Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

La ruta de la seda Tramo 7 Tokio – Pusan

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Martes 16 de Mayo

2:00 PM – Me embarqué en el vuelo Narita – Kimhae y para mi mayor sorpresa, descubrí que el asiento 83D se encontraba en primera clase, apenas en la tercera fila entrando en este viaje maravilloso que me adentra en un mundo que cada vez entiendo menos pero aprecio más.

Las geishas que atienden a estos pasajeros orientales, con algunas penosas excepciones que me toca representar, tienen un código de conducta muy interesante. Se sonríen constantemente, con una calidez difícil de imaginar en sus colegas criollas.

Me asombró por ejemplo cuando la Señorita Okinawara, se tapó la boca para reírse abiertamente a raíz de lo que parecía un comentario gracioso de un viajero, en un gesto más elocuente que un político desbandado. No menos intrigante resultó otra de las amables azafatas, llamada Ariko, cuando ofrecía frazadas, pantuflas, o incluso, periódicos, y cuando sonreía al momento de atender a la persona desviaba la mirada hacia otro lado como para evitar el contacto visual, mientras se inclinaba como sólo ellas saben hacerlo, en lo que me pareció una muestra de atención, discreción y servicio, combinado con respeto y devoción, todo resultado de un actuación donde la cara dice más que mil palabras. Me recordó los gestos de la Danza de Mali, cuyas bailarinas gesticulan de manera asombrosa, mientras sus ojos bailan tanto como cualquier otro de sus miembros, de un extremo a otro.

Difícil decir a qué responde este lenguaje corporal y gestual, del cual me considero un ignorante absoluto.

Al cabo de ese corto pero interesante estudio social de las trabajadoras del aire que estimuló mi apetito, el almuerzo brindó una Sopa Clara, Aspic combinado con trazas de vegetales en suspensión, Tofú macerado, Arroz al vapor, los infaltables Encurtidos y una pequeña pieza de carne rodeada por una fruta común por estos lados y algo que parecía un apio oriental. Parece que el postre era un poco de arroz en pudín, ni dulce ni salado. Me pregunto por qué los del asiento cercano me miran como si me hubiera comido todo en la secuencia inversa.

Luego de una hora  de retraso debido a Chanchu, el tifón que sigue mis huellas por estos mares, llegó finalmente el avión a Korea. En este punto felizmente coincido con Ricardo quien viene de París con toque en Seoul. Apenas logramos saludarnos maquinalmente, debido al cansancio de tantas horas perdidas de sueño, como si vernos medio mundo aparte fuera cosa de todos los días.

Llegué al Hotel Oasis a las 4:30 PM a la habitación 1402, mientras Loly duerme en el otro lado del mundo. Yo lo haré por las próximas 12 horas (al menos trataré). La ruta entre Pusán y Keoje es animada por un admirador de Alonso, a la vista de su velocidad. Me sentía como en Maracaibo, pasando carros a la derecha y a la izquierda, sin reparar en formas, mientras la esencia del objetivo era llegar cuanto antes y a como diera lugar, con nosotros o sin nosotros.

 

 

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Written by gpisanic

30/11/2010 a 1:01 AM

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