Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Estación Nowata

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Nuestra casa se construyó lentamente, bajo lluvias de primavera y soles de verano, hasta que con la última hoja del otoño abrió sus puertas para darnos la bienvenida a nuestro propio sueño. La calidez se percibía apenas cruzar el marco, dotada de vistosos espacios con vanos de gran altura los cuales recibían las caricias del sol, el primer visitante de cada día. La vida tenía un lugar para disfrutarla y la vecindad de un parque bucólico nos hacía leer a Virgilio al aire libre. La propiedad era limitada al Oeste por un muro de contención construido de durmientes, detrás del cual las aves reinaban en un pequeño bosque capaz de cantar por la acción del viento. Tal y como me imagino al Santuario de Dodona y su encina.

Pero las noches eran diferentes, un creciente rumor tomaba cuerpo en el jardín hasta que rompía el sueño de la familia.A partir de ese instante resultaba inútil tratar de conciliarlo tanto como ubicar la fuente de la tribulación nocturna. Ruidos de diversa índole, imposibles de identificar, a veces como si fueran conversaciones llevadas por el viento, otras sollozos en la distancia, siempre ahogados por el rumor que se disipaba con el primer rayo de sol. Entonces la felicidad volvía a los cuerpos agotados, para disfrutar la naturaleza a nuestro alrededor.

Algunos meses inexplicables se sucedieron rápidamente, y lejos de calmarse los sonidos nocturnos, crecieron en intensidad y en variedad. Parecía que ganaran velocidad, tumultos apresurados en camino a la oscuridad de la noche nos dejaban de lado en su procesión, nada hacía sentido y nuestra salud comenzaba a ser precaria. Luego de agotar los recursos disponibles, invocando autoridades, vecinos y aumentando las luminarias en el sector, aprendimos que nada nos ayudaba a resolver esta agobiante situación. Acudimos entonces a la biblioteca del pueblo para investigar la existencia de fenómenos similares o cualquier dato que nos ayudara a recuperar nuestra vida nocturna y con ella la tranquilidad.

Luego de tanto empeño y al cabo de miles de consultas, una bibliotecaria de la tercera edad, viendo mi perturbación al devolver el  último de los libros de referencia, me preguntó cuál era el problema.

-El sueño se fue – le respondí de manera seca pero cordial, con una mirada perdida de vidrio.

Ustedes son nuevos en el Pueblo -dijo con un gesto de curiosidad – Seguro se mudaron cerca de la estación – añadió.

-Cuál estación? – Pregunté levantando la vista,no recordaba haber visto nada similar en la urbanización o en su cercanía. Pero me dejó hablando sólo.

La historia no escrita, se tradujo en la existencia de una propiedad reclamada a mediados del siglo pasado durante la campaña de población de esta zona olvidada, donde se desarrolló el derecho de paso de una vía férrea y cuya estación principal colindaba con el parque vecino. Para mayores señas la propiedad donde se desarrolló nuestro asentamiento particular correspondió al andén principal, cuya estación obtenía el nombre de Nowata,para ese momento particular el pueblo de mayor importancia al Sur de Kansas.

La estación Nowata fue testigo de las penurias más dramáticas de la truculenta historia local, desde el desplazamiento de los nativos a costa de sus tierras y sus vidas, la penosa movilización a la guerra civil y la inmigración interna producto de la catástrofe ambiental cuyas tormentas de arena les persiguieron hasta California como huyendo de una pesadilla en plena recesión económica. Familias por millares sufrieron la peor de las suertes alrededor del andén a la vera del cual trato de conciliar el sueño cada noche sin lograrlo.Todos pasaron por ese mismo lugar dejando su estela de pesar  y tristeza, que resiste el tiempo.

Durante uno de los tantos desvelos, me pareció escuchar un silbato en medio del tropel al cual nunca me acostumbraría. Resultó suficiente para iluminarme en medio de la oscuridad y devolver rápidamente la paz a nuestras noches.

Un gran reloj de estación hoy día adorna nuestro jardín a la altura de lo que era el andén, donde seguimos leyendo las éclogas, mientras las almas atormentadas nos reservan la noche para el descanso, arrullados por los sonidos naturales. El itinerario de los trenes es ahora diurno, cuando nadie repara en el tumulto impenitente ahogado pore l canto de las encinas.La Encina y el Viento

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Written by gpisanic

30/06/2010 a 2:26 AM

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