza juliana en todo sentido, y todo era nuevo para este recién llegado.  

Apenas establecido en medio de la anarquía característica del lugar, ya frecuentaba espacios recónditos y en muchos casos, inéditos para algunos naturales de esta Capital tan querida y maltratada. A la hora del almuerzo, bajaba como otro hijo de esta grey devota, al caos maravilloso de las Playitas – equivalente a la lonja de cualquier ciudad costera – para iniciar mi exploración etno gastronómica con capítulos dedicados a los productos favoritos de los marabinos. Una tarea a la que me dediqué de corazón y estómago por varios años que hoy extraño.

Sean tequeños, pastelitos, tostadas peladas, lisa rellena o chirrinche, me dediqué a conocer la gama de productos que hacen a sus habitantes tan felices, incluso bajo un sol que derrite a cualquier visitante desprevenido. Y para la cena, las opciones eran de primera desde lugares de lujo como el Hotel del Lago, hasta la Casita al pie del Puente, donde se comía igualito que en Beirut.

Un día visité el famoso mercado de las Chinas, donde la artesanía de las Indias Guajiras brillaba reverberante con colores intensos en tapices de colección. Caminar los pasillos del mercado era una experiencia capaz de impresionar a cualquier visitante.

Mi interés en ese momento era comprar tapices para colocarlos por Internet – incipiente para la época – en mercados virtuales mucho antes de Amazon. Me acerqué a la Guajira echada en un chinchorro de un puesto repleto de mercancía, y luego de saludarle en su cómoda posición, me dediqué a hablarle acerca de mi propósito.

Al cabo de algunos minutos de una elocuente descripción del lugar virtual con las garantías debidas sobre fundamentos de comercio sustentable, ella me miró con sus ojos achinados profundamente negros y desde esa profundidad, me dijo sin inmutarse – 

Qué cosa tan parecida a Internet.

Gustavo Pisani

Richmond, Enero 13, 2019

#cosasdeinternet

Cuentos de Cada Semana – CCS – # 1

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Lucubraciones

Elucubrábamos como de costumbre, mientras recorríamos el infinito universo que partía del Gran Café sin final conocido hasta ahora, en aquel año de 1974 en la gran Capital, cuando era fácil entender la aguda profundidad de los argumentos interminables en el que nos engarzábamos durante días, hasta que el siguiente examen feral nos hiciera reconsiderar nuestras prioridades seriamente. 

Estos domadores de Integrales con vocación suicida – de cuyas heridas aún adolecemos sin poder quejarnos en público – magos incipientes de la Geometría Descriptiva en espera de una epifanía espacial y estudiantes del Ciclo Básico de Ingeniería, se encontraban en la etapa de la vida cuando se define la capacidad de enfrentar los 30 0 40 molinos de viento como los del Campo de Montiel, pero sin escudero para advertir la profunda insania.

Con la esquina de la puñalada a nuestra espalda, vimos una minúscula sala de exposición, ubicada en la esquina opuesta al famoso edificio de la Savoy, donde Julio Pacheco Rivas exponía su mítica serie de Lucubraciones. Sin un fin preciso nos adentramos a ese mundo perdido tan similar a nuestra experiencia universitaria, y entre composiciones abstractas similares a hojas de papel sin līmite (otra referencia gratuita al Cálculo) el artista se presentó sin mucha esperanza de colocar su obra de reciente creación entre estos pobres estudiantes. Lo de pobre por el sufrimiento auto infringido para el momento, así como por lo que nos esperaba durante el resto de los estudios. La química orgánica de algunos semestres más adelante, falló en su determinado intento de castración pero dejo secuelas en los aromáticos.

Con un entusiasmo sorprendente este pintor joven nos describió su mundo, la capacidad de representación de su obra y especialmente, para estos futuros ingenieros, la transfiguración de ésta en pura energía. Nos quedamos unos minutos digiriendo la explicación y luego de confirmar los conceptos artísticos, nos despedimos estrechando l manos y salimos convencidos que estudiar mata.

