Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Archive for the ‘Ciencia Ficcion’ Category

Cuentos de Cada Semana – CCS Semana 2 Cosas de Internet

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No me había acostumbrado al resplandor inclemente del Milagro en esa Maracaibo de principios de los 80, cuando los escombros del Saladillo se mostraban sin orgullo, como otra herida más de las tantas infringidas desde la Capital, de tantas gaitas ganadas a punta de desaires y abusos. Las Torres del Centro Petrolero nos alojaban como una camada de muchachos hambrientos tras la belleza juliana en todo sentido, y todo era nuevo para este recién llegado.  

Apenas establecido en medio de la anarquía característica del lugar, ya frecuentaba espacios recónditos y en muchos casos, inéditos para algunos naturales de esta Capital tan querida y maltratada. A la hora del almuerzo, bajaba como otro hijo de esta grey devota, al caos maravilloso de las Playitas – equivalente a la lonja de cualquier ciudad costera – para iniciar mi exploración etno gastronómica con capítulos dedicados a los productos favoritos de los marabinos. Una tarea a la que me dediqué de corazón y estómago por varios años que hoy extraño.

Sean tequeños, pastelitos, tostadas peladas, lisa rellena o chirrinche, me dediqué a conocer la gama de productos que hacen a sus habitantes tan felices, incluso bajo un sol que derrite a cualquier visitante desprevenido. Y para la cena, las opciones eran de primera desde lugares de lujo como el Hotel del Lago, hasta la Casita al pie del Puente, donde se comía igualito que en Beirut.

Un día visité el famoso mercado de las Chinas, donde la artesanía de las Indias Guajiras brillaba reverberante con colores intensos en tapices de colección. Caminar los pasillos del mercado era una experiencia capaz de impresionar a cualquier visitante.

Mi interés en ese momento era comprar tapices para colocarlos por Internet – incipiente para la época – en mercados virtuales mucho antes de Amazon. Me acerqué a la Guajira echada en un chinchorro de un puesto repleto de mercancía, y luego de saludarle en su cómoda posición, me dediqué a hablarle acerca de mi propósito.

Al cabo de algunos minutos de una elocuente descripción del lugar virtual con las garantías debidas sobre fundamentos de comercio sustentable, ella me miró con sus ojos achinados profundamente negros y desde esa profundidad, me dijo sin inmutarse – 

Qué cosa tan parecida a Internet.

Gustavo Pisani

Richmond, Enero 13, 2019

#cosasdeinternet

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Cuentos de Cada Semana – CCS – # 1

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Lucubraciones

Elucubrábamos como de costumbre, mientras recorríamos el infinito universo que partía del Gran Café sin final conocido hasta ahora, en aquel año de 1974 en la gran Capital, cuando era fácil entender la aguda profundidad de los argumentos interminables en el que nos engarzábamos durante días, hasta que el siguiente examen feral nos hiciera reconsiderar nuestras prioridades seriamente. 

Estos domadores de Integrales con vocación suicida – de cuyas heridas aún adolecemos sin poder quejarnos en público – magos incipientes de la Geometría Descriptiva en espera de una epifanía espacial y estudiantes del Ciclo Básico de Ingeniería, se encontraban en la etapa de la vida cuando se define la capacidad de enfrentar los 30 0 40 molinos de viento como los del Campo de Montiel, pero sin escudero para advertir la profunda insania.

Con la esquina de la puñalada a nuestra espalda, vimos una minúscula sala de exposición, ubicada en la esquina opuesta al famoso edificio de la Savoy, donde Julio Pacheco Rivas exponía su mítica serie de Lucubraciones. Sin un fin preciso nos adentramos a ese mundo perdido tan similar a nuestra experiencia universitaria, y entre composiciones abstractas similares a hojas de papel sin līmite (otra referencia gratuita al Cálculo) el artista se presentó sin mucha esperanza de colocar su obra de reciente creación entre estos pobres estudiantes. Lo de pobre por el sufrimiento auto infringido para el momento, así como por lo que nos esperaba durante el resto de los estudios. La química orgánica de algunos semestres más adelante, falló en su determinado intento de castración pero dejo secuelas en los aromáticos.

