Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Mi historia parte de Homero

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La leyenda familiar

La leyenda familiar

Cuando me enteré de mi futuro como emigrante, miré alrededor para guardar de una vez y para siempre aquello que sería importante durante mi viaje. No dejé nada afuera, y todavía lo llevo conmigo adonde voy en forma de recuerdos, palabras, gestos, olores, sonidos y sabores. Un inventario de mi patria que se va transformando en nuevas formas a consecuencia de la distancia, el tiempo o de ambos. Pero sigue ella siendo el lugar donde nací. Entonces me preparé para dejar atrás una vida en un punto ubicado más allá de la mitad del camino.

Luego de algunos años en pleno ejercicio de esta condición itinerante, hoy día imagino a mi abuelo justo antes de embarcarse desde Elba hacia Venezuela a finales del siglo XIX. Lo veo visitando los lugares favoritos de esa costa anciana, hablando con sus amigos de infancia y respirando los aromas del mediterráneo para llevarlos consigo por siempre. Sus grandes ojos toscanos, como los que reproducen las obras del renacimiento, se llenaron de mar cuando acomodó bajo el brazo su maleta marrón y a partir de entonces no dejaron de llorar en silencio, incluso en los momentos más felices de su vida en este lado del mundo.Así lo muestran sus fotos a lo largo de esta aventura tropical. Desde Guasipati a Caracas y otros tantos lugares intercalados que muestran a este gran masón, con una mirada profunda de leyendas y continentes. Mi historia comenzó con Homero.

Dejó su isla para llegar a otra, como si el planeta no fuera un grupo de islas de todos tamaños y sus habitantes no se asomaran a la costa para imaginarse al otro lado del mar por simple curiosidad. Gracias a su arrojo aprendí lo que significa ser un extraño en su propia patria y no perdí de vista al resto del mundo, desde que lo descubrí en escondido en un mapa del gran diccionario rosado que tenía todas las respuestas posibles. Uno nunca deja de ser emigrante cuando parte de su tierra – lo escucho decirme ahora que me toca recorrer sus pasos dos vidas más tarde en mi propia odisea.

En esta travesía que no culmina con la desaparición física descubrí que uno llega a valorar los recuerdos incluso más que la vida. Desde los grandes momentos de esa historia personal y sus escenas gloriosas, hasta aquellos eventos menos ilustres pero igualmente importantes para construir esa autopista en reverso. Aprendí que la muerte llega sólo con el olvido. Me pregunto cuándo sabrá uno si finalmente llegó al final o se quedó para siempre en el camino.

Al igual que esos abuelos y sus maletas marrones, los nómadas de este siglo nos valemos de los recursos tecnológicos para llevar a cuestas baúles virtuales repletos de todos los registros posibles, que reposan en nuestra memoria de estado sólido. Ahora en cada mudanza, me aseguro ante todo que el cordón umbilical me conecte con una red que me alimenta en más de un sentido. Entonces retomo los capítulos que necesitan ser finalizados y repaso los hechos – una y otra vez – que me han traído a este lugar sin costas.

Alimentado de todas las fuentes, hoy sueño con el próximo tramo de esta ruta itinerante que viene marcada en los genes, gracias a los cuales mis hijas son ya una muestra de interés antropológico. Ya dejé atrás una porción de esa geografía vital que llena mi mapa personal, ahora me toca fijar el próximo rumbo mientras las angustias propias de un viajero inician su escalada natural. Cómo dejar atrás la tranquilidad en medio de un mundo que ya no conoce la paz social, inmerso en una violencia creciente que se integra a la cotidianidad y que arrastra trágicamente las esperanzas gratuitas? A donde se fueron los sueños?

Como si se tratara de un proceso natural, los pasos de mi próxima migración se fueron alineando uno a uno, listos para el próximo movimiento. Pronto estaré trabajando mi vida en un lugar donde ya no importa tu origen, donde me veo asomado frente a la costa para imaginarme el otro lado del mar. La historia sólo se repite a sí misma indefinidamente.

Quiero emigrar a un lugar donde vea al mar y las ballenas vengan a arrullarnos con su canto profundo, como lo han hecho siempre. Donde las montañas me protejan la inspiración y me brinden nieve todo el año. Me lo imagino con una sociedad donde el respeto sea más importante que el color del ciudadano y la vida tenga valor para todos por igual. Creo en una ciudad donde el caos exista sólo en los escenarios de los planificadores y donde pueda ver la cara de todas las naciones cada mañana en mi ruta al trabajo. Saboreo todas las texturas de los platos que se encuentran a mi alcance, en una cata universal que me regala viajes fantásticos sin moverme del asiento. Necesito un lugar donde mis nietos entiendan la importancia de la familia y donde puedan crecer por siempre, para decirle al abuelo – hemos llegado.

Sueño con un lugar donde pueda escribir sin parar, y con sólo elevar la mirada por la ventana alimentar mi espíritu ahora incansable. Un lugar donde no quiera ni cerrar los ojos para aprovechar todos los segundos de su magia palpitante e inagotable. Donde la sonrisa abunde como el aire puro y las calles asemejen parques de tanto verde. No he llegado y ya lo extraño, no lo conozco pero me resulta familiar, no se ni donde queda pero cuento con mi sentido de orientación para alcanzar sus costas.

Extiendo las manos y siento un cálido abrazo al tiempo que me regala la melodía más dulce posible para un emigrante – Bienvenido…..

Gustavo Enrique Pisani – Nowata, 13 de Agosto 2011

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Written by gpisanic

02/01/2015 a 11:43 AM

Publicado en Historias del pasado

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6 comentarios

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  1. Hermoso texto, acompañas esta humana extranjería con tus letras. Un abrazo

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    Ani Bustamante

    16/01/2015 at 11:31 AM

  2. Me gustó mucho y “La historia sólo se repite a sí misma indefinidamente.”.

    Le gusta a 1 persona

    Aurvid

    04/01/2015 at 6:27 PM

  3. Buen viaje: hasta que el olvido y/o el cansancio detengan el movimiento 🙂

    Le gusta a 1 persona

  4. Emigramos a otras partes porque el lugar donde estamos no nos ofrece mas tela donde plasma nuestros sue~nos y para muchos de nosotros eso significa la muerte. Suerte!!

    Le gusta a 1 persona

    carmeniemela

    03/01/2015 at 2:50 PM

  5. Yo también soy inmigrante y quizá por eso la frase “Me pregunto cuándo sabrá uno si finalmente llegó al final o se quedó para siempre en el camino” me ha gustado mucho porque es cierta. Una vez fuera de casa, ya no sabes cual será tu hogar. ¿Estás en él o estás en el camino a encontrarlo? No se puede saber.

    Me gusta

    Céspedes Poveda

    03/01/2015 at 8:24 AM


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