La noche nos consiguió divagando acerca de la intersección de disciplinas dispares y sus inesperados resultados.

El silogismo resultante es que no todos los ingenieros son artistas, pero algunos artistas son ingenieros.

Gustavo Pisani

Richmond, Enero 6, 2019

Etno gastrónomo por vacación – Luminaria a la Italiana

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LaLorenSofía nos mira como una luminaria desde su marco de diva, mientras nos dedicamos a honrar nuestro apellido ante una pizza fuera de la carta, seguramente otro motivo de satisfacción de mi árbol genealógico, bajo la sombra de Omero de acuerdo a la ultima revisión.

Gracias a la complicidad del camarero, tomamos posición en la mejor mesa del local, alumbrados por la gracia de esta romana tan universal y comparable con el Coliseo en su condición de monumento.

Como todo hogar, lo primero que te asalta es ese olor que te abraza sin esperarlo apenas cruzas la puerta, adueñándose de tu imaginación donde todo apunta a una experiencia memorable, al igual que cada visita a la mesa donde honren la tradición más importante de estos tiempos procelosos – la comida lenta.

Con énfasis en el disfrute ante la conveniencia, uno debe estar preparado para aceptar el compromiso de olvidarse del reloj y entablar la conversación que sirve como el mejor aderezo de cualquier comida. Redes sociales apartes, es posible rescatar la esencia de la alimentación, donde la prisa no tiene cabida en virtud de la misión encargada de asegurar el disfrute de compartir el tiempo – ese recurso que se escapa si lo apresuramos – con las personas importantes de nuestra vida, como Loly y la Loren.

Loly eligió bien, en su asertividad característica, abriendo con unos camarones salteados con un jardín completo, donde destacaba el ajo, tomate cereza y otras esencias de un océano profundo en texturas. Luego se enfrentó a una pizza con jamón – donde destacó el peperoni entre las ondulaciones crujientes de una delicada base de acuerdo a sus deseos.

En mi caso, luego de escuchar las recomendaciones del Camarero, me ocupé de las opciones – generalmente ocultas – de la carta. Al escuchar el nombre Testa rossa con la que una pizza fue bautizada en esta casa de sabores, supe a que atenerme.

Al igual que la joya de 12 cilindros que la Ferrari sacó al mercado hace 30 años, sólo era necesario dejarse llevar por las emociones, para disfrutar del diseño al servicio de la pasión, en este caso por la buena comida. Ante el dilema de la comida lenta frente a un plato capaz de ser relacionado con unos 300 kilómetros por hora, abordé una entrada de coliflor al vapor con crema, seguido de una porción pequeña de sopa de lentejas capaz de impulsarme en esta gélida primavera de Houston.

Entonces apareció ante mi esta pieza de la gastronomía italiana, donde se combinaba la técnica, capaz de elevar la masa a alturas donde el sabor cambia de nombre, con el arte donde un embutido tan sencillo como la Coppa, marida con la mozzarella y la salsa de tomate bajo sacramento salido del horno a nuestras espaldas.

Lo que una la buena comida que no lo separe el hambre.

Gustavo Pisani, Richmond, abril 7 de 2018

Pizzeria Solario, 3333 Weslayan St #100, Houston, TX 77027

Written by gpisanic

07/04/2018 at 8:43 PM

Etno gastrónomo por vacación – Palestina

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Palestina

Las papilas gustativas te harán libre, al igual que la verdad, porque es posible viajar con ellas a lugares a los cuales quizás nunca llegues a visitar en tu vida, y la mejor manera de hacerlo es gracias a festivales culturales de países lejanos que suceden en tu ciudad.

Houston disfruta de una gran diversidad étnica la cual permite navegar a lo largo y ancho de sus sabores durante casi cualquier temporada del año. Apenas la primavera se llena de flores, cada fin de semana ofrece una serie de eventos que permiten visitar el mundo sin salir del país.