Con un entusiasmo sorprendente este pintor joven nos describió su mundo, la capacidad de representación de su obra y especialmente, para estos futuros ingenieros, la transfiguración de ésta en pura energía. Nos quedamos unos minutos digiriendo la explicación y luego de confirmar los conceptos artísticos, nos despedimos estrechando l manos y salimos convencidos que estudiar mata.

La noche nos consiguió divagando acerca de la intersección de disciplinas dispares y sus inesperados resultados.

El silogismo resultante es que no todos los ingenieros son artistas, pero algunos artistas son ingenieros.

Gustavo Pisani

Richmond, Enero 6, 2019

Cuentos de Cada Semana – CCS – Semana 1

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Lucubraciones

Elucubrábamos como de costumbre, mientras recorríamos el infinito universo que partía del Gran Café sin final conocido hasta ahora, en aquel año de 1974 en la gran Capital, cuando era fácil entender la aguda profundidad de los argumentos interminables en el que nos engarzábamos durante días, hasta que el siguiente examen feral nos hiciera reconsiderar nuestras prioridades seriamente. 

Estos domadores de Integrales con vocación suicida – de cuyas heridas aún adolecemos sin poder quejarnos en público – magos incipientes de la Geometría Descriptiva en espera de una epifanía espacial y estudiantes del Ciclo Básico de Ingeniería, se encontraban en la etapa de la vida cuando se define la capacidad de enfrentar los 30 0 40 molinos de viento como los del Campo de Montiel, pero sin escudero para advertir la profunda insania.

Con la esquina de la puñalada a nuestra espalda, vimos una minúscula sala de exposición, ubicada en la esquina opuesta al famoso edificio de la Savoy, donde Julio Pacheco Rivas exponía su mítica serie de Lucubraciones. Sin un fin preciso nos adentramos a ese mundo perdido tan similar a nuestra experiencia universitaria, y entre composiciones abstractas similares a hojas de papel sin līmite (otra referencia gratuita al Cálculo) el artista se presentó sin mucha esperanza de colocar su obra de reciente creación entre estos pobres estudiantes. Lo de pobre por el sufrimiento auto infringido para el momento, así como por lo que nos esperaba durante el resto de los estudios. La química orgánica de algunos semestres más adelante, falló en su determinado intento de castración pero dejo secuelas en los aromáticos.

Con un entusiasmo sorprendente este pintor joven nos describió su mundo, la capacidad de representación de su obra y especialmente, para estos futuros ingenieros, la transfiguración de ésta en pura energía. Nos quedamos unos minutos digiriendo la explicación y luego de confirmar los conceptos artísticos, nos despedimos estrechando  manos y salimos convencidos que estudiar mata.

La noche nos consiguió divagando acerca de la intersección de disciplinas dispares y sus inesperados resultados.

El silogismo resultante es que no todos los ingenieros son artistas, pero algunos artistas son ingenieros.

Gustavo Pisani

Richmond, Enero 6, 2019

La maleta inútil – Isla flotante

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Atardecer de Peki

The traveling freckle

El atardecer llegaba como de costumbre en esta nación donde se vivía trashumando sin parar, navegando por derrota a barlovento, con los últimos rayos rasgando el cielo mientras la brisa refresca la playa con aromas naturales sujetos a la temporada. Cada puesta de sol era única y a manera de rito, reunidos hacia el poniente, apreciaban inmersos en un respeto sobrecogedor, cómo los matices se multiplicaban en colores desconocidos para estos espectadores privilegiados. Sostenían el aliento sin advertirlo, mientras el espectáculo seguía tanto como la naturaleza lo permitía en medio de una emoción indescriptible. Era como rodar la silla para seguir disfrutando del horizonte en un planeta pequeño, prolongando el éxtasis hasta el cansancio.

