Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Anestesia por cable

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No se me había ocurrido antes, pero luego de los terribles acontecimientos que tuvieron lugar en el consultorio de mi dentista, a consecuencia de una nueva anestesia, le pedí que a partir de la próxima cita me colocara en lugar de la inyección para atenuar el dolor, la tele.

Y lo hizo, apenas llegué a la sala, en lugar de aquellos compungidos pacientes cuyos gritos helaban la sangre del recién llegado, todo era pura sonrisas, música y aplausos. Parece que le está trabajando el método.

Me llevaron a la silla, como diría un condenado, y antes de abrir la boca a la intervención del día levanté la mano para hablar. La sorpresa en las asistentes dentales se reflejó en sus caras de porcelana.

-Tengo una petición – como condenado que estaba – quiero ver mi programa favorito – y se distribuyeron las tareas de inmediato. La primera anotó el nombre del programa, la segunda se aseguró de colocar el equipo frente a mi posición en la silla.

-A ver, qué tenemos hoy – dijo el profesional de los dientes.

-Los tres chiflados – dije sin verle la cara, mientras disfrutaba otro de sus capítulos clásicos.

E inició su tarea despiadada de fresado, corte y costura. Era como si me estuviera tomando una limonada.

Al final de la jornada, se quitó el visor de seguridad y mirando alternativamente entre la pantalla y mi cara, me preguntó?

-Cómo puede ser más efectiva la televisión que la anestesia?

Con la boca adormecida por el trauma y la intervención, le respondí hablando como un púgil declarando a la prensa luego de la pelea;

-Cómo crée Usted que la humanidad ha sobrevivido a las malas noticias de hoy día?. Cómo piensa que la mitad del mundo se muere de hambre y la otra está obesa? Porqué seguimos camino a la destrucción de los recursos naturales? Dónde perdimos el curso?

Antes de dejarlo responder, le atajé;

-Mi explicación apunta a la humanidad, la cual perdió su capacidad de discernimiento, y lo hizo desde el momento que le prestó su atención a la televisión. Era como si le hubiera cedido su cerebro para que pensara por él o por ella. Para que en su lugar, se planteara los problemas reales que condicionan nuestra estadía en el planeta. Como si se tratara de una solución perfecta; acudo a mi cerebro en la sala cuando no tengo nada que hacer, porque mis necesidades inmediatas están cubiertas.

-Como resultado – proseguí – ahora es la caja la que piensa y no deja hacerlo al dueño o dueña original. En un acto inverso al de Prometeo quien arriesgó todo por el fuego divino para entregárselo a los hombres, devolvimos el espíritu humano a una caja de luz y nos contentamos con que nos diga qué vamos a hacer y qué nos va a gustar.

Se quedó mirando a través de mi, con un gesto vacío, por un largo tiempo. Tan largo que le conseguí en el mismo sitio cuando regresé para la próxima cita.

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Written by gpisanic

21/09/2010 a 1:01 PM

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