Palestina ofreció su 8vo. Festival Cultural celebrado en Houston durante el fin de semana del 24 al 25 de Marzo del 2018.

Loly y yo nos encontrábamos esperando nuestro Kebab entre el humo de los carbones, como si se tratara de una tormenta de arena, cuando detrás de una ráfaga de viento apareció un afanoso dependiente que venía de los postres, extendiendo hacia nosotros un dulce de apariencia espectacular en un acto de cortesía dispuesto a ofrecer un presente a estos visitantes del trópico. No era el primer obsequio ni la primera sonrisa que habíamos recibido para ese momento, en el mar exultante en el cual nos sumergimos durante la visita a una cultura que siempre ha estado allí.

Probar el Knaffe y entender la magnitud de las bondades que el paraíso nos ofrece ocurrieron de manera simultánea, como si toda mi vida hubiese esperado sorpresas de esta magnitud. Una bandeja que se mantiene atemperada, combina una base de queso cuyas hilachas se extienden al infinito cada vez que se cortan las porciones, adornado con hebras de masa de hojaldre similares a cabellos de angel, tocado con pistacho y bañado con sirope de flores de la naranja. Mas que por su textura combinada de una masa fundida sometida a las ardientes arenas del desierto, acompañado del crujir de la pasta tostada al sol y aromatizado con el nectar exquisito que exuda encanto cítrico desde el oasis, este plato es un tributo a la cultura nómada y su permanente necesidad de cambiar de paisaje. Esta ofrenda que se presenta luego de haber compartido el sagrado acto de alimentarse, debe consumirse antes de levanter la tienda en su itinerario sin fin. El nomadismo se encuentra en vías de extinción pero la marca que van dejando en los caminos persiste, como el Halloumi antes de fundirse en un abrazo.

Dejado el Vaclava en el merecido lugar que le corresponde en la historia del sabor, este apasionante mundo de texturas y emociones del medio oriente se abre sonrisa mediante a los exploradores que se atreven a levantar el velo de su historia entre el temor y la curiosidad. Caminando entre canciones, bailes y hijabs, nos sentimos en cualquier época de Damasco – celulares aparte – donde la gente se desliza como la arena entre dunas con una energía electrizante en una trashumancia sin fin. Limonada de menta tan verde como esmeraldas que resplandecían desde lejos, pitas, kebabs y demás se abrían paso entre una multitude orgullosa de su origen, con rasgos de emires y princesas de cualquiera de las mil y una noches.

La Epifanía del momento se completaba con la reverberante cacofonía de Zaghareets que en un eco histórico resonaban por encima de los rascacielos de la Calle Lousiana  alrededor de esta tribu del desierto que lucha por sus derechos. El contraste entre las torres de vidrio y la fuerza primal de sus gritos de felicidad refrendaba esa cultura que nos hace humanos.

Se puede conocer el mundo con sólo abrir la boca y atreverse a probar nuevos sabores.

Gustavo Pisani, Marzo 26, 2018

8vo. Festival Palestina,

24 y 25 de Marzo, 2018.

600 Lousiana St., Houston, Texas

Un camino a la vez

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IMG_8332

Mi madre siempre recordaba que cuando me parió vio las estrellas. Metáfora aparte comprendí su sentimiento luego del primer baño estelar bajo las lágrimas de San Lorenzo celebrando uno de mis cumpleaños, cuando lloré sobre esas historias. A partir de entonces siempre busqué el significado adicional de las palabras y terminé escribiéndolas en sentido figurado.

Una vida más tarde, camino a Santiago desde Padrón la llevo junto a mi hija, y en silencio partimos antes de los gallos a la última etapa de esta aventura medieval emprendida en su honor.

Aprendí lo importante de ser consecuente y mantener la palabra y el esfuerzo hasta el final, mientras crecía bajo el ejemplo de su esfuerzo en criar dos personas de bien. Una madre sola es capaz de hacer milagros – me consta.