Era cuando los viejos lloraban diariamente de emoción y las lágrimas explotaban los rayos de luz en sus ojos que creían haber visto lo suficiente. Estrellas brillantes terminaban rodando por esas arrugas acostumbradas a ver pasar lo que la vida les había ofrecido, mientras los jóvenes terminaban abrumados de tanta belleza sin palabras capaces de describir el espectáculo. Si el mundo se acabara cada día al poniente, ésta era la mejor manera de honrar la oportunidad de haber vivido, como si se tratara del último ocaso desde el fin de la tierra.

Llegada la hora de dormir, la isla se sumía en un estado de suspensión arrullado por los cantos de ballenas, en cuya compañía recorrían la corriente del golfo sin esfuerzo. Las tonadas les resultaban conocidas, provenientes de viejas compañeras, en esta aventura que recién se iniciaba por el resto de sus vidas. Es que la política original de la isla, cuando se encontraba fija en su lugar en la tierra era respetar el ambiente por sobre todas las cosas materiales. En sus playas anidaban las tortugas más grandes, las cuales no olvidaban el buen trato y el cuidado de sus crías, mientras las costas bullían de las danzas de apareamiento de los cetáceos más grandes del planeta. El santuario en el cual convirtieron su isla había soltado sus amarras para convertirse en otra criatura en busca de su rumbo en este mundo, y en esa aventura sus antiguos visitantes se habían convertido ahora en compañeros de viaje, durante la interminable migración anual tras alimentos, para perpetuarse como especie y de paso, adornar el paisaje sin proponérselo.

A esa altura, los isleños con esa sabiduría que les caracteriza habían desechado sus maletas, porque habían aprendido de sus vecinos de aventura que era posible viajar con la casa a cuestas, cantando para animarse en el camino. La vida en la isla era una vacación permanente.

Gustavum Henricum

Richmond, 20 Septiembre, 2017

Nieve amarilla – La isla flotante

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Los habitantes no podían creer que al cabo de los eventos terribles causados por la fuerza de la naturaleza, se había salvado su terruño – lo más preciado – y ahora viajaban flotando tras el paso de ese huracán histórico, que les arrancó de su ubicación natural desde que la tierra es tierra. El horizonte cambiaba cada día y con él los atardeceres, mientras islas vecinas aglomeraban poblaciones enteras a verlos pasar con viento favorable, saludando y deseándoles buen viaje !.

Durante ese período especial muchos isleños celebraban esta nueva forma de vida con su acostumbrado son caribe, pero algunos sofistas se daban a la tarea de establecer el régimen internacional adecuado a un territorio soberano que se desplazaba con el viento, pero la ausencia de antecedentes lo hacía más difícil. No había un modelo capaz de responder a los conceptos jurídicos relativos al territorio nacional, fronteras, nacionalidad y seguridad. Ni hablar de espacio aéreo o de área marítima de influencia.

Jose Pino como de costumbre se dedicaba a resolver problemas que nadie le consultaba, y para ello construía los mecanismos capaces de establecer el rumbo a lo que era una isla hasta algunos días atrás, para dirigirla a buen puerto. No podían seguir a la deriva como objeto flotante – una clasificación temporal que les permitió identificar su condición perentoria – mientras las organizaciones internacionales terminaban de entender y normalizar la situación.

El gobierno asomó la necesidad de volver a su lugar de origen, anclarse hasta la próxima temporada de huracanes y celebrar la fortuna de seguir felices y saludables, para continuar con la vida al igual que lo habían hecho hasta el momento de la partida.

Sin embargo no todos estaban de acuerdo en retomar sus coordenadas originales, los efectos del calentamiento global amenazaban todas las costas por igual y era cuestión de tiempo que su patria terminara bajo las aguas. La conseja popular recordó el sufrimiento que cada año se hacía más profundo ante la violencia creciente de los eventos meteorológicos – se dirigían en masa de hinojos a las catedrales para elevar oraciones desesperadas de último momento rogando a Dios por un destino mejor al de ser devastado por vientos que los dejaba sordos o ahogados por olas que rompían sobre el techos de sus casas.

Entonces se estableció una votación para decidir mediante referendo entre dos opciones principales, retornar al destino geográfico original donde anclarse o por el contrario convertirse en una nación nómada, manteniendo su independencia y sometida a los elementos de modo de continuar una jornada alrededor de los siete mares.

Para nadie resultó una sorpresa que la mayoría decidiera por la opción de una nación viajera, convirtiéndose así en la primera capaz de bordear la plataforma continental de los países, y disfrutar desde sus playas las bellezas de sus vecinos del globo. No sería necesario ningún trámite migratorio para sus habitantes al momento de visitar cualquier lugar del mundo donde atracarían como vecinos, mientras el turismo itinerante clamaba por aceptar planes diseñados especialmente para este nuevo concepto de aventura y descanso.

Una línea de cruceros incluso les propuso arrearlos durante su recorrido para que sus pasajeros alternaran entre tierra “firme” y sus camarotes. No dejaban de sorprenderse por el impacto mundial que su estatus inédito causaba desde la Naciones Unidas hasta sus antiguos vecinos del Mar Caribe quienes suspiraban bajo la destrucción del último evento climático.

Dominada la fuerza del viento y las corrientes marinas, con un sistema político de transición mientras el estatus de itinerante les era reconocido por derecho propio, se dedicaron a perfeccionar las artes de viajar con la casa a cuestas. Las vacaciones tomaron un sentido nuevo al asomarse por la ventana y descubrir un paisaje diferente cada día, la cultura se enriqueció del mismo modo al conocer por cuenta propia las maravillas de un mundo antes lejano, y los visitantes no dejaban de llegar por embarcaciones ligeras para maravillarse de esta mundo portátil.

Aún no se había restablecido el tráfico aéreo y las organizaciones de control de vuelo internacionales no lograban establecer mecanismos adecuados a una pista de aterrizaje en movimiento. Los vuelos de helicópteros se encontraban reservados para emergencias y misiones oficiales.

Así sucedieron las estaciones del hemisferio norte donde se encontraban navegando con su isla a cuestas, cuando una mañana los sorprendió el paisaje de su pequeña cadena montañosa del interior que originalmente se encontraba al Norte del territorio. Los picos amanecieron cubiertos de una brillante capa amarilla hasta la mitad de sus laderas, deslumbraba bajo el sol intenso y causaba un sentimiento de recogimiento por el impacto de la belleza que la naturaleza era capaz de brindarles a estos peregrinos del mundo. Como era natural, Jose Pino se acercó con cautela al punto más cercano a este velo sedoso y al tocarla con mucho cuidado, quedó tan maravillado que dejó de hablar desde ese momento. Enmudecido regresó con lágrimas en los ojos y abriéndose paso entre la multitud quien le interrogaba con la mirada, llegó a su casa echándose en la hamaca convulsionando por la risa o por el llanto. Del gobierno central enviaron una comisión a establecer las causas de su comportamiento inesperado, y por toda respuesta sacó un brazo del borde de su lecho, estiró el dedo teñido de amarillo hacia la montaña y sobre su falange desplegó las alas la mariposa más bella que habían conocido jamás. Remontó su vuelo a impulsos del viento leve y se dirigió a la montaña para reunirse con su especie – donde se habían refugiado en su migración anual en busca de un lugar donde descansar.

Gustavum Henricum

Richmond, Septiembre 18, 2017

Rosario de cocos

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Apenas el  alba se anunciaba Jose Pino se dirigía de regreso a su cuarto con los ojos llenos de ideas y las manos cargadas de piezas recuperadas de la playa que acariciaba el zaguán de su casa, era otro día más en el taller donde dormía mientras soñaba con lo que el mar le iba a regalar sin mezquindad en este paraíso tropical.

