Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

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Golfo dulce

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Golfo_Dulce

Dicen que la memoria reside en algún lugar entre el corazón y el cerebro, lo cual confirma mi tesis acerca de los sabores como recuerdos más valiosos, debido a que se generan a medio camino de ambos puntos. En realidad somos lo que comemos y hemos crecido entre platos y sabores que nunca nos abandonan, e incluso transmitimos por vía genética, cada vez que disfrutamos un plato típico de esos que nos llevan de regreso a nuestro país. Estoy hablando de los Golfeados y de Venezuela.

A esta altura de la vida no recuerdo mi primera experiencia con esa delicia criolla, pero para entonces no era necesario ir al pueblo Los Teques – lugar donde se atribuye su creación – para disfrutarlos, gracias a las panaderías locales. 

Este dulce típico se distingue porque nos envuelve cuadras antes de pisar el local, debido al aroma producto del melado de papelón. Lo pruebas en la distancia. Un alimento con dichas virtudes se asienta para siempre en tu memoria gustativa, la misma que se nutre de esas papilas que te harán libres, y no te suelta por mucho mundo que recorras.

Me dejo traicionar por los recuerdos tan caros que duelen, pero traer a esta realidad la historia de nuestros dulces es el mejor tributo que podemos hacer a quienes se dedican a mantener el país en el lugar del cual nunca se mudará.

Una masa sublime enrollada sobre si misma, se deja impregnar por el melado, ese ancestro del azúcar antes de blanquearse, con el tono de las papelonearas y el sudor de las calderas. Aquí la parte histórica de la primera industria Venezolana que ha trascendido a la fecha – el Ron – cuyas filas de Chaguaramos en los Valles del Tuy aún las tenemos presente en nuestros sueños geográficos. Ya tomaremos un sorbo de su centenario acervo.

Luego de ese dulce baño, el horno completa la tarea amalgamando el resto de las esencias únicas – clavos, anís y amor – de cuyo secreto sólo saben quienes brindan su talento junto al esfuerzo por las cosas bien hechas, para traer a esta esquina del mundo a estos Golfeados Épicos.

Pocas cosas los superan cuando recién hechos, se acompañan de una cuña de Queso de Mano, brindando la textura y el sabor perfecto para un maridaje fuera de este mundo, así sea que lo disfrutes en Houston.

Gustavo Pisani, Richmond 26 de Abril, 2018

Tuttopane, 13525 Westheimer Rd, Houston, Texas 77077

#GolfeadosEpicos #PapilasNomadas

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Neuquén

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Neuquen

Neuquén se escribe igual en cualquier sentido, lo que le califica como un palíndromo, esa curiosidad que como los gallegos no sabes si va o viene. Del mismo modo que la historia del pueblo del mismo nombre situado en el Alto Valle en la Patagonia Argentina, ha recorrido varias veces tanto en su ascenso como en sus horas menguadas de las que siempre surge, gracias a la imbatible sangre Mapuche que vino del Este. El único pueblo del nuevo mundo jamás sometido por las armas de los conquistadores.

Un río correntoso, un jesuita exorcista, el dinosaurio argentino con el mayor ego del mundo y chamanes ofreciendo sacrificios se juntaron como buenos compadres en Katy, en un restaurant que te permite visitar el fin del mundo, gracias a un chef retirado quien no deja de asombrarnos con su oficio de carnes a la brasa. El arte de los fogones, quema pero entretiene y de la ceniza se renace, a veces.

Reunidos con el deseo de celebrar la ocasión de un Sábado de lluvia, nos brindamos la excusa perfecta para sentarnos junto a una ventana recordando paisajes lejanos. Se une a esta mesa animada el Chef Juan con quien paseamos pueblos, personas y sabores de su Neuquén lejano, mientras el asado es sometido al riguroso ritual previo a su consumo. Cuentos de vidas pasadas, sabores, aventuras y encuentros aderezaron la ensalada junto con el vino, mientras la mesa se elevaba a la altura del evento dedicado a celebrar la amistad. 

No podemos esperar y rendidos ante esta muestra de arte efímero, llega entre aplausos un cuadro de diversos cortes en perfecta armonía y esmerada composición. Estamos listos para apreciar el trabajo de un maestro, cuya valuación se hará entre cortes y tragos.

Pavlov tenía razón en aquello de la respuesta condicionada al estímulo, lo que no impidió abordar el asado comenzando por los Chinchulines de una textura sorprendente entre lo externo crujiente y el relleno suave y sustancioso. En otros lugares le llamamos Chinchurria pero son igualmente divinas. Un comienzo prometedor con la pieza más elaborada y posiblemente menos comprendida de esta ofrenda de carne.