Hasta que nos alcanzaron los primeros peregrinos una hora más tarde, marchamos a la vera de las vías del tren impulsados más por la fe que las señales ausentes. Muchos tramos del camino dependían exclusivamente de la fortaleza interna, mientras aprendíamos a leer las señales de la ruta. Otros habían recorrido lo mismo y hasta el próximo crucero dependían de sí mismos y del crucificado indicando el sentido a la dispensa y la Compostelana.

Cuántas veces abandonamos nuestras luchas por cansancio, cuando se trata de resistir hasta lo último por duro que parezca. Me formaron de manera estoica, hoy más que nunca agradezco la importancia de esos valores que impulsan este cuerpo cansado a seguir adelante en medio de la desesperanza, buscando las señales que permiten mantener el rumbo.

Llevo conmigo recuerdos que se imponen sobre los dolores y las ampollas, hace kilómetros dejé el cansancio y ahora me impulsa esta determinación de completar el camino para honrar mis deudos y su memoria.

La tumba de los grandes hombres es la tierra entera dijo Pericles hace 2.000 años, hoy la juventud Venezolana que tiñó el pavimento con sangre libre le hace honor a ese discurso funerario. Los llevé conmigo todo el camino porque son mis deudos también y por ellos ni llegué a pensar en abandonarlos – como buen estoico – completando la tarea hasta el final.

Gustavum Henricum

Richmond, Agosto 13, 2017

Camino de Santiago, Camino Portugués, A Lisboa voy

Written by gpisanic

12/08/2017 at 9:22 PM

Náufrago afortunado

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Portada Naufrago Registro-01

Escribí el Náufrago del Lago de Maracaibo hace una generación, mucho antes de la sensibilidad por el ambiente natural que se forjó en la encíclica verde del Papa Francisco, impulsada por la amenaza cierta de una catástrofe global a consecuencia del cambio climático. En mi caso bastó mirar alrededor cada vez que me embarcaba hacia la Bahía El Tablazo desde El Milagro, cuando trabajaba en la industria petroquímica del Zulia en la década brillante de los años 80.

El Lago de Maracaibo era de agua dulce, y no alcanzo a imaginarme su belleza original cuando aún hoy deslumbran sus costas por Alturitas o el Sur del Lago. Es necesario reconocer la pérdida de esta maravilla natural, y con ese inventario de faltantes establecer una referencia para recuperar algo de su majestuosidad imponente así como de la flora y fauna, la cual incluye delfines (Sotalia fluviatilis o guianensis).

Durante ese fascinante período he sido testigo de transformaciones sociales inesperadas no sólo en mi país sino en este mundo convulso, que hablan de la capacidad de superación que la humanidad hace suya cuando todo luce más oscuro – porque la supervivencia como mandato de especie no es opcional. En cada salto generacional se gana o se pierde algo, nuestra tarea como intérpretes de esa transición es impedir que se quede algo en el camino hacia el futuro. Pero cómo saberlo?

No hay que ser náufrago para entenderlo; quién no ha dejado atrás la comodidad alguna vez en su vida para embarcarse en aventuras que concluyen en islas solitarias? De ella saldremos gracias a la determinación y al empeño, sin esperar inertes por la misión de rescate. Al final es una decisión la que nos salva o condena, lo importante parece ser cuán consecuente se ha sido con el hecho de haberla tomado.

La interpretación de estos cambios me ha permitido capturar aventuras que hoy se encuentran frente al lector en esta larga antología, imaginación que irrumpe a mi paso mientras puedo ver al mundo en un grano de arena.

La lección aprendida es la de siempre, cada día hay una historia que aprender y se perdería de no prestarle la debida atención, así provenga del marullo del lago, de un cementerio minero, relatos de Guanipa o de la maleta marrón que nuestros abuelos trajeron consigo en su aventura trasatlántica.

 

Gustavo Pisani, Richmond, Enero 1, 2016

Visita la jungla y salva al náufrago en Amazon mientras disfrutas del diseño de Krystel Trejo.

Written by gpisanic

14/01/2016 at 8:38 AM

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