Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Amores Vikingos – Fiordo por cárcel

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Avancé tras este umbral de lúgubre apariencia hacia un espacio más pequeño que consistía de una sala  muy bien iluminada, con muebles alrededor de la mesa de lectura obligada que hacían juego con las cortinas, destacándose una pequeña puerta que separaba la espera del sufrimiento. Hacia este último lugar me hizo pasar sin preámbulos la señorita que me atendió esa tarde de Mayo, cuando entré sin saberlo en la zona especial de mi vida de la cual jamás iba a poder salir. Mis pasos resonaban aturdiéndome; algo sucedería conmigo este día, me lo decía el corazón y lo confirmaba el cerebro.

Un escritorio metálico se interpuso en el camino del cubículo y bajo la luz tenue que disponía al momento, percibí como en la penumbra un perfil que de inmediato se tornó hacia mí, con gestos decididos y cálidos, mientras la puerta se cerraba discretamente a mis espaldas dejándonos solos y en silencio.

Entonces algo en el ambiente activó ese aviso silente que los solteros suelen disponer, dispuesto especialmente para alertar a tiempo la presencia del peligro inminente causado por el amor auténtico y su compromiso asociado. Aún así consciente del riesgo, amante del peligro y dispuesto a correr la maravillosa aventura que se manifestaba en ese momento mediante aromas y sensaciones desconocidos, me dispuse valientemente a desactivar de inmediato dichas alarmas, ya disparadas en su totalidad al nivel máximo de prevención, en un heroico gesto del cual muchos hombres después se arrepienten por el resto de sus existencias. Nunca fue éste mi caso.

Le recuerdo tan hermosa en medio del muestrario impresionante de sus relucientes herramientas de trabajo, rodeada de títulos y reconocimientos testigos de sus éxitos profesionales, que desde las paredes vociferaban las virtudes de su formación académica. En cuanto a la gran gama de materiales utilizados por su profesión los cuales se encontraban dispuestos en estantes de vidrio, por instantes me recordó el laboratorio de un alquimista del cual salen piezas dentales de oro, desplegados en amplias sonrisas, en contraste con la materia prima que triste y oculta alimentaba esta fábrica de dientes.

A mi juicio todo lo anterior combinaba perfectamente con su estampa de bata blanca y un rostro espectacular, donde cada magnífico rasgo hacía apenas justicia al difundido clamor popular acerca de su mítica belleza, que traía de cabeza a más de un serio aspirante de sus amores, en esta calurosa ciudad. Entonces me sentí afortunado de haber dado el paso hacia mi entrega en este altar reluciente de metal, vidrio y cerámica.

Al  acercarme lentamente tratando de mantener la compostura, sin dejar su asiento elevó de manera graciosa una sola de sus cejas para dar paso a la media sonrisa de la cual nunca nadie me advirtió, de modo que para cuando estrechó firmemente mi trémula mano, ya sus ojos marrones habían taladrado limpiamente a mi órgano del amor, en una trayectoria ascendente desde el ventrículo derecho hasta la aurícula izquierda y eso que no era precisamente allí donde necesitaba un tratamiento.

Sólo alcancé a colocarme de manera refleja, la mano izquierda sobre el corazón sin lograr protegerlo. El daño ya estaba hecho.

sigue…/..

 

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Written by gpisanic

17/12/2010 a 1:01 PM

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