Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

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Cuentos de cada semana – CCS Semana 3 – Una trattoria utópica

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Dos instituciones instauradas en el corazón de Caracas dejaron su marca para siempre desde esos años efervescentes que transcurrieron a los pies del Ávila, durante las décadas del 60 a la del 80.

Por un lado la única trattoria fuera de Chacao, el estamento italiano por excelencia, conocida como El Sorrento, y apenas separadas por algunas cuadras, la nación independiente de mayor trascendencia cultural que jamás se haya conformado en este planeta – la República del Este.

Sin necesidad de revolver la historia, cada una de estas referencias se encuentran marcadas a fuego en esa memoria colectiva tan fugaz que nos caracteriza.

Los sabores de la trattoria se convirtieron en una referencia única en nuestro acervo gastronómico, abierto al mundo tal como lo hicieron nuestros puertos desde tiempos de la Capitanía General.
Por su parte las sesiones tumultuarias del poder constituido por los representantes de la casta intelectual del momento, son a la fecha un reflejo de nuestra dinámica que esta República desnudó en su momento. La fragilidad de sus instituciones, los cambios de rumbo y la auto proclamación continuada como difuntos de taberna, eran la constante que desde el Capitán Emparan han caracterizado nuestro quehacer social.

Ciertas características no cambian, pero la carta infinita del Restaurante recordaba una de las entradas al cielo de Dante, de manera similar que las discusiones y encuentros de los intelectuales de la República era el summum de la política, que jamás fue tomada en cuenta por el establecimiento a cargo del gobierno nacional.

Medio siglo más tarde persiste el sabor de boca de una pasta épica y el de un modelo social utópico que no acabamos de alcanzar por esfuerzo propio.

Me resisto a perderlos.

Gustavo Pisani

Richmond, Enero 20, 2019

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Yuan Tan

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Quiero un cortado

Quiero un cortado

La pequeña Xiǎo se encontraba desolada cuando la noche lucía más oscura que de costumbre, y una brisa gélida de finales de invierno se colaba sin anuncios hasta su alma. Hay sentimientos que nos dejan desnudos sin saberlo.

A esa hora el personal del restaurant se encontraban camino a sus respectivos hogares, felices a bordo de trenes donde apretujados no contaban con ninguna amenidad, pero sin incomodarles en lo absoluto. Era el momento de disfrutar los únicos días felices del año y nada los iba a privar de tal dicha.

La estación se encontraba vacía al cabo de una jornada épica, mientras la aprendiz de ayudante se enfrentaba a una montaña de platos que no tenía fin. Era su primer trabajo en la gran ciudad y Shanghai no era para los débiles de espíritu.

Con las manos ateridas limpiaba mecánicamente las piezas, cuidando de no romperlas pues debería restituirlas de su mísera paga. La última aprendiz acabó con su propia vida, y jamás se conocieron detalles de esta tragedia oriental ni se consiguieron los restos mortales de la desdichada.

Un yuan hsien emitía sus notas melancólicas en la calle, y al escuchar al nostálgico laúd la niña elevó su lánguida mirada al cielo para elevar un clamor desde lo más profundo de su corazón. Sólo deseaba llegar a tiempo para la cena con su familia la cual extrañaba terriblemente. Su ceño arrugado formaba ondas crecientes sobre sus hermosos ojos negros. Entonces los cerró y lloró por siempre mientras la luna llena iluminaba su figura enjuta e iridiscente.

Al otro día su familia reunida en un suburbio de Xi’an se encontraba celebrando al mejor estilo de Shaanxi, mientras la madre extrañaba a su pequeña Xiǎo Shānyáng. Preocupada se encontraba preparando los alimentos para la celebración en medio de los fuegos artificiales y los gritos estimulados por el Baijiu. No dejaba de asomarse en dirección a la calle por donde llegaban los viajeros, quienes a esa ya hora se encontraban en sus hogares.

La madre Mū sentía en su corazón la soledad que no llenaba esta festividad del año nuevo lunar. Dejó servida la mesa y se dirigió sin esperanza a la calle, bajo estallidos de los fuegos artificiales y nubes de pólvora.

Todos siguieron celebrando sin reparar excepto en su propia felicidad del momento y al disiparse los efectos de la bacanal, salieron a buscarla por toda la vecindad.

La encontraron exangüe y abrazada a los restos de una cabra beneficiada por unos vecinos. Los surcos de sus lágrimas se detenían en las ondas crecientes visibles en la frente del pobre animal de corral, con sus hermosos e inexpresivos ojos negros viendo en dirección a la luna.

Gustavo Pisani, 18 de Febrero 2015.

新年快乐卡布拉 !

Written by gpisanic

18/02/2015 at 7:00 PM

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