Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

La ruta de la seda – Beijing Dengshikou

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Sabado 27 Mayo

Beijing me recibió una fresca tardía de primavera, con su sonrisa, su hospitalidad y su encantadora anarquía de tráfico. Luego de una travesía de poco menos de media hora, llegué al hotel que está custodiado por los gigantescos guardianes del Banco HuaXian frente al Puente de Yuetan Norte, dos leones y dos dragones como manda la larga tradición. Apenas registrado salí a conocer la ciudad desde Fuchengmen Nandajie hasta Wanfeuhing, distrito comercial que parte del majestuoso Hotel Beijing.

Las luces de la noche no se comparan con la luminosidad y alegría de la gente, nativos y extraños unidos por la oportunidad de recorrer una vía con cientos de años de tradición, alrededor de la cual algunas otras recónditas rutas te llevan a descubrir la ciudad de los citadinos.

Me desvié en Dengshikou topándome con el mundo vibrante y ruidoso de una calle de comida tradicional, poco menos iluminada pero por ello no menos atrayente que la vía principal. En los puestos de venta vi pinchos de Caballitos, Salamandras y Estrellas de Mar, Oveja, Palomitas, Res y Pollo, junto a líneas de Grillos, Langostas y Escorpiones ensartados mientras sus colas luchan por desquitarse del tormento que sólo a esta civilización se le ocurre aplicar. En una esquina tenían cocos pelados para beber, mazorcas gigantes asadas, frutos de mar y tofú en todas las formas, incluso confitados como golosinas emulando vegetales. La tripa del cerdo la trabajan igualito que los artífices de Murano, mientras se deforma por su temperatura y los niños van con sus cerditos inflados de tripa en la punta de un palito chino, con rabito y todo. Comí empanadas rellenas de carne y tomé cerveza en donde sólo había vecinos de esta ciudad milenaria, quienes ayudan a entender y a ser entendidos. Una discusión por algún asunto comercial involucra a un representante del orden público con dos jóvenes y un comerciante, mientras recorro el resto de la calle llena de todo tipo de artesanía imaginable desde pinceles de caligrafía con pelambre de lobo hasta esferas talladas de jade y pequeños guerreros Qin que no deben confundirse con la otra dinastía Qing, de algunos largos siglos más tarde.

Para cuando llegué a la calle Dongsi, al extremo del boulevard peatonal me había paseado por tiendas de tela cuyos dibujos, texturas y brillos hacen que las sedas floten y su recuerdo permanece en la punta de mis afortunados dedos, al lado de dulcerías de colores infinitos y envoltorios por sí solos piezas de arte, seguido de tiendas por departamentos gigantescas y al final, la calle turística de comidas, graciosamente iluminado por lámparas de papel rojo, donde apenas se muestra una porción digerible de toda la gama biológica que presencié apenas unas cuadras más atrás.

Como todo Chino que se precie, me regresé tarde al hotel tomando el Metro en la línea 1 y haciendo transferencia a la 2, mientras los vagones repletos rodeaban a este curioso visitante de ojos redondos.

 

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Written by gpisanic

02/12/2010 a 1:01 AM

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