Comprometidos con la tarea enfrentamos sin complejos la Morcilla, tan untuosa como delicada, y adecuadamente tostada en su tripa que la envuelve. Resulta curioso a los extremos que lleva esta experiencia sureña y las distancias que algunos se atreven a recorrer tras la parrilla perfecta.

De entre el costillar y la piel nos llega una pieza admirable por su sabor y efecto inmediato – Matambre. Sencilla pero cumplidora, fibrosa pero sustanciosa, como la Falda, otro corte protagonista de nuestro admirado Pabellón Criollo en forma de Carne Mechada.

Finalmente me enfrento a la Tira de Asado como a un fantasma de tiempos pasados, cuando el Bife era una referencia Austral. Un corte extraordinario, con todo el carácter de la costilla – al tiempo que Loly disfruta de un pollo asado que la hace volar. Juegos de palabras.

Bife angosto, longaniza y el esperado chorizo completaron una jornada que nos transportó hacia el fin del mundo, gracias a nuestras papilas gustativas – nómadas sin descanso.

Gustavo Pisani, Etno gastronomo por vacación. Richmond,21 de Abril, 2018

Astor Cafe Bakery, 1520 S. Mason Rd., Ste A, Katy, TX 77450

http://astorcafebakery.com

Written by gpisanic

24/04/2018 at 7:56 PM

Como fideos en la sopa

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Gyaru

Millones de ojos rasgados me miran perspicazmente al desplazarme entre la multitud de mayoría oriental como otro más, con aire irreverente de personaje de animé capaz de sobrevivir ataques de todo tipo en su avance implacable. Sacudo el polvo del desdén y afirmo mi paso decidido a trascender en este escenario impensable. Gestos inéditos se exponen mediante el sobresalto de las cejas, infalibles en acusar emociones cuando flotan a ratos entre la cortina de fideos que fungen como pollinas azotadas por el rigor del viento, sobre rostros color nácar. Es la feria Japonesa de Houston.

Es la oportunidad de jóvenes entusiastas de representar al aire libre a sus héroes favoritos, incluyendo a Mario Bross o Picachu, con una sarta de variaciones intermedias entre las que destacan unicornios con vestidos color pastel. Una experiencia conmovedora y envolvente, en la cual no logras zafarte del paso de la multitud bajo el ritmo inclemente del conjunto de danza en el estrado y estruendosos tambores que terminan por anestesiar los sentidos. Una manera de vencer al enemigo al ritmo del ataque feroz, en el teatro de operaciones donde lo exuberante es la mejor manera de pasar desapercibido. Menuda contradicción en este mundo caricaturizado.

Como en un film de Kirosawa, donde el drama resulta del maquillado extremo según la tradición de la opera asiática, agravo el rostro a causa de las largas filas frente los puestos de comida y escenario de acciones estoicas de absoluta resignación, sin esperanza cierta de llegar antes de agotarse las raciones.

Un río de gente disfrazada fluye sin parar frente a mi puesto que no avanza, donde algunos lo hacen aprisa y otros sin inmutarse del resto del mundo. El mar al cual desembocan crea olas sedosas de cabello tan negro como el azabache, las cuales me van cubriendo ahogado por mi propia incredulidad.

Al final, como un náufrago, llegué a la costa a tiempo para ser rescatado por uno de los platos nacionales de Japón, Yakisoba. Me sentí como un fideo en la sopa, ante la muestra de cultura universal que ha recorrido el universo en maletas de inmigrantes, como este dedicado etno gastrónomo, cambiando de nombre y presentación. Conocido como Chow Mein, Tallarines o Soba, la pasta es un milagro de la cocina, el cual como Virgilio, ha creado una larga fuente de platos afines.

En mi caso, me sumerjo bajo la textura de tallarines cocidos en su justa firmeza, salteados en salsa de ostras y acompañados de ciertos vegetales que crujen, con un tocado de picante que destaca el toque colorido de las Kogyaru, iluminando a su paso el parque Hermann esta mañana de primavera, la cual a tono con el evento acudió con un disfraz gélido.

Las papilas te harán libres.
Gustavo Pisani

Festival Japonés,14 Abril, 2018

Written by gpisanic

21/04/2018 at 9:37 AM

La maleta inútil – Isla flotante

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Atardecer de Peki

The traveling freckle

El atardecer llegaba como de costumbre en esta nación donde se vivía trashumando sin parar, navegando por derrota a barlovento, con los últimos rayos rasgando el cielo mientras la brisa refresca la playa con aromas naturales sujetos a la temporada. Cada puesta de sol era única y a manera de rito, reunidos hacia el poniente, apreciaban inmersos en un respeto sobrecogedor, cómo los matices se multiplicaban en colores desconocidos para estos espectadores privilegiados. Sostenían el aliento sin advertirlo, mientras el espectáculo seguía tanto como la naturaleza lo permitía en medio de una emoción indescriptible. Era como rodar la silla para seguir disfrutando del horizonte en un planeta pequeño, prolongando el éxtasis hasta el cansancio.

