Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Archive for the ‘Camino de Santiago’ Category

Como agua de Tila

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Dicen que el Camino de Santiago sigue el trazado de antiguas rutas Celta conducentes hasta el fin del mundo conocido para la civilización de entonces. Llegaba hasta la costa de la muerte, al punto denominado finisterre, o final de la tierra porque no había nada conocido mas allá excepto un mar que llenaba el horizonte sin fin. En ese punto los ritos paganos se dedicaban a ver el sol morir como una señal de esperanza, hasta que el amanecer restablecía el orden sideral y la vida de esos pueblos originales.

No es necesario recorrer esa distancia adicional desde la Catedral para reconfortarse con la humanidad durante el peregrinaje, lo mejor de ella se nos apareció muy temprano en la Ría de Ander hacia Redondela, con capa y todo.

Andrea y yo salimos de Vigo pasado el mediodía con ritmo sostenido hasta llegar a Teis, de donde seguimos luego de confirmar que la celebración del Carmen tendría lugar mas tarde mientras preparaban la iglesia. Frente a la Iglesia, Rosa nos explico entre ramos de flores que íbamos bien y pronto llegaríamos a nuestra primera parada de la ruta. Narro su origen en términos reales, emparentada con la casa de los Grimaldi  y la verdad es que su perfil era como el de Grace Kelly salvo algunas expresiones naturales de la vida. Linda historia como tantas que escuchamos durante la travesía. Como el párroco no llegaba decidimos seguir adelante en esta aventura recién iniciada y con la Ría a nuestra izquierda seguimos sin ver indicación alguna por varios kilómetros pero algunas persona consultadas confirmaron el paso de otros peregrinos en la misma ruta. Tomando esa afirmación como un estímulo caminando hasta quedarnos sin conversación, algo raro en nuestras jornadas de reencuentro luego de un largo plazo sin vernos. Algo nos decía que a pesar de seguir en la dirección correcta – a tenor de los saludos y bocinas de ciertos conductors animándonos en nuestro periplo – no lográbamos conectar los puntos de la vía. El cansancio comenzaba a posicionarse en nuestras dudas y el peso de los morrales seguía aumentando con el caer de la tarde, atribuido al ocaso del animo. Descansamos brevemente en una parada de transporte publico y seguimos mas por fe que otra cosa. El camino no aparecía ante nuestros ojos y era hora de conectar las marcas – y obtener los sellos – en pos de la Compostela.

Nos encontrábamos concentrados en el mapa al borde de la via nacional cuando como si se tratase de una aparición, llegó hasta nosotros haciendo su capa a un lado luego de apearse del coche, con una sonrisa que iluminaría el resto de la semana y se presentó como una peregrina. Su nombre es Tila, como la hierba de la infusión, y para nosotros fue un milagro para retomar una ruta cuyo desvío no atinamos a ver algunas horas atrás. Luego de las presentaciones y asegurarse de nuestras intenciones, nos llevó a bordo, desviándose de su destino y ratificando lo hermoso de las vistas cuando se realiza el recorrido apegados a las indicaciones monte arriba. Aunque no logramos ubicarlo por lo empinado de la carretera, fue muy diligente en ponerse a la orden y acercarnos al punto donde por primera vez nos encontramos una pila con su viera apuntando a nuestro destino.

A partir de entonces y consciente de nuestra condición de novatos en esta aventura de vida, no descansó durante el fin de semana en ofrecernos sus mensajes de aliento, incluso dispuesta a acompañarnos en Cesantes para el desayuno con vista al puente. Contamos con ella para nuestro próximo Camino y nos demostró muy temprano lo que constituye el espíritu de esta tarea que compartes no solo con quienes te acompañan por esa campiña gallega hasta el mismo obradoiro, sino con todos quienes llevas contigo en ese morral de recuerdos visible al Corazon. Es que hay ángeles que te protegen sin llegar a saberlo.

Tila reafirmo nuestra inquebrantable fe en esta humanidad que todos los días sale a hacer las cosas bien, mejorando su entorno hasta el mismo fin de la tierra y ayudando a quienes lo necesitan sin otra motivación que compartir una sonrisa sin esperar algo diferente.A partir de ese instante reafirmé mi creencia en el mundo y mientras ajustaba las botas para contener los pies doloridos concluí convencido que caminar nos hace más humano.

