Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

El ascensor hipocondríaco

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La gravedad en su sitio

Algunos días al ascensor número 1 le da por olvidarse de los pisos marcados, y le sucede en los niveles intermedios, obligando a los pasajeros a devolverse hasta la planta baja, hasta que logra mantener la secuencia original de todos los números. Parece que intentara recordar el mandato original, pero se conoce como un esfuerzo vano. Un caso de pérdida temporal de memoria, inducida por malnutrición o maltrato laboral, o ambas.

En otras, le da por mantener la puerta abierta durante un período más largo que el esperado, con una parsimonia exasperante. La manifestación es variable, para el sufrimiento de los usuarios quienes le conocen la maña. Apenas intentan pulsar el botón de cerrar la puerta, se activa como por arte de magia. Aquellos familiarizados, suben sus hombros en un gesto cómplice, la sorpresa es para los incapaces de conocer el comportamiento del equipo. Se sospecha del ánimo inestable debido a marcadas carencias afectivas durante sus primeros ascensos.

Le he visto pasar de largo un piso seleccionado, o pararse donde nadie lo ha solicitado. A veces la puerta se cierra alegre, otras como con desgano. El típico ejemplo de un profundo déficit de atención ocasionado generalmente por la baja calidad de los lubricantes.

Entonces se llamó al técnico de la fábrica de los equipos, y muy pronto llegó un señor enjuto con su braga gastada y una caja de herramientas tan grande que no podía con ella. Pero la llevaba de aquí para allá, como una penitencia impuesta por algún pecadillo del que ya no se quiere hablar hoy día.

Escuchó con atención las explicaciones del responsable del mantenimiento, sin dejar de verle la corbata, aspiró sin convicción su cigarro de tabaco rubio mientras lo bañaban de términos técnicos. Y luego de lograr safarse de esa larga charla, con los dos dedos en los cuales mantenía equilibrado el cabo señaló a su interlocutor, preguntándole sin verlo a los ojos;.

-Donde está el equipo?

Le llevaron como si fuera en dirección al quirófano, o a la celda del próximo en la fila de la ejecución.

Se paró frente al viejo carro, y sin mediar palabra despachó a todos abanicando su mano libre por sobre el hombro, como espantando moscas.

-A ver, qué tenemos aquí? – comentó en voz baja mientras acariciaba el metal brillante del marco que sobresale como un adorno ArtDecó, sin serlo.

Se escuchó un sollozo proveniente dela casa de máquinas ubicada en el tope de la edificación.

-Si lo sé, lo sé, vamos se bueno y abre la puerta – y la puerta se abrió, cerrándose de inmediato tras del técnico, el cigarro y la caja de herramientas, una vez que se embarcó.

Las horas pasaron, las luces titilaron en toda su extensión, los sonidos se combinaron en subida y en bajada, frenando, acelerando. Recorrió uno a uno en cada sentido, todos los niveles del edificio.

Al cabo de toda la extenuante jornada, por fin se abrió la puerta y consiguió al técnico con la cabeza gacha,agarrándose los codos como escuchando una confesión proveniente del intercomunicador interno. Asentía y negaba lentamente mientras escuchaba la historia increíble de un elevador papá que vino de otro país y le negaron la entrada en la frontera, impidiendo así la reunión familiar.

El rompimiento forzado fue demasiado para el resto de los descendientes y se destinaron entre varios edificios. Al que fue a dar a Francia lo expulsaron por Gitano.

Salió finalmente de la cabina, mientras luchaba con sus aperos y sacaba simultáneamente un papel de su bolsillo opuesto, habló con el cigarro en sus labios y los ojos entrecerrados por el humo.

-Aquí les dejo una lista de lo que necesita, el pobre lo que sufre es de hambre. Mucha grasa de la buena, y de vez en cuando aceite en las puertas y en los botones del panel, que se pegan. Y no olvidar darle los buenos días ¡. La cuenta la envían de la oficina. Adiós ¡ – Y sin voltear salió con su carga hacia el próximo caso patológico de su larga lista de pacientes.

Ahora los usuarios no pueden evitar reír, cuando entran en el venerable y renovado elevador número 1, donde se encuentran con un mensaje escrito con grasa fibrosa en el techo;

“Nunca olvides quien te ayuda a subir alguna vez en tu vida” – y todos lo hacen deseándole un gran día ¡

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Written by gpisanic

16/09/2010 a 1:01 AM

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