Era cuando los viejos lloraban diariamente de emoción y las lágrimas explotaban los rayos de luz en sus ojos que creían haber visto lo suficiente. Estrellas brillantes terminaban rodando por esas arrugas acostumbradas a ver pasar lo que la vida les había ofrecido, mientras los jóvenes terminaban abrumados de tanta belleza sin palabras capaces de describir el espectáculo. Si el mundo se acabara cada día al poniente, ésta era la mejor manera de honrar la oportunidad de haber vivido, como si se tratara del último ocaso desde el fin de la tierra.

Llegada la hora de dormir, la isla se sumía en un estado de suspensión arrullado por los cantos de ballenas, en cuya compañía recorrían la corriente del golfo sin esfuerzo. Las tonadas les resultaban conocidas, provenientes de viejas compañeras, en esta aventura que recién se iniciaba por el resto de sus vidas. Es que la política original de la isla, cuando se encontraba fija en su lugar en la tierra era respetar el ambiente por sobre todas las cosas materiales. En sus playas anidaban las tortugas más grandes, las cuales no olvidaban el buen trato y el cuidado de sus crías, mientras las costas bullían de las danzas de apareamiento de los cetáceos más grandes del planeta. El santuario en el cual convirtieron su isla había soltado sus amarras para convertirse en otra criatura en busca de su rumbo en este mundo, y en esa aventura sus antiguos visitantes se habían convertido ahora en compañeros de viaje, durante la interminable migración anual tras alimentos, para perpetuarse como especie y de paso, adornar el paisaje sin proponérselo.

A esa altura, los isleños con esa sabiduría que les caracteriza habían desechado sus maletas, porque habían aprendido de sus vecinos de aventura que era posible viajar con la casa a cuestas, cantando para animarse en el camino. La vida en la isla era una vacación permanente.

Gustavum Henricum

Richmond, 20 Septiembre, 2017

Rosario de cocos

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Apenas el  alba se anunciaba Jose Pino se dirigía de regreso a su cuarto con los ojos llenos de ideas y las manos cargadas de piezas recuperadas de la playa que acariciaba el zaguán de su casa, era otro día más en el taller donde dormía mientras soñaba con lo que el mar le iba a regalar sin mezquindad en este paraíso tropical.

Como de costumbre apiló los trastos y se dispuso a clasificarlos según un rito que seguía estrictamente la costumbre de los años dedicados a la creación, sin repetir o desechar una idea por peregrina que esta fuera, hasta alcanzar el último suspiro de su visión que descansaba sobre algodones impregnados de endorfina.

Su compañera de vida – la que actualmente le soportaba sus excentricidades – se despertaba con el sol bien alto y se acercaba con un cuenco humeante de café en las manos que compartía con su loco, como le encantaba decirle, durante todos estos años luego de encontrarse en una jornada de limpieza de playas, de esta isla caribeña tan orgullosa del respeto por el entorno natural.

Se había dedicado últimamente a reformular conceptos enteros, basado en las piezas que las olas le arrimaban. De una puerta construía una mesa con mirilla hacia las ideas asomadas a ese espacio de creación, si se encontraba una red de pesca, las convertía en móviles con conchas marinas que capturaban los ritmos del barlovento al caer la tarde. Era un artista de la supervivencia dedicado a rescatar lo que el mundo se empeñaba en desechar.

Una de sus últimas creaciones era un flotador construido con cocos, partiendo de un collar o cinturón atado por fibras naturales de la planta, el cual había evolucionado a una pequeña embarcación capaz de flotar bajo cargas livianas. Pero seguía probando con redes de mayor extensión capaces de mantener juntos esos frutos por más tiempo, para alcanzar autonomías de rangos inesperados para embarcaciones naturales.

Como cada año por esta época llegó la temporada de huracanes y elevando su vista al cielo se percató que los eventos meteorológicas en esta ocasión no tendrían precedentes. Se encerró por días enteros apenas tomando alimento, mientras desarrollaba sin descanso la solución que nadie le había encargado, pero Jose era de esas personas que no necesitaban más que su inspiración para dedicarse sin descanso a perseguir sus sueños.

La tormenta tropical le sorprendió trabajando la solución a medianoche, mientras trataba de resolver detalles de integridad de su creación autóctona. La violencia finalmente tocó las costas el 13 de Agosto a las 7:31 AM y a partir de ese momento se perdió la comunicación con el mundo exterior debido a los efectos devastadores causados por vientos que no alcanzaban a escucharse, o por olas cuyas crestas llegaban a la azotea de los edificios de mayor altura, asolando la infraestructura de esta nación insular. Por días el mundo no supo de sus habitantes, pero apenas disipadas las turbulencias, bajo el humo y la neblina que anunciaba una desolación total, no apareció nada. La isla desapareció como si se la hubiera tragado el mar en su furia sin límites, por causas atribuibles a la carga térmica emitidas hacia la atmósfera con consecuencias tan previsibles como devastadoras.

Se iniciaron las exequias masivas, las islas vecinas aún bajo el impacto de sus propias pérdidas, colaboraron con los actos y las oraciones elevadas por las almas perdidas bajo el rigor de la naturaleza. No pudieron fijar un sitio para elevar el monumento correspondiente, ni lograron cremar restos de víctimas cuyos cuerpos nunca flotaron en ese mar picado que amenazaba este mundo tropical, acostumbrado a no preocuparse ante las sorpresas que a veces guarda la vida incluso en estas zonas tórridas.

Al poco tiempo – ya casi olvidada la historia de la isla sepultada por la tormenta del siglo – un crucero en su ruta hacia el Golfo de Méjico divisó a un objeto inesperado y ajeno a las cartas marítimas para esa ubicación. Con palabras cortadas por la sorpresa, el experimentado capitán sólo pudo rescatar para la Guardia Costera que se trataba de una embarcación masiva dotada de una frondosidad extraordinaria en lugar del velamen, la cual parecía flotar sobre cocos, mientras se dirigía al Este con viento favorable.

Gustavum Henricum

Richmond, 14 de Septiembre, 2017

Lento desinvernar

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letargo_lunar

Descanso obligado para recuperar mucho de lo que el trayecto ha tomado en su andar, ciertas cicatrices más tarde, con un creciente inventario de canas y arrugas, nos levantamos honrando los que han seguido su camino por encima de nuestros sueños para siempre.

Retomar la ruta para compartir esta visión única del entorno y sus ocupantes, de la vida y sus ocurrencias y las esperanzas transformadas en realidades – a veces, es un mandato que surge de la oscuridad que amenaza sin descanso.

Y es que siempre hay motivos para continuar ese esfuerzo permanente que llamamos existencia, donde no faltan los paisajes destinados a desencantar a la mayoría evitando así el avance necesario impuesto por las leyes de supervivencia. No hay que esperar a ser el último miembro de una especie para entender las amenazas, ni dejar de seguir el camino que muchas veces aparece sin indicaciones.

Mutar es natural, y esta bitácora lo hace de nuevo desde su aparición, para seguir ofreciendo su contenido desenfadado y sorpresivo, acechando estructuras del pensamiento incapaces de articular una realidad insospechada capaz de desmovilizar continentes enteros de talento, bajo riesgo de perder el proximo vagón de la historia.

Gustavo Pisani

Richmond, Noviembre 27, 2016

Written by gpisanic

27/11/2016 at 3:53 PM

Publicado en blog, Gato

Cabeza de turco

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TURKFEST_ - 13

Le trajeron el presente en una bandeja como muestra de aprecio, y el mesonero se inclinó diligente al tiempo que levantaba el gran domo brillante con un movimiento teatral. El arco que marcó el brazo del mozo por sobre los comensales, fue seguido de aplausos casi salvajes.

Se acercó el capitán de mesa para asegurarse que todo se encontraba a la altura de los clientes, no toleraban nada menos que la perfección. Luego de recuperar la postura, se dirigió al homenajeado – Cómo la prefiere?.

Crujiente por fuera, sangrando por dentro – respondió desde su silla, sin alcanzar contener del todo su apetito concupiscible, mientras secaba sus comisuras de los labios con la servilleta.

Chasqueando los dedos y abanicando las manos en dirección a la cocina, se inclinó antes de retirarse tras el mesonero, para culminar las preparaciones de esta celebración tan importante.

Hora de iniciar la trepanación – pensaba el chef, mientras tomaba aire bajo la mirada de sus ayudantes, en la cocina quirófano del afamado club paleo caníbal de acceso exclusivo.

Gustavo Pisani, Richmond, 19 de Noviembre, 2015

A Karim y su inimaginable imaginación

Written by gpisanic

19/11/2015 at 12:32 PM

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