A grito franco

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Le vieron andar a impulsos mientras saltaba báculo por medio a expensas de ampollas que no dejaban ver muñones testigos del esfuerzo, a lo largo de bosques de eucaliptos que apenas atenuaban su pesar tras esa sonrisa esforzada por el paso de peregrinos mirándole con mas sorpresa que solidaridad. De noche mugía como el viento de Lorca mientras soñaba en ser cargado por sus amigos en pos de su compostelana, hasta que el amanecer le prendía recogiendo los trozos para colocar cada pie en lo que parecía una pieza por lado.

No desmayaba hasta tomar el impulso para continuar sus saltos entre sorprendidos caminantes quienes le abrían paso para favorecer su ardua tarea. Todo por la dispensa otorgada con la imagen del Apóstol – previa demostración del acto de fe y los sellos de la credencial.

La bajada le ayudaba a salvar la distancia entre cruceiros pero ante los montes que le esperaban saliendo de Cesantes se armó del valor que no le abandonaría a lo largo de su marcha épica. Ni decir de los interminables trayectos, contando el destinado a Caldas de Reis donde finalmente pudo escaldar sus plantas abrasadas por la marcha, hasta olvidarse de ellas en las termas hirvientes frente al bullón rojizo cuando tiñó las burgas para siempre. Entonces se hizo necesario curarle las quemaduras en carne viva de jirones que caían por sí solos al tratar de secar sus extremidades. Gritos insostenibles llenaban la ruta mientras las enfermeras encargadas de los primeros auxilios le vendaban lo que parecía un tuco. Se necesitaba un milagro para culminar esta misión tan elevada.

No cabía duda que había dejado su marca en todos quienes le vimos enfrentar dificultades inconcebibles, y saliendo a Padrón le llevábamos en parihuela mientras nos turnábamos para soportar la carga. Entre cuentos narraba su vida trashumante y lo que le había dejado ese sabor de aventura extrema con la cual enfrentaba sus retos. El Camino Francés, Primitivo e Inglés le eran familiares pero no contaba cómo los había culminado, aduciendo calambres en su pierna sana al ser preguntado. Dormía a ratos con una sonrisa que hablaba de su total abandono a la suerte que sus amigos le aseguraban sin espacio para las dudas o recriminaciones.

Llegamos al Monte del Gozo con él a cuestas, cuando ya muchos habían claudicado dejándonos la carga viva, donde nos concentramos en evitar mayores atrasos en nuestra misión a punto de concluir – era menester llegar a la Misa del Peregrino luego de obtener la Compostelana.

La milladoiro resultó especialmente dura al esforzarnos para mantener el balance con el sol del verano justo sobre nuestras espaldas, pero jamás bajamos el ánimo – condición fundamental del viajero. Le escuchamos roncar, hablar dormido, cantar y llorar como un alma en pena, pero durante esos actos nadie desmayó en esta misión estoica.

Cercano a la plaza obradorio al llegar a la fuente de Franco se despertó como por instinto y pidió que le acercáramos al borde, cuando haciendo de su mano un cuenco tomó agua milagrosa para esparcirla sobre sus pies.

Tomando aire y secando nuestras frentes para seguir los últimos metros hacia nuestra dispensa, resultamos sorprendidos por el fuerte impulso que tomó desde su lecho, para dejarnos atrás mientras arrancaba a correr la Ruta de Franco en dirección a la Catedral sin parar hasta la Tuna, donde cayó postrado con una mirada encendida por la fe como un manumiso recién liberado. Esto es un milagro, dijo alguien entre turistas con su vieira (pecten maximus) a cuestas, mientras continuaba sin detenerse hacia la misa de la hora sexta.

Al rodearle apenas escuchamos su voz estertorosa expresar como entre burbujas “debemos regresar a Padrón”, con tal agitación que la autoridad le asistió temiendo por su integridad y la de los múltiples curiosos a nuestro alrededor. Parecía convulsionar y sus ojos se tornaron blancos entre remezones violentos. Al recuperar finalmente el sentido sobre la camilla de la ambulancia, repitió sobre la espuma que surtía de su boca, como poseído entre gritos aterradores la razón de sus incesantes súplicas.

Había olvidado su credencial en el último albergue.

