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Historias en Cubierta – Shuey Ling – Intermedio

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La casa del los jarrones

Shuey Ling se disponía a retomar la historia de la noche anterior, con la princesa atribulada por la ubicación de los jarrones chinos en el cuarto de visita de su palacio. Viendo que todos se encontraban dispuestos a continuar, con su escoba al lado se aclaró la garganta y con el centro de la palma de su mano agarrando justo el extremo del mango, apoyó en ella su cara de lado, encogiendo los hombros por un momento.  Era su momento favorito del día.

Mirando hacia la escotilla, continuó la narración que tenía a todos encantados para ese momento, como si tuviera un libro abierto frente a sí.

-Papi, papi – dijo la hija mayor luego de sus oraciones – qué le pasó a la princesa?

-La princesa amaneció muy alegre porque su esposo había dispuesto varios ayudantes para arreglar los jarrones  de la manera que la hiciera más feliz. Pero luego de toda una jornada moviéndolos de un lado a otro, no estaba conforme ¡.

-Pero esa princesa si es inconforme ¡ – interrumpió el encargado de las verduras, mientras guardaba un huacal para la ensalada de mañana. La señora suspiró, repitiendo – Esa princesa si es inconforme ¡ – y todos rieron en medio de la bahía oscura.

Cuando llegó el Príncipe de sus tareas de administración del reino, se encontró con su bella esposa llorando desconsoladamente y tendida en su cama real.

-Qué pasó? – No hicieron lo que les ordenaste? – preguntó listo para impartir justicia severamente, como lo había aprendido de su padre, justo en el momento de la infracción.

Con los ojos rojos, y la boca temblando, ella suspiró y con un alarido sorprendió a su esposo,

-No me gusta cómo quedaron ¡ – Y siguió gritando fuera de sí, frente a la desesperación que agobiaba a su cónyuge.

Se le acercó, postrado al lado de la cama, y con la cara de ella en sus manos, le dijo en el tono más dulce posible – Y qué puedo hacer para no verte llorar así, amor mío? – Ella se incorporó con toda la extensión de su corta estatura, y secándose las lágrimas de un golpe, le dijo secamente sin mirarlo siquiera a los ojos – Que seas tú quien los arregle como yo quiera ¡

El príncipe se quedó inmóvil postrado a los pies de la mujer. Era el hijo del hombre más poderoso de toda la tierra, dueño de cielos, mares y tierra, capaz de hablar con los dioses del universo para decidir la suerte de sus dominados, con más de 30 generaciones de su dinastía sentadas en el trono del corazón del mundo, cuyo linaje sin fin no ha conocido nada ni nadie que limite sus deseos o su poder. Y hoy, esta diminuta mujer implacable, le está exigiendo al hijo del Emperador de China entera, que le obedeciera a mover los jarrones del cuarto de visitantes.

-Si, mi amor – dijo el Príncipe luego de parpadear nerviosamente, bajando la cabeza tocada de la corona real.

-Buenas noches – dijo el encargado de la cocina, mientras apagaba la luz.

-Hasta mañana – dijo el padre cerrando el libro lentamente.

…continuará….

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Written by gpisanic

27/08/2010 a 7:24 AM

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