Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Wayüu wayaa

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Joyas reales de la Goajira

Joyas reales de la Guajira

Caminó con su gracia natural, mientras la bata goajira latigueaba furiosamente por el viento que no dejaba pelo en sitio. Le asistía su valet quien dirigía presuroso la carga del equipaje en el terminal de Paraguachón. Era necesario iniciar la jornada temprano, la ruta a Maracaibo era muy larga y la chirrinchera no pasaba de ir despacio. Hubiera llegado antes de haber montado a caballo, tal y como se lo dijo su Tío Nemecio. Pero ella era una princesa en todo derecho y no tenía que hacer caso a órdenes, ahora que era huérfana de padre. O así lo creía ella hasta entonces,su madre la esperaba en la Capital.

El conductor encendió el motor, con un par de tosidos, seguido de algunas largas aspiraciones asmáticas. Cuando habían perdido la fe, los pasajeros celebraron el arranque precario pero definitivo.– al menos hasta la próxima parada. Imperaba partir cuanto antes, nadie quería exponerse a un viaje accidentado en esta zona de la Península Venezolana.

Le cedieron diligentes el mejor puesto en la plataforma del vehículo, un viejo camión sobreviviente del indetenible tráfico de la zona. Era un vehículo capaz de resistir las exigencias del ambiente y de los clientes. Con una cabina reservada para el conductor y su asistente, los pasajeros se distribuían en lo que era la plataforma del antiguo camión, ahora modificada con unos asientos de madera y un techo incipiente que evitaba la insolación de los pasajeros. La carga se ataba con rigor sobre la cabina, presumiendo de una lona milenaria cuyos jirones podían pasar por textos sagrados, desprendiéndose a lo largo de cada una de las rutas mientras alcanzan la velocidad de crucero.

El paisaje árido quemaba los ojos, cuando no eran castigados por la arena o la sal. Las arrugas profundas de las caras a su alrededor, eran marcas de resistencia en este mundo hostil. La velocidad parecía excesiva, y lo era, para mantener de alguna manera el aire circulando. Detenerse era perecer, lema patibulario que era confirmado por las osamentas ubicadas a lo largo del camino. Entre una que otra calavera con cachos, se veía algún cráneo brillante y sonriente bajo el sol de trópico que arrasa toda forma de vida.

Luego de un par de paradas seguras, finalmente llegaron a Las Playitas cerca del mediodía, epicentro del universo marabino y sede de la invasión silente de los Wayúu. Para ese momento ya todos los pasajeros se habían conocido lo suficiente, para abusar de sus nuevas amistades, tal y como lo toleraba la Ley Guajira. La única norma social establecida, para mantener la convivencia entre los clanes de esta tierra olvidada por Dios.

En pleno corazón de Maracaibo, al Sur del Malecón, resultaba ser la sede de poder de los clanes, lugar de apuestas, intercambio de alimentos  y otras tantas cosas que no es necesario detallar, a la luz de lo obvio. Los gritos de los merchantes, ofreciendo mercancías indescriptibles, competían con los colectores en busca de pasajeros de vuelta a la alta península antes del anochecer, la hora límite para garantizar la vida. El humo de los comederos ambulantes, ayudaba a saturar las sensaciones para ese momento agotadas de tanto sol, viento y tierra.

En medio de este ambiente, la Princesa llegó a Maracaibo por primera vez en su vida. El equipaje se desató con premura, aterrizando en el barro del caótico terminal. Cuando se restableció la compostura del grupo que le acompañaba, arregló sus negra cabellera de nuevo en su lugar mientras ganaba compostura.

Miró a su alrededor y dirigiéndose al valet le dijo en su lengua nativa;

Qué molleja de gentío – y siguió abriéndose paso en las playas del malecón, con el porte que había heredado de su real linaje Guajiro.

Gustavo Pisani, Richmond, Enero 29, 2014

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Written by gpisanic

29/01/2014 a 12:01 AM

7 comentarios

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  1. Leerte para una española como yo, es olvidarme de los topicos de telenovelas venezolanas y aprender de ti o debería decir de vosotros.
    Pensaba que compartíamos el mismo idioma y ciertamente lo hacemos, gracias a ello, disfruto leyendote pero aprecio las diferentes palabras (valet, chirrinchera) o usos que hacéis de expresiones que compartimos(tosidos, molleja). Estoy encantada de haber descubierto tu blog.

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    Paz Wharton

    14/03/2014 at 7:19 AM

    • Si Cervantes y Andrés Bello hablaran.
      Gracias por tus palabras.
      Gustavo

      Me gusta

      gpisanic

      14/03/2014 at 8:57 AM

  2. No podía dejar de leerlo! que sigas escribiendo….

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  3. Demasiado bellooooo . . . gracias y sobretodo que evocacion de nuestra hermosa Venezuela
    Un abrazo

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    Graciela Buso

    29/01/2014 at 1:36 AM


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