Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Amores Vikingos – Pira funeraria de una pieza bucal

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Soltadas las amarras de esa aventura bucal al igual que un Rey Vikingo en su viaje funerario, los roles originales sufrieron una curiosa metamorfosis, gracias a la cual dejé en algún lado mi acostumbrado aplomo mientras la dulce Doctora cambió su gesto encantador por una dura y descarnada mirada, con la cual se concentró en el limitado espacio donde ocurrió todo esa tarde de muelas. Sólo me encontraba como espectador de la masacre por venir.

Sus comentarios sociales desaparecieron muy pronto tras un solemne silencio profesional, enmarcado en el espantoso silbido causado por las altísimas revoluciones de la herramienta de mano para fresar y otros terribles sonidos típicos del oficio, que me resistía sin éxito a escuchar. Gotas de agua, nubes de vapores, emisiones de aire comprimido y residuos expulsados a gran velocidad de materia orgánica, incluyendo pasta de relleno y dientes, creaban una atmósfera surrealista bajo la intensa luz de la cual no podía escaparme. Ni siquiera el sillón ayudó tragándome cuando más lo necesitaba.

Recuerdo como entre sueños esa mirada, ahora de total determinación, que la doctora exhibía en cada embate cíclico del sangriento campo de batalla, en el que muy pronto se convirtió mi boca. Su pelo originalmente muy bien arreglado, ahora se encontraba levemente fuera de lugar en algunas partes sobre su frente, lo cual le brindaba un aire  denodado y decidido que la hacía definitivamente mucho más atractiva. Su sonrisa era mi sedante.

Divino contraste cuando elevaba sus ojos café a escasos centímetros de esta alma sufrida, para explicarme en sus términos científicos el desarrollo del encuentro; el efecto de su voz era como el de un maravilloso elíxir de la felicidad que me transportaba a un mundo sin dolores dentales, pero con bellas odontólogas angelicales en batas muy blancas y muy tenues, untadas de pasta y dedicadas exclusivamente a la salud de las sonrisas de los habitantes de esa utópica humanidad feliz.

En la etapa final de la tarde, mientras pensaba en los argumentos honrosos de un lógico y esperado armisticio dental, un travieso rayo de luz vespertina entró por la ventana para filtrarse a través de algunas hebras carmesí de su pelo y la imagen que dicho reflejo creó en ese momento mágico, tiñó de rojo mi atribulada visión al tiempo que de improviso, un sonido temerario crujió de algún profundo lugar de mi cerebro, aletargado ya con tantas impresiones y sensaciones acumuladas durante ese interminable día.

Entonces la Doctora apareció erguida frente a mí, con un gesto que jamás olvidaré en una pose de total triunfo con un brazo en jarras, mientras su mirada ahora satisfecha se posó primero en mi boca todavía abierto que acusaba los estragos del encuentro, luego pasó a los ojos de esta pobre víctima los cuales clamaban para ese momento dramático algo de clemencia y con el mismo gesto ya famoso en su rostro, tocado con algunos hermosos mechones escapados a la aventura y que se lo enmarcaban como formaciones de rubí, miró de lado a la causante de mis tormentos la cual yacía inerme en la pinza de esta justiciera de las caries, terror del sarro y reina absoluta del imperio dental, quien se convirtió a partir de ese instante en el amor eterno de mi vida: Maria Dolores.

XXXX

 

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Written by gpisanic

20/12/2010 a 1:01 PM

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