Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Páez a Girardot # 40 – Personajes III

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Otros acompañantes, con mayor o menor brillo incluían a la Señora Guzmán, según rezaba el nombre forjado en la reja metálica de su casa en la esquina de Paez hacia Bolívar, en uno de cuyos ambientes tenía una venta de revistas. Todas las comiquitas que costaban un medio de nuestro limitado pero feliz mundo infantil, se encontraban en ese muestrario de cultura popular, de donde nació realmente la pasión por la lectura y el infatigable hábito de conocer siempre más. Personajes como Batman y Superman se encargaron de nuestra salud mental durante ese período.

Por otro lado, el doctor Rodríguez vivía a tres casas al norte del barbero, en una casa convertida en consultorio, donde los muebles, el instrumental y los afiches eran muestra de un pasado mejor, cuando como recién graduado proveniente de Mérida, se residenció en ese lugar donde echó raíces para siempre, para beneplácito de sus vecinos. Recuerdo las consultas silenciosas en esa casa larga, sin niños, donde resonaban las pisadas y cualquier murmullo reverberaba entre altas paredes. En su consultorio destacaba un afiche del juramento de Hipócrates y la figura en miniatura de un partero con un niño recién nacido, a quién le están dando la nalgada con la cual nos dieron la bienvenida a este mundo.

Las casas de San Agustín eran un tributo a la calidad de vida de entonces. Su distribución alargada, le permitía una serie de ambientes de los cuales distinguían un par de jardines internos, donde las plantas de casa creaban una atmósfera propicia para el descanso. Hacia las esquinas de Torres, Pichincha y Arismendi, destacaban unas muy arregladas casas, con el esplendor de esa arquitectura utilitaria, sin jardines externos pero con un zaguán desde donde las viejitas sentadas en sus mecedoras, aprobaban el saludo cortés de nuestros modales importados de los Andes.

La distribución interna de estas viviendas clásicamente se iniciaba con un jardín delantero, el cual se encontraba inmediatamente después de la sala, junto a los cuartos principales, cuyas altas puertas separaban la vida privada de la del sector público, conocida entonces como “visita”. A continuación se encontraba el comedor, oscuro pero espacioso con los cuartos auxiliares enfrente, recinto donde se encontraba el televisor, el picó, el ceibó y el mueble de la vajilla. Finalmente, el conjunto de la cocina, era completado con el baño principal, el cuarto auxiliar y un gran tragaluz que le brindaba la sensación de mayor espacio por la vía de la iluminación natural. Al final de esta construcción, se encontraba el jardín posterior, con el baño adicional y la batea, patio, jaulas de pájaros y materos de chirel, mala madre, cucaracha, romero, navidad y otras plantas de ambiente que completaban el ambiente natural. Una misteriosa botella de licor ponsigué permaneció suspendida en una de sus paredes durante toda mi niñez.

Estas casas eran típicas en un grupo de cuadras que se encontraban limitadas por el Conde hacia el Norte, con la Avenida Bolívar como frontera natural, con la Avenida Fuerzas Armadas hacia el Oeste donde se encontraba el agitadísimo terminal de pasajeros Nuevo Circo y el Parque Los Caobos hacia el Este.

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Written by gpisanic

17/11/2010 a 1:01 PM

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