Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

El HipoSaurio

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El dragón robusto tenía un ataque de hipo y luego de una semana bajo esa condición había asolado toda la floresta Cretácica alrededor de su cueva. Sólo quedaban cenizas y humo de la frondosa jungla que brindaba casa y alimento a esta pareja de monstruos pacíficos habitantes de la región selvática en lo que sería Romania.

Pero no había solución a la vista porque a los veterinarios les iba a tomar algunos millones de años en aparecer sobre la faz de esta tierra. En la cueva era muy peligroso que la pareja descansara uno al lado de otro por el riesgo de combustión espontánea, y el ánimo estaba en el peor nivel desde la visita de 6 meses que la suegra les había regalado el verano pasado. Resultaba insostenible y no había solución a la vista, desde el susto con un Megaterio hasta dejar de respirar bajo el agua que por poco y lo mata, nada parecía resolver esta situación.

-Mi amor, te duele? – le preguntó ella, ardientemente amorosa y desesperada de verlo sufriendo.

-Humm – gruñó él con la mano sosteniendo su mejilla y los ojos cerrados, esperando el próximo ataque desde sus propias entrañas. Empezaba con un temblor leve y terminaba con una gran explosión de llamas y humo que le salía por las narices, las fauces y hasta por las orejas. Era terrible.

-No será algo que comiste? Te acuerdas de algún trilobite, o de unas bayas en mal estado? – o algo que bebiste? – recordando la otra noche de celebración con sus colegas de incendio.

-Hic – seguido de una gran llamarada y los codos levantados en un gesto elocuente, por toda respuesta.

El desespero era inaguantable, mientras los niños se encontraban con su abuela en las montañas, para evitar un accidente del hogar. El impacto en la familia estaba costando caro en la vida cotidiana de esta pareja normal.

Entonces finalmente algo se le ocurrió a la dueña de cueva, y al cabo de una excursión por el valle contiguo, regresó con un atado de presas y de ramas. Nada como una medicina casera para los males sin cura. El humo saturó el ambiente, con un olor diferente, pero el Dragón ni se inmutó, estaba descansando de su último ataque que afectó el lago glacial de la montaña del Sur. Las fuentes cercanas de agua se estaban secando. Finalmente llegó la luz del día y la preparación esperaba por el paciente.

-Por qué no te tomas este menjurje que te preparé, mi vida? – le preguntó con llamas de pasión en sus ojos, acercándole un cazo antideflagrante con soporte de piedra pómez.

Con grandes ojeras, probó desganado lo que le ofrecían, bebiéndolo con apetencia. El ánimo le volvió al cuerpo y con los bigotes teñidos de rojo, le preguntó a su enfermera privada.

-Muy bueno – animado – qué tiene? con qué lo preparaste?

Con un gesto salvajemente femenino, lo miró de lado, se acomodó un rizo de la cresta y subiendo uno de los hombros mientras ladeaba la cabeza con la cola azotando de lado y lado, le dijo dulcemente.

-Pues nada, un poco de sangre aquí y allá – chupándose un dedo con fruición y la mirada afilada, con los futuros bosques de Transilvania al fondo del paisaje.

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Written by gpisanic

01/09/2010 a 12:01 AM

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