Gustavum Henricum, 18 Agosto, 2017 Richmond, TX,

Written by gpisanic

18/08/2017 at 9:20 PM

Un camino a la vez

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Mi madre siempre recordaba que cuando me parió vio las estrellas. Metáfora aparte comprendí su sentimiento luego del primer baño estelar bajo las lágrimas de San Lorenzo celebrando uno de mis cumpleaños, cuando lloré sobre esas historias. A partir de entonces siempre busqué el significado adicional de las palabras y terminé escribiéndolas en sentido figurado.

Una vida más tarde, camino a Santiago desde Padrón la llevo junto a mi hija, y en silencio partimos antes de los gallos a la última etapa de esta aventura medieval emprendida en su honor.

Aprendí lo importante de ser consecuente y mantener la palabra y el esfuerzo hasta el final, mientras crecía bajo el ejemplo de su esfuerzo en criar dos personas de bien. Una madre sola es capaz de hacer milagros – me consta.

Hasta que nos alcanzaron los primeros peregrinos una hora más tarde, marchamos a la vera de las vías del tren impulsados más por la fe que las señales ausentes. Muchos tramos del camino dependían exclusivamente de la fortaleza interna, mientras aprendíamos a leer las señales de la ruta. Otros habían recorrido lo mismo y hasta el próximo crucero dependían de sí mismos y del crucificado indicando el sentido a la dispensa y la Compostelana.

Cuántas veces abandonamos nuestras luchas por cansancio, cuando se trata de resistir hasta lo último por duro que parezca. Me formaron de manera estoica, hoy más que nunca agradezco la importancia de esos valores que impulsan este cuerpo cansado a seguir adelante en medio de la desesperanza, buscando las señales que permiten mantener el rumbo.

Llevo conmigo recuerdos que se imponen sobre los dolores y las ampollas, hace kilómetros dejé el cansancio y ahora me impulsa esta determinación de completar el camino para honrar mis deudos y su memoria.

La tumba de los grandes hombres es la tierra entera dijo Pericles hace 2.000 años, hoy la juventud Venezolana que tiñó el pavimento con sangre libre le hace honor a ese discurso funerario. Los llevé conmigo todo el camino porque son mis deudos también y por ellos ni llegué a pensar en abandonarlos – como buen estoico – completando la tarea hasta el final.

Gustavum Henricum

Richmond, Agosto 13, 2017

Camino de Santiago, Camino Portugués, A Lisboa voy

Written by gpisanic

12/08/2017 at 9:22 PM

A camino andado

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Novela en blanco

En un principio fue un paso y luego siguieron tantos que llenaron mi vida más de lo esperado, de la mano de mi hija y gente maravillosa – peregrinos – con quienes compartimos sudores y sonrisas. El Camino de Santiago extrae de cada quien lo mejor de sí y de paso lo bautiza de nuevo, ahora soy Gustavum Henricum un humilde viajero en busca del apóstol.

Pero es necesario un esfuerzo final, imposible según cualquier lógica que es sepultada por el esfuerzo que culmina frente a esa magnífica catedral luego de dejar atrás llagas, llantos y temores, mientras ganamos amigos para el resto de la vida. Es que somos más humanos al caminar y honramos los pies que nos transportan sin pedir mucho a cambio.

Frente a la página vacía y tras un profundo acto de constricción, caigo postrado más por la tarea a emprender que por los calambres tardíos que presentan su cargo a este cuerpo adormecido de tanto andar. Es el impulso que me llevó a abrazar la armadura del santo la que hoy me permite honrar el gesto de quienes nos desearon buen camino durante esta aventura medieval, la última y auténtica, de una profunda conexión espiritual a expensas del mundo exterior.

Confieso que mis peticiones han sido escuchadas, quienes sufren en Venezuela lo saben, a ellos dedico este peregrinaje mientras la justicia llega.

He culminado el Camino Portugués a Santiago de Compostela y no pienso parar hasta capturar mis impresiones de la gesta y quienes me honraron con su amistad y apoyo. A estas personas maravillosas – peregrinos – va dedicada esta obra que hoy inicio así como a mis seres queridos quienes llevé en el pensamiento durante todo el trayecto y por quienes elevé plegarias y obtuve la indulgencia.

Nos vemos en Lisboa.

Bon camiño.

Gustavum Henricum, Richmond, Agosto 7, 2017.

Written by gpisanic

07/08/2017 at 7:37 PM

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