Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Tres Méridas Tres

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Jamás se imaginó el Emperador Augusto que el asentamiento fundado en la Hispania como tributo a las bravías legiones V Alaudae y X Gemina, denominada con mucho acierto Augusta Emérita en el año 25 a.c., daría inicio a una serie de auspiciosas fundaciones similares aunque por motivos diferentes, tanto en Yucatán sobre las ruinas del Mayab o mundo Maya gracias al Mozo Don Francisco de Montejo y León en 1542, como en la Tierra de Gracia, donde el Capitán de la Capa Roja y por cierto dado de Extremadura, Juan Rodríguez Suárez, fundara Santiago de los Caballeros de Mérida. Bello recorrido para una meritoria causa augusta.

Quienes han nacido en alguna de esas lindas ciudades, caso único de toponimia mundial, disfrutamos al extremo de las expresiones culturales de las cuales la Gastronomía jamás ha sido y dudo que llegue a ser, una posible excepción.

Recuerdo justamente en la Ciudad de los Caballeros la primera vez que acudí a una corrida de toros, ese combate mortal para ambos participantes de la arena, donde la gracia y la muerte se dan la mano rodeados de ritos, celebración y sangre, mucha sangre. Además de la resignación del toro y del aprovechamiento del matador, lo que más me llamó la atención hasta este día, es la redacción de los vistosos carteles del evento principal, en los cuales se anunciaban de manera repetitiva, “6 Toros 6”, como si se atenuara de esta manera el espectáculo macabro de género luctuoso, heredado desde las grandes celebraciones paganas que alcanzaron el típico encanto Romano en su colosal Coso de la Ciudad Eterna. En esa meditación me encontraba cuando entré al Restaurante Tres Méridas en honor a las ciudades homónimas.

En una muestra ecléctica de selección de estilos, es difícil compaginar tan disímiles naturalezas aunque hispánicas todas, entre Yucatán , Extremadura y los Andes, sin embargo el intento bien vale la pena en esta paila de mezcla de los Estados Unidos, de la cual el Estado de Texas es nada menos que el caldo de cultivo de los futuros AmerHispanos. Se trata de un local tocado del tratamiento cosmopolita que resulta de una Venezolana empeñada en lograrlo en Dallas.

Una torre similar a las que enfrentó el Hidalgo Caballero por allá por La Mancha, nos recibe frente a un bar estilo Americano, frente al cual se despliega un Patio discreto pero entusiasmado por ruidosas celebraciones de mesas repletas de comensales curiosos de este milagro contemporáneo de la restauración, el cual se extiende por predios próximos a la cocina, situada justo en medio del comedor y los tragos.

De una carta afortunadamente limitada, sin pecar de incompleta, recorrimos un estilo de fusión que la Chef persigue frente al reto de contentar los paladares de dos hemisferios y al menos cuatro culturas que a duras penas se reconocen, lo cual logra con la magnífica preparación de un Cevice que deja muy atrás, con el perdón de los Incas, al plato originario de Perú debido a la incorporación de elementos impensables para este preparado sencillo, el cual adquiere una dimensión diferente en presencia de la Mostaza con Miel y la Capsaicina del pimiento o ají picante para aligerar el alma y llorar los ojos. En compañía de esta expresión creativa, la mesa se llenó de tostones alargados, aderezados con ajo y en presencia de unas salsas de aguacate y de tomate muy apropiadas para sacar del anonimato a nuestra humilde Musácea de lujo.

En cuanto al elemento de más allá de los mares, un aceptable Jamón Serrano junto a cierto Queso Manchego de cuyo nombre alguno de los presentes quiere acordarse, equilibró el apetito para avanzar en nuestra excursión de múltiples destinos.

La marcha continuó con un Salmón Latino, pieza seguramente de origen Chileno, asada con furia y aderezada con cierto toque similar al del Ceviche, lo que me hizo deducir que los halagos tempranos del abreboca, abrió la imaginación de repetir el condimento en esta pieza de por sí exquisita. Como buen cuate, seguimos la ruta del postre con una Crema Catalana igualita a mi querida Loly; dura por fuera y de una exquisita ternura interna, como buena Gallega que se precie.

El capítulo del Café, como es ya costumbre por estos desarrollados lares, carece de la lógica que en cualquiera de las tres Méridas podría jurar se consigue en toda esquina, un café expresso que no supere la mitad de la taza prescrita para el caso.

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Written by gpisanic

11/07/2010 a 7:02 PM

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