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10 Noches de Terror – Del sartén al fuego

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Rendija mental

     Rendija mental

Descendit clivo meum motus

La cabina seguía descendiendo en su marcha decidida hacia una existencia extraña a todas las convenciones bajo las cuales María había vivido los últimos 20 años de su esforzada vida. Su desfallecimiento resultaba de combinar las sensaciones del día y las miserias acumuladas en esta empresa durante todo ese tiempo. Parecía soñar los primeras experiencias como recién ingresada, cuando le tocó sufrir las ocurrencias de un jefe sádico y a consecuencia de lo cual perdió su reputación como empleada que le valdrían convertirse en un zombi profesional – sin posibilidades de un real ascenso, pero que le mantienen en animación suspendida en la creencia de ser un recurso valioso para los fines de esta compañía. Pero fue la falta de sueño la que le destruyó la existencia. Parecía tener el doble de la edad cronológica, la maldad había triunfado en ese aspecto.

Ojeras abismales, pelo marchito, piel ajada y un ánimo luctuoso que espantaba a todos, excepto a Gabriel, de su lado. Qué le habrá visto?

Se recuperó de esta regresión para verse de nuevo en el juicio bizantino que enfrentaba por elevar su voz – haciendo uso de los valores tan publicitados en la oficina – por lo que consideraba un trato no profesional de alguien que detentaba cargos que debían ser segregados, con la finalidad de evitar un conflicto de intereses.

Desde la primera oportunidad que expresó el deseo de hacer valer sus opciones, las amenazas sólo aumentaron con el pasar de los días. Desde un piénsalo mejor hasta la exclusión vedada de las actividades extracurriculares, donde la socialización resultaba clave para la distribución de tareas y beneficios, junto a oportunidades de ascenso expedito.

La carga de la prueba se encontró siempre en su contra, no hubo ni un intento de limitar los abusos y la coacción se hizo cotidiana, proveniente de múltiples fuentes. La más decepcionante resultó la recomendación según la cual ella debía arreglarse con el mentor, para su propio bien, y a pesar de las faltas debía ser ella quien se justificara por elevar su voz apelando a los valores. Lo importante es la empresa – concluyó la emisaria de Organización y Gente, con un gesto en su rostro imposible de descifrar.

Ella no podía creer lo incongruente de los argumentos y en un momento dado, frente a la colusión que la ahogaba decidió seguir con su vida en lugar de ser parte de esta comedia trágica. Era apenas Viernes de su primera semana y al compartir con su madre los planes, ella le pidió pensarlo mejor – descansa que falta te hace y así puedes tomar una mejor decisión – le dijo con el afecto que sólo una madre es capaz de brindar en los momentos más adecuados.

Sin embargo, una de las condiciones que le exigieron en su condición de acusadora, era seguir trabajando, y su supervisor no dejaba de apilar tarea tras tarea durante ese período infame. Así llegó al Lunes sin decidirse y mientras todos en la oficina hablaban de sus actividades familiares y de esparcimiento, ella sólo se preguntaba la razón de esta injusticia. Pero habla ¡ – le decían algunos de sus compañeros de estudio quienes la veían con lástima. Todos desconocían que una de las condiciones forzadas de su queja era la discreción absoluta, so pena de cese inmediato del contrato laboral sin recomendación posible.

Se encontraba entre la espada y la pared, mientras su vida seguía cayendo libremente en un vacío existencial que comenzaba a afectar su raciocinio, era una trampa perfecta donde la ley se vocifera pero no se puede exigir. Se estaba quedando sin defensas en esta batalla de resistencia, sin sospechar que el caso se encontraba perdido desde antes de su conocimiento.

Llegó el gran día de arranque de la semana del nuevo empleado, con un retiro que incluía una cena fastuosa, actividades de formación de equipos y competencias para fomentar el trabajo en grupo.

El ambiente exultante resultaba agobiante para la primera víctima de esta camada – la justicia.

Habían sido diez noches de terror, pero era apenas el comienzo pues lo peor apenas comenzaba. La orquesta tocó una marcha y el encargado de la ceremonia se presentó bajo las luces, mientras inundaba el gran salon de su apestosa colonia. Era el mentor.

Gustavo Pisani, Richmond, Octubre 28, 2015

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Written by gpisanic

28/10/2015 a 8:03 AM

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