Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Talentofagia aguda – El almuerzo

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Apenas logré sentarme, aturdido de las presentaciones de la primera parte del día inaugural en la empresa, cuando despertó el teléfono. Miré a los lados y luego de un par de repicadas, respondí lentamente.

-Pisani, buenos días.

-Buenos días Señor Pisani, mi nombre es Marjolie, pero todos me dicen Marji, soy la recepcionista y quisiera saber como prefiere que se le llame.

-Gustavo

-Muy bien, Gustavo, bienvenido a nuestra empresa ¡

Era demasiado bueno para ser cierto, Marji era un monumento digno de la carátula de cualquier revista de moda Europea. Por algo era la cara del negocio apenas se cruza la puerta. Una sonrisa enorme, y respecto al resto de sus atributos también es necesario remarcar la cantidad y la calidad. Increíble ¡

Apenas colgué cuando Justi llegó a mi puesto de trabajo.

-Gustavo, es costumbre del Departamento que acompañes a la Alta Gerencia al almuerzo de bienvenida. Cuando estés listo, te llevo.

-Listo

-Vamos – y ahí va de nuevo ese bamboleo hipnótico que me antecede en el pasillo, mientras el resto de los empleados ni levantan la cabeza de sus escritorios.

Llegamos al salón ejecutivo donde se atiende a los jefes del negocio, de una pompa agobiante. Mi guía me hizo pasar, donde un barman atendió mi deseo de beber algo para aclarar la garganta.

Y fueron llegando uno a uno los responsables de la dirección de la empresa. Hombres y mujeres elocuentes, educados y afables, con una sonrisa idéntica en todas sus bocas. Las conversaciones son tan intrascendentes como animadas, deportes, moda, diversión, lujo y otras actividades que disfrutan en su conjunto particular. Una familia en todo su derecho con el formato más aceptado posible.

-Hola Gustavo, mi nombre es José Conejo.

-Mucho gusto – estrechando la mano firme y sin atreverme a repetir el apellido.

El discurso personal de bienvenida, de la boca del presidente del consejo, causó una gran impresión en mí, tanto por la profundidad como por la extensión. Al final del trago, culminó con una invitación a visitarlo en sus oficinas en el caso de necesitar hablar con él.

-Las puertas de mi oficina están abiertas para todos.

Y se dio inicio al almuerzo mas fastuosos que recuerde de mi vida, donde mesoneros de guante blanco se movían alrededor de los comensales con un ritmo y una maestría admirable.

Entonces llegamos al postre, un sorbete tan delicado y de un aroma tan exquisito que no quise dejar de disfrutar, hasta que se me acercó la persona más representativa de todo el espíritu del que me encontraba rodeado y quien me hizo despertar de esta especie de sueño en el que me encontraba despierto.

-Hola, me llamo Cándida Borja, pero todos me llaman Candia – me dijo con una mirada cuya profundidad podía causar vértigo. Algo en ella me hizo despertar de improviso de tanta belleza y cordialidad. Sus ojos me escrutaban más allá del cerebelo.

-Encantado – mientras su mano se deslizaba como un pescado, o una culebra, de la mía. Había conocido a la Gerente de Talento de esta gran empresa de la “industria”.

Sigue…

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Written by gpisanic

02/11/2010 a 1:01 AM

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