Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Luciérnaga

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Las luciérnagas me hablan de noche. Sus intermitencias dan cuenta tanto de amores y viajes, como de luces y pasiones invisibles durante el día. Fugaces vestigios que adornan el mundo cuando duerme, en juegos que se estiran hasta perderse de vista, como la melcocha con la que soñé algún día.

Su danza silenciosa trae a la vida el jardín de sonidos que despierta cuando cae el sol, gracias al trabajo sin descanso de los que necesitan trascender en la tarea de asegurar su existencia, cual chicharra enamorada. Esa energía que les mantiene volando mientras alumbran la ruta hacia el amor de su vida, es capaz de transformar la oscuridad en conocimiento y revertir tantos otros sentimientos que no se compadecen de este milagro luminiscente. Sí sólo pudiéramos mantenerlas a nuestro lado, mientras les leemos bucólicas obras escritas a la luz de las velas. De seguro regresarían mañana a esa simbiosis vespertina de enriquecimiento, que permite a la humanidad elevar hacia el alma la vida, tal y como lo cantan Pastori y Alfaro Calatrava.

La responsabilidad de iluminar el mundo a expensas del amor, es un trabajo que puede resultar ingrato a veces. Ya llevamos algunos redentores en la cuenta. Ciertas personas las ven como plagas, otros seres las ven como alimento, pero por encima de esos sentimientos, ellas ameritan seguir siempre adelante con la tarea noble de espantar a las sombras.

Las luciérnagas danzan de noche, cual bengala en las manos de un niño, cuya cara se alumbra de asombro ante los caminos de luz que construye en el aire. Escriben su nombre a contraluz, por segundos extraordinarios que penden de la brisa, marcando las memorias frescas que nunca caducan.

En su viaje construyen un rompecabezas de colores que los ciegos al increíble rango de sus gamas no podemos seguir fielmente, pero nos imaginamos la alegría que le aportan al mundo. Hacia donde irás con tu carga virtuosa, una vez que te pierda de vista?

Bombillo con alas que adornas los árboles de navidad en el campo, formaste la primera red capaz de comunicarse a distancia. Pequeño pedazo de sol frío que nos regalas lo mejor de tu esfuerzo, cuando más lo necesitamos.

Te imagino en la cueva con mis antepasados recién erguidos, antes de quemarse en el intento de domesticar el fuego. Y tú viéndolos con tu sangre fría, desde una esquina escondida en esa cuna humana.

Cuento con tu entusiasmo para contagiarme luego de una jornada atribulada, y recuperar por esa vía lo que necesito para cerrar la noche. Ilumina mis sueños de nuevo, como lo hiciste durante mi infancia.

Por qué no aprendí la clave Morse antes?

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Written by gpisanic

03/08/2010 a 7:12 AM

Publicado en Vidas y pasiones

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Una respuesta

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  1. […] profundidad de la excavación. Tampoco repararon en las fallas ortográficas del mensaje en clave Morse, lo importante era ante todo, la vida de los mineros […]

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