Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

La ruta de la seda – Tramo 2 Maiquetía – Houston

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Miércoles 10 de Mayo

9:00 AM – Buenos días señora – dije saludando cortésmente a la ocupante del puesto 2F Ventana, mientras me resignaba a lo que yo consideraba un largo vuelo de casi cinco interminables horas. Luego del despegue y por las siguientes millas  de ascenso me limité a responder con la mayor amabilidad del mundo las preguntas de mi vecina de asiento. Hasta que mencionó que era natural de Ciudad Bolívar y que tenía 84 años de edad. A partir de ese momento y por las próximas mil millas no paramos de hablar respecto a nuestras familias y las memorias de esa región.

Considerada en su momento como una segunda Teresa Carreño, esta graciosa dama es una pianista cuyos méritos le llevaron allá a finales de los años 30, cuando apenas tenía 15 ejecutar el Impromptu de Schubert sin partitura, frente al Presidente de entonces, heredero del Benemérito, Eleazar López Contreras. El acto tuvo lugar en el Ateneo de Ciudad Bolívar, cuando Malvina Rosales y Panchita Constanti lo dirigían en esa época que surgía al cabo de un largo período de Paz, Trabajo y Comida. Al terminar su ejecución, el mandatario le honró con una audiencia personal en el acto y le ofreció una beca en el conservatorio de Milán, para continuar la tradición de brillantes pianistas criollas. Pero llegó el amor al año siguiente y siendo una niña, obtuvo la bendición del Obispo y las hermanas del colegio Las Nieves, para casarse en la Capilla de la institución, cuando recuerda entre tantos tesoros de la memoria, visitar el cuarto de Piar en el cual se encontraba el chinchorro donde el desventurado prócer esperó la sentencia que le inmortalizaría.

La música le viene de cuna, porque su abuelo, el compositor  Manuel Jara Colmenares, llegó del Táchira a esta tierra de zapoara y le brindó el himno del Estado, cuyos primeros compases ejecutan hoy día las campanas de la Catedral de Angostura, como recuerdo a quien recibiera los honores de la Banda Marcial el día de su partida.

Para que la historia esté aderezada con elemento tan exquisitos como el dulce pasado de merey, mi vecina de asiento la señora Josefina Urbano Jara de Guariguata, me hizo saber que conoció una nieta de aquel mítico emprendedor que fundara la mina El Callao a finales del 1800, en sociedad con Guzmán Blanco, la Señorita Malú Liccioni, lo que resulta insólito a la luz de las trazas perdidas de ese filón histórico.

Al final de la conversación, cuando iniciamos el descenso, descubrí que una de sus tías, llamada Ana Luisa Rodil de Tinoco, quien fuera esposa del Ministro Tinoco redactor de la Ley del Trabajo del 40, vivía en el número 133 de Miranda a Páez, muy cerca del lugar donde habitara por muchas décadas mi familia de Guayana cuando se instaló en Caracas, la casa de Páez a Girardot número 40, en la década de los 50, la cual visitaba constantemente en mi niñez.

Llegué como siempre a Houston dispuesto a continuar mi itinerario, mientras trataba de concentrarme en todas las actividades previstas durante mis próximas cuatro semanas.

 

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Written by gpisanic

25/11/2010 a 1:01 PM

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