Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Cena fin de año

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La invitación llegó como siempre, por las vías previstas para las comunicaciones trascendentales de la empresa, según la cual la gerencia se honraba en recibirnos en la ocasión de celebrar juntos, otro año más. El lugar, las residencias del dueño.

Allí me encuentro ahora, rodeado de esa conveniente felicidad artificial que supera las barreras de las clasificaciones de cargo, mediciones de desempeño e incluso, de potencial de carrera, esa apreciación tan parecida a un grado de consanguineidad que resulta imposible evitar la apuesta al factor Rh de los ungidos por la divinidad ejecutiva de turno.

Por igual resuman alegría, felicidad, armonía y todas las fuerzas positivas del universo, el cual se ha alineado hoy,y aquí, para brindarnos de manera inolvidable la oportunidad única de “compartir” con los emisarios del Olimpo quienes tenderán sus enriquecidas manos, para mezclarse con la masa flamélica de sus afortunados empleados.

El sonido podría haberse grabado y resultaría idéntico, hasta en el nivel de los decibeles invertidos en los saludos, las chanzas y en los abrazos, reservados para aquellos más cercanos a los centros del poder. Las voces, las risas, los comentarios y las alabanzas mutuas, fluyen como las bebidas, para el deleite de los elegidos, quienes en compañía de sus esposas con cara de resignación, se someten al rito anual del peregrinaje a otro ticket al empleo por los próximos 12 meses. Se inicia la fila para el buffet.

Una vez todos sentados y en una clásica imagen, suena la copa, seguido del anuncio, llamando a no desmayar en los esfuerzos que nos ha tocado realizar, todos, para apoyar esta empresa en su denodada lucha por el beneficio de sus accionistas. Y agradeciéndole eternamente a esa masa anónima, en una muestra de lealtad digna de la situación tan exigida, debemos estar preparados para realizar los sacrificios que sean necesarios para mantener el barco a flote en esta tempestad que dura ya varios años.

Es difícil no enjugar una lágrima a consecuencia de esta arenga digna de Pericles. La despedida no es menos emotiva, como si nos viéramos mañana, mientras el Olimpo espera por sus enviados quienes bajaron a traer un hálito de esperanza, a esta masa laboral que necesita la protección de estas deidades.

Al otro día regresaremos a nuestra supervivencia primal, con los enfrentamientos y las pequeñeces que le quitan vida a la vida. Hasta la próxima cena de fin de año.

 

 

 

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Written by gpisanic

29/10/2010 a 1:01 PM

Publicado en Viajes y aventuras

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Una respuesta

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  1. Gustavo, esta es una fiel crónica del mundo laboral que nos ha tocado vivir, es especialmente emblematico el discurso de proa de barco en plena travesia y el inevitable retorno de las masas a las cubiertas inferiores, donde ya no habra vino ni manjares, sino la dureza de los remos, el incomodo roce por confinamiento, y el inclemente latigo de los supervisores verdugos, cuya unica función es justamente quitarle vida a la vida y animo al animo.

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    KARIM

    30/10/2010 at 9:57 AM


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