Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Esclavos en la oscuridad – Cámaras

leave a comment »

Continuacion – El Vigilante

A cuatro ruedas cuatro

A cuatro ruedas cuatro

Fiel a sus costumbres, como si de un rito se tratara, el velador se preparó al igual que todas las tardes para acudir a su turno, el único de la jornada en esta planta deshumanizada que desde su arranque no ha dejado de producir componentes para la automatización de equipos autónomos.

Tomó el manojo de llaves, pesándolo en el aire con un gesto de sorna en la cara, y se lo colgó de la correa, probó la linterna colocando la mano para dirigir el haz hacia su cara creando un personaje de sombras alargadas y colocándose la gorra con el logo omnipresente de su empleador impersonal, salió determinado a cumplir con su misión. Se tocó el bolsillo de la camisa, asegurándose que llevaba todo consigo, especialmente las herramientas de destrucción que había diseñado para esta oportunidad.

Había esperado toda su vida para esto y nada lograría impedirlo.

Llegó a tiempo para saludar a la autómata que simula un portero en el acceso al gigante aparcadero vacío. Era parte del juego cotidiano. Sonrió internamente y se dijo a sí mismo – aquí vamos – mientras dirigía su antiguo Studebaker hacia el puesto reservado. Tomó ampliamente la curva tras la garita y muy lentamente alineó la figura del capote con la luz de la esquina Norte, hasta que alcanzó exactamente la posición deseada. El motor tosió un golpe en exceso al apagarlo, como si no quisiera detenerse, y lo acarició delicadamente en el tablero como a una mascota, tras pisar el pedal del freno de mano de un golpe seco.

Haciendo uso de su tarjeta de acceso virtual, salvó la puerta de servicio hasta llegar a su oficina olvidad al fondo de un pasillo de servicio y desechos cibernéticos. Frente al único gabinete metálico del diminuto baño, extrajo los implementos de su guardia y arreglando el nudo de la corbata en el espejo de la puerta angosta se quedó mirando a ese hombre mayor preguntándose – cuando envejecí tanto? Lo cerró delicadamente y arreglándose la gorra hasta las cejas se dirigió con paso determinado hacia la primera parte de su recorrido, el punto ciego de las cámaras fijas.

Continúa – Analogía

Gustavo Pisani, Richmond, 26 de Mayo, 2015

Anuncios

Written by gpisanic

27/05/2015 a 12:01 AM

Deja un comentario por favor

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Aventurándote.

Blog de viajes y montaña.

Revista Marítima

La información "Premium" del sector naviero nacional.

Messieral

«Historias en Ascuas para un Día sin Nombre»

poesiadesencadenada

Este es mi pequeño rincón donde plasmo mi vida, mis opciones, mis errores, mis lecciones

El Destrio

Donde termina todo lo que no tiro a la papelera.

A %d blogueros les gusta esto: