Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Raíces eternas

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La nostalgia es el dolor por retornar, apego a lo propio, extrañar las tradiciones y las amistades, esa familia extendida que nos alegra la vida en medio de los pesares que nunca faltan. Ese sentido de pertenencia y compañía del viaje hacia el mañana, donde uno aprende que solo es necesario llevar lo imprescindible a lo largo de paisajes, personajes y recuerdos que ayudan a aligerar la carga del calendario.

Tan evocadora como provocativa es la reunión inesperada y luego de tanto tiempo que cuesta precisar, con aquellas personas que han estado siempre al lado, de manera consecuente, sin necesidad de pronunciar palabra porque hay momentos en los cuales éstas sobran.

Del abrazo a la celebración, rodeado de recuerdos – con ayuda de quienes forman parte de esta hermandad y nos acompañan por medios virtuales – para enhebrar el camino que nos ha traído hasta la Playa de Miami, donde la libertad es recordada con dolor y admirada como una cicatriz ganada en las clases de la maestra más severa cuyas lecciones quedan como trofeos del gabinete de las medallas y logros, sin necesidad de reconocimientos que no sean de quienes nos importan. 

Recorremos recuerdos por décadas, personajes por docenas y revisamos nuestra ubicación en este tránsito de una vida que nos ha llevado por caminos tan diversos como lejanos, desde donde siempre regresamos a nuestra juventud intensa y feliz por la extraordinaria concurrencia de unos personajes quienes construyeron un universo basado en la hermandad y sobre todo el humor, rodeados de la nostalgia por un mundo arrasado por la modernidad donde se respiraba el apego a los orígenes del Saladillo, en el corazón de la Maracaibo marítima, donde las historias son tan diversas como profundas las arrugas de esos marinos que extrañan el marullo.

Hablamos sin detenernos, con una sonrisa perenne que no detiene nuestra emoción con la que salpicamos a los comensales, representantes del pasado glorioso, del presente amoroso y especialmente del futuro prometedor, al cual dedicamos estas líneas y contamos con que aluda a esta celebración como un hito en su corta vida.

Cerca de cuatro décadas nos observan, con la misma desfachatez con la cual iniciamos una amistad incorregible, con reglas propias, observada con curiosidad por los que nos rodean y especialmente con un lenguaje propio sobre el que se ha construido un universo en expansión eterna.

Quédate con quienes honran la amistad sin reservas, perdonan y aceptan todo en pos de esos vínculos imposibles de disolver por distancias, tiempo o circunstancias, gestos y recuerdos únicos que enriquecen algo que siempre nos lleva de retorno a ese Saladillo donde construimos – y seguimos construyendo – un mundo que no deja de sorprender especialmente a sus habitantes.

Dedicado a todos los que nos han acompañado a lo largo de esta aventura, y a quienes tenemos presentes en nuestro ejercicio permanente de honrar la amistad y el amor; lo que han unido los malayos que no lo separe nadie.

Gustavo Pisani, Febrero 14, 2022

Il Bellagio

600 S. Rosemary Avenue, West Palm Beach, FL 33401

A fondo

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La playa bailaba de día con vórtices de arena por doquier a causa de los terremotos a flor de las costas donde los peces saltaban sorprendidos de haber sido expulsados de su medio, boqueando por agua y con ojos desorbitados listos para olvidarse del cardumen donde habían hecho amistades de las que duran toda una vida. Las erupciones resultaban una curiosidad en un mundo ocupado en distraerse de sus preocupaciones inmediatas.

Pero ese banco arrastraba en su interior un mal mayor capaz de aglutinar las corrientes y congelar las olas, aunque nadie parecía interesado en ese drama invisible como todas las verdaderas amenazas imperceptibles a la mayoría. Una situación anunciada por expertos impotentes ante la proliferación de opiniones interesadas capaces de manipular al público pendiente de la gran noticia del momento en pos de la fama efímera.

La contaminación era ya parte del mar en toda su extensión, tanto pelágica como abisal, y no había como alertar de la muerte prescrita a la que todo organismo estaba destinado, consciente o no, mientras su organismo perdía irremediablemente su capacidad de vivir por la oclusión de sus procesos vitales.

Hasta que las puertas de Hércules se cerraron de nuevo bajo el ultimo estruendo que cruzó el Atlántico y mientras las noticias despertaban a los espectadores de la Costa Este, el Mar Mediterráneo comenzaba a drenarse por el Canal de Suez debido al desnivel causado por el magma en la zona de Gibraltar. Una cascada marina inundaba los desiertos mientras los camellos se despertaban de su siesta obligada.

Para cuando el menguado hilo de historia escurría de prisa sofocado por el sol del levante, la gente no lograba entender en lo que se había convertido el fondo marino a partir de lo que era la costa hacia apenas algunas horas. El ocaso marcaba las sombras proyectadas en accidentes jamás vistos por humano alguno, las paredes de los continentes se hundían en valles inmensos de dimensiones incalculables.

Armadas enteras yacían bajo tesoros olvidados, héroes, villanos y personajes vestidos de algas adornados de estrellas de mar, contemplaban en silencio en completa desnudez ante la sorpresa de un continente que se asomaba sorprendida entre naufragios de civilizaciones sin enemigos capaces de doblegarlas hasta el ocaso por declive, invasiones o peste. Nadie era inmune a lo invisible y para cuando el enemigo se anunciaba a las puertas ya era tarde.

El lecho se encontraba tapizado de plástico, indestructible imponiéndose sobre la civilización de la modernidad incapaz de entender el impacto de su irresponsabilidad. La abrasión había creado esporas poliméricas capaces de tapizar órganos enteros hasta ahogar la esperanza de los sobrevivientes de esta nueva hecatombe. Un cataclismo de resinas que marcaria el fin del Antropoceno y por siglos impediría el renacer de cualquier forma de vida al bloquear la atmosfera con nubes impenetrables.

El rugido que se escuchaba desde el sur no era marino, eran emigrantes que acudían en tropel por el camino negado por un mar que ahora les daba paso con un puente de polímeros de todos colores.

Gustavo Pisani

Richmond, Septiembre 27, 2021

Written by gpisanic

27/09/2021 at 9:51 AM

Implantes mentales – La mente en su laberinto

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Me ofrecí de voluntario – creo recordar – en la prueba del implante mental para mejorar la memoria, pero no estoy seguro de los resultados a la fecha.

Frente a mí tengo el reporte del proyecto, donde aparecen los documentos que reflejan mi consentimiento, sin derecho a compensación alguna, independiente de los resultados. Fotos donde aparezco estrechando la mano de famosos con amplias sonrisas y miradas cómplices, vestido de gala en ambientes lujosos repletos de luces. Era la cobaya del momento.

Escucho asombrado la grabación de entrevistas, repaso la presencia en los medios, plataformas digitales y todas las declaraciones y siempre llego a la misma conclusión – Pero quién es éste?

Me tomó una vida rescatar mi mente del secuestro al que se encontraba sometida por el implante. Al principio, avanzó sobre algunos centros de memoria donde se adueñó de las imágenes familiares, luego reemplazó convenientemente todas aquellas con una reproducción que me era ajena – se trataba de otra persona suplantándome en la propia subconsciencia. Todas las impresiones archivadas hasta ese momento, se drenaron por el sistema linfático y excretadas junto al resto de los desechos de este metabolismo que ya no me pertenecía.  

Al final, el sistema parasimpático era lo único original que permanecía a salvo de esta invasión, y desde allí comenzó la reconquista, entre movimientos peristálticos que encontraban eco en la zona mesentérica, punto de partida del memorable ataque final. Se le conoció como la historia épica intestinal.

No voy a detallar los terribles eventos, ni la estrategia que cortó la ruta de escape, pero finalmente logré retomar mi conciencia. Tampoco abordaré las celebraciones conmigo mismo – el original – una vez que sellamos la rendición en la silla turca, entre sinapsis desbordadas y destellos de emoción sin cesar. Ese día la serotonina se agotó y los receptores no se daban abasto en medio del éxtasis por este triunfo heroico. Recuerdo especialmente los cromatóforos proyectados sobre la bóveda craneal en dimensiones reverberantes gracias al torrente de endorfