Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Lalo y Lola

leave a comment »

Lalo y Lola llegaron a la casa un día como por accidente y a partir de ese extraordinario momento, nuestras vidas no serían jamás como las habíamos imaginado.

Ha transcurrido tanto desde entonces que apenas se recuerdan sus primera palabras llenas de curiosidad, temerosas y bien celebradas por esa audiencia familiar ahora tan querida.

Destacaban por sus inmensas ganas de vivir, tocando todo lo que se encontrara a su alcance, promisorio indicador de su incipiente inteligencia.

No se quedaban quietos ni por un maravilloso instante de su vida que transcurría entre sueños y comidas, como cualquier infante en su etapa inicial de lo que conocemos como crecimiento.

Pero de todas sus incontables e innumerables virtudes, la que nos maravillaba por todas las horas que gustosos les dedicábamos, era cuando hablaban.

El destino señaló que Lalo y Lola se criaran bajo nuestra tutela, de modo que esta novel figura de tutores no permitió dedicarles la mejor de la enseñanza a los nuevos miembros adoptados a esta ahora enriquecida familia.

De los primeros retoños  aprendimos que el amor todo lo vence (omnia vincit amor) de modo que con esta máxima en mente, nos avocamos a la hermosa tarea de formar a estas criaturas de Dios.

Como una muestra de la capacidad de entrega y en un acto de amor infinito, nos dedicábamos de manera alterna a leer a estos maravillados oyentes lo mejor del conocimiento universal.

Sócrates, Homero y Virgilio arrullaron bucólicamente los sueños dulces, mientras que Cervantes, y Shakespeare animaban sus jornadas, en sus lenguas originales para aumentar el disfurte.

Un día que empezó como cualquier otro, acerqué mi sillón favorito al lugar donde ellos se encontraban, para ese momento ansiosos de su tan esperada sesión de lectura, cuando vi cómo Lola se erguía elegantemente, giró su pequeña cabeza y con un gesto similar a una sonrisa, me miró con uno de sus ojos verdes el cual pestañeó de esa manera tan especial que tenía de hacerlo mientras, al igual que Julieta desde el balcón luego de la inmortal proclama en pos de su amado Romeo, pronunció las inolvidables líneas del Segundo Acto de la Segunda Escena del drama amoroso por excelencia:
¿What’s in a name? (¿Qué hay en un nombre?)

Durante el silencio que siguió a este mágico momento, Lola guiñó sus ojos, ladeó la cabeza nuevamente hacia el otro lado y repitió la misma frase, como para permitirme entenderla mejor.

¿What’s in a name?

Sin esperar a que repitiera de nuevo esa mágica frase, en la cual Julieta se queja del peso de los nombres y apellidos en la vida, salí corriendo a buscar a mi esposa para compartir debidamente el suceso.

Llegué con ella, mientras nos conseguimos a Lalo en esta oportunidad, quien nos veía con los ojos entrecerrados, que abrió para decir con su voz clara y aguda:

Locutio ergo sum (Hablo luego existo).

A partir de ese día nos contentamos con discurrir por horas con ellos, mientras nos maravillamos de la naturaleza y de la inteligencia de un par de Loros Reales.

Gustavo Pisani

Caracas, Mayo 2003

 

 

 

Anuncios

Written by gpisanic

14/12/2010 a 1:01 AM

Deja un comentario por favor

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Aventurándote.

Blog de viajes y montaña.

Revista Marítima

La información "Premium" del sector naviero nacional.

Messieral

«Historias en Ascuas para un Día sin Nombre»

poesiadesencadenada

Este es mi pequeño rincón donde plasmo mi vida, mis opciones, mis errores, mis lecciones

El Destrio

Donde termina todo lo que no tiro a la papelera.

A %d blogueros les gusta esto: