Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Toro Sentado

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Lo consiguieron de pie, contrario a lo que su nombre señalaba. Valiente durante toda su vida, lo fue al momento de su rendición, para proteger a su gente.En una historia desigual, la vida de un jefe indio tiene visos de ingenuidad, porque la valentía era una manera natural de asegurar la existencia de la tribu. La supervivencia no es un acto valiente, es la única opción para quien decide entregarse por los suyos.

Su estatura moral daba miedo a los verdugos. Venían en cantidades a someter a unos pobres nativos, devenidos a menos por el hambre y el frío. Pero el temor es libre y la conciencia también. Engaños, traiciones y todo un catálogo de bajezas no lograron restarle estatura a esa figura, a pesar de estar sentado.

De toda esta tragedia, que el detonante de su muerte haya sido la invocación de una danza, resulta irreal. La influencia sobre los espíritus debió ser tan grande, que los carceleros no deseaban verle compartiendo la libertad del cuerpo y de la mente, brindada por esta ceremonia inmemorial. Los pies de los bailarines no golpean la tierra para mostrarle su respeto, mientras el alma fluye en armonía con el ambiente que le abraza.

Representa a una raza que hoy sigue su ejemplo, sobreviviendo a pesar de las circunstancias. Avanzando en una jungla legal e imponiéndose por sus creencias, que le incluyen. Me recuerda a los Wayuu de mi tierra, quienes se definen como guerrero invasores que desplazan al habitante blanco, de sus propias ciudades, en núcleos que van creciendo de adentro hacia afuera. Y lo logran por ese empeño en sobrevivir, tan marcado en las razas que no fueron exterminadas, a pesar de la conjunción de fuerzas infinitas en su contra.

Entonces alguien tiene que ejecutar el deseo hecho orden, venido de abajo, capaz de truncar vidas como la suya, que merecía mucho más que un espectáculo de indios y vaqueros para su paso a la historia. Al menos les insultaba en su lengua Lakota, y hasta le aplaudían al verle imponente disfrazado de plumas. Pequeña venganza para tan grandes pérdidas.

Su danza los hace nerviosos, no resisten la libertad que viene de adentro, la que no necesita órdenes para vivir. El movimiento a su alrededor crece y con él la desesperación de sus carceleros en la reservación. Al pánico le sigue la violencia y dos disparos liberan su cuerpo para que siga inspirando por siempre, a los que creen en las causas humanas y no políticas.

Gente como Toro Sentado hace falta siempre.

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Written by gpisanic

22/07/2010 a 8:01 PM

Publicado en Historias del pasado

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