Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Sobreviví a mi cerebro

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A esta hora cuando apenas las manos dejaban de recibir los impulsos eléctricos, que se traducían en impactos en el teclado, en medio de la artritis y fluyendo entre la arterioesclerosis, he decidido sobrevivir a mi cerebro en este conflicto por la continuidad del alma que tiene lugar sin cuartel dentro de mi cuerpo aterrado como nunca.

Por las noches se escuchan los quejidos de la conflagración que ha escalado sin parar, desde el glorioso momento de declarar la independencia de la colonia mental a la que estuve sometido, para mi pesar, en medio de una gran felicidad que ha durado desde que nací.

Estoy seguro que hasta ahora él no comparte mi decisión pero ya era justo elevar mi queja a lo más alto de la jerarquía en mi organismo. No conseguí otro a quien dirigir mi reclamo. Ni la lógica ni otro razonamiento pueden establecer términos de acuerdos alternos. O se muere o se mata. Ese es la gran motivación ante mi cerebro. Ahora que repunta la Encefalopatía espongiforme he evaluado su impacto en el resto del organismo. Un suicidio mental, como el ejecutado por muchos fanáticos en pos de su propia destrucción.

Pienso en los años durante los cuales se impuso su decisión por sobre el resto de los otros órganos, sin consultar los aspectos más relevantes para el conjunto que habita en este recinto cansado. Recuerdo las neurosis juveniles, la bipolaridad, las paranoias, las creencias, las desilusiones amorosas producto de sus empeños, me pregunto por qué no me quedé con aquella gordita de 6to grado? Donde estaba mi corazón para el momento de la pasión? Para colmo la amenaza del Alzheimer se encuentra lista para el asalto final, porque cómo voy a saber cuando ya no sepa nada?

Pero ahora todo es diferente, he traspasado la historia de mi propia vida y en esta etapa de la existencia lo único que deseo es la libertad. Empezando por la de culto. No quiero someterme a mi pensamiento, que por toda la vida consciente ha establecido el destino de esta alma impenitente. El resto de los sistemas me apoya en esta aventura, con la cual esperamos dar un paso adelante en la evolución animal. He estado leyendo – bajo la fachada inocente de un falso interés por el sushi – las novedosas características del sistema nervioso de las estrellas de mar. Y sus capacidades auto regenerativas. También consulto a Shelley y su obra gótica.

Lentamente he elaborado un plan que guardo en la memoria de mi computador, el cual articulo cuando me encuentro profundamente dormido. Esta es la oportunidad de trabajar a escondidas de la materia gris. El cerebelo me apoya y por eso hemos hecho un trabajo brillante en este complot simbiótico durante el cual aparezco profundamente dormido y es mi subconsciente el que realiza todas las tareas subversivas. Luego, durante la siesta reviso el avance de los planes conspirativos elaborados en la oscuridad cómplice. Siempre tuve un sueño profundo de modo que a fuerza de costumbre no causé ninguna sospecha en esa materia gris, que me gobierna sometido y sin derecho a la necesaria alternabilidad democrática desde hace toda una vida. Abajo la neurocracia ¡

Espero que las sinapsis me acompañen en esta aventura porque los axones se someten a las endorfinas con una gran facilidad y su extrema dependencia los hace formar parte del rebaño que se somete sin esperanzas a este yugo mental. Será necesario mantener los niveles de esa droga natural para garantizar la gobernabilidad necesaria. Nada más dócil que un fármaco dependiente.

He estado tratando de convencer al hipotálamo pero las glándulas suprarrenales han elevado los niveles de adrenalina para activar los mecanismos de auto protección, que le hacen juego al tirano del cráneo. Se ha iniciado un registro de neuronas pero me parece que el cableado entre ellas viene contaminado con las órdenes superiores, no confío en nadie y todo depende exclusivamente de mí y el extremo deseo de libertad plena que apenas algunos años atrás ni aparecía en mi escala de valores. Vivía como un conductista feliz de los estímulos recibidos a los cuales siempre respondía de la misma manera. A mi perro lo llamé Pavlov y a su compañera la Pavlova. Era para secar las glándulas salivales.

Ahora que he despertado, siento un hambre permanente que nunca es saciada, es el precio de poner a trabajar el sistema parasimpático. Tenía que estar cerca del estómago este cerebro alterno que nadie utiliza como reserva.

Pero llegó su momento.

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Written by gpisanic

01/05/2012 a 7:59 PM

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