Como de costumbre apiló los trastos y se dispuso a clasificarlos según un rito que seguía estrictamente la costumbre de los años dedicados a la creación, sin repetir o desechar una idea por peregrina que esta fuera, hasta alcanzar el último suspiro de su visión que descansaba sobre algodones impregnados de endorfina.

Su compañera de vida – la que actualmente le soportaba sus excentricidades – se despertaba con el sol bien alto y se acercaba con un cuenco humeante de café en las manos que compartía con su loco, como le encantaba decirle, durante todos estos años luego de encontrarse en una jornada de limpieza de playas, de esta isla caribeña tan orgullosa del respeto por el entorno natural.

Se había dedicado últimamente a reformular conceptos enteros, basado en las piezas que las olas le arrimaban. De una puerta construía una mesa con mirilla hacia las ideas asomadas a ese espacio de creación, si se encontraba una red de pesca, las convertía en móviles con conchas marinas que capturaban los ritmos del barlovento al caer la tarde. Era un artista de la supervivencia dedicado a rescatar lo que el mundo se empeñaba en desechar.

Una de sus últimas creaciones era un flotador construido con cocos, partiendo de un collar o cinturón atado por fibras naturales de la planta, el cual había evolucionado a una pequeña embarcación capaz de flotar bajo cargas livianas. Pero seguía probando con redes de mayor extensión capaces de mantener juntos esos frutos por más tiempo, para alcanzar autonomías de rangos inesperados para embarcaciones naturales.

Como cada año por esta época llegó la temporada de huracanes y elevando su vista al cielo se percató que los eventos meteorológicas en esta ocasión no tendrían precedentes. Se encerró por días enteros apenas tomando alimento, mientras desarrollaba sin descanso la solución que nadie le había encargado, pero Jose era de esas personas que no necesitaban más que su inspiración para dedicarse sin descanso a perseguir sus sueños.

La tormenta tropical le sorprendió trabajando la solución a medianoche, mientras trataba de resolver detalles de integridad de su creación autóctona. La violencia finalmente tocó las costas el 13 de Agosto a las 7:31 AM y a partir de ese momento se perdió la comunicación con el mundo exterior debido a los efectos devastadores causados por vientos que no alcanzaban a escucharse, o por olas cuyas crestas llegaban a la azotea de los edificios de mayor altura, asolando la infraestructura de esta nación insular. Por días el mundo no supo de sus habitantes, pero apenas disipadas las turbulencias, bajo el humo y la neblina que anunciaba una desolación total, no apareció nada. La isla desapareció como si se la hubiera tragado el mar en su furia sin límites, por causas atribuibles a la carga térmica emitidas hacia la atmósfera con consecuencias tan previsibles como devastadoras.

Se iniciaron las exequias masivas, las islas vecinas aún bajo el impacto de sus propias pérdidas, colaboraron con los actos y las oraciones elevadas por las almas perdidas bajo el rigor de la naturaleza. No pudieron fijar un sitio para elevar el monumento correspondiente, ni lograron cremar restos de víctimas cuyos cuerpos nunca flotaron en ese mar picado que amenazaba este mundo tropical, acostumbrado a no preocuparse ante las sorpresas que a veces guarda la vida incluso en estas zonas tórridas.

Al poco tiempo – ya casi olvidada la historia de la isla sepultada por la tormenta del siglo – un crucero en su ruta hacia el Golfo de Méjico divisó a un objeto inesperado y ajeno a las cartas marítimas para esa ubicación. Con palabras cortadas por la sorpresa, el experimentado capitán sólo pudo rescatar para la Guardia Costera que se trataba de una embarcación masiva dotada de una frondosidad extraordinaria en lugar del velamen, la cual parecía flotar sobre cocos, mientras se dirigía al Este con viento favorable.

Gustavum Henricum

Richmond, 14 de Septiembre, 2017

La gran llama – Inextinguible

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Continuación – Merengada ósea

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Cuero templado

La llama se inició de manera previsible como una deflagración accidental que apenas salvó la distancia entre la paja seca impulsada por vientos de cambio, hasta convertirse en lenguas hambrientas abrasando todo a su paso. Pronto la extensión del fuego cubría zonas enteras dadas por perdidas durante la crisis económica de la que no se han terminado de librarse aún, para enterrar de nuevo las esperanzas de bienestar posible. La sequía del alma se extendió por la región hasta convertirla en un erial.

La combinación nefasta de indolencia y condiciones climatológicas extremas, colocó la guinda en zonas desahuciadas bajo lo que parecía ser un sepulcro gris y eterno. Las consecuencias de la tragedia dejaron de contabilizarse públicamente, cuando un pueblo completo quedo sitiado por un cerco ígneo. Era como si volaran las llamas – dijeron los bomberos en estado de conmoción, al igual que el resto de la nación incapaz de asumir en su dramática dimensión esta pérdida de vecindades completas. Quedaron reducidos a cenizas que el viento arrastra por el resto del país, para relatar con su presencia y olor la historia terrible de una calamidad impensable e indetenible.

Las fuerzas coordinadas bajo un comando de seguridad nacional, se activó para confinar en lo posible las perdidas y mantener el control de una sociedad que crecía intranquila ante lo irremisible dela naturaleza. Los recursos se encontraban comprometidos, y la ayuda internacional se debatía en atender situaciones similares en sus propias naciones. Era un incendio global, pero nadie se atrevía a declararlo.

Zonas de guerra, toque de queda y estado de sitio se establecieron en la mayor parte de un territorio arrasado por la indolencia, el fuego completó el trabajo que los ciudadanos iniciaron por la omisión de sus tareas. El modelo político de abandono, engaño y degradación del poder solo trajo como consecuencia la perdida moral y física de la república.

Bajo el humo que ocultaba al sol, el panadero llamó a la decencia, al trabajo y a la convivencia;  elementos que habían sido desechados por el llamado irresponsable de los populistas que ahora intentaban explotar políticamente la miseria, si a eso se puede denominar  política.

Su grito desesperado no levantó de inmediato a las fuerzas vivas, la reserva moral o a la juventud que se salvó de las ejecuciones sumarias, todos tratando de sobrevivir por su cuenta. Hasta que una tarde mientras el humo quemaba las gargantas de todos, la abuela más querida por todos pidió que la llevaran a la plaza central e invitó a sus vecinos para una reunión a las 5 de la tarde.

Entre nubes vespertinas se encontraron los ancianos del lugar, se vieron como lo han hecho toda la vida, respetuosamente, y de manera puntual la Abuela se paró de su silla. Con su voz senil pero decidida le  pidió al pueblo que era hora del rescate de los valores sobre los que se erigió esta sociedad más grande que sus políticos. Habló de la convivencia, la colaboración, el ser buen vecino y dejar de lado el oportunismo y el egoísmo. Lo hizo de tal forma que gradualmente se formó una masa a su alrededor, animada a escuchar con interés las palabras sabias de edad y vida que salían de ese cuerpo frágil.

Concluyó diciendo – No podemos dejar que nos quiten lo nuestro – refiriéndose a la familia mientras colocaba tiernamente la palma de la mano en el pecho a la altura del corazón. Y el clamor espontaneo despejó las nubes que ocultaban el cielo, tan azul como siempre lo habían recordado los miembros de la tercera edad, convertidos en la reserva moral de esta comunidad  que había despertado hacia sus valores propios al cabo de una prolongada sequía moral.

Solo así se apagaría esa gran llama que hoy luce inextinguible.

Gustavo Pisani, Richmond, Julio 27, 2015

Written by gpisanic

27/07/2015 at 12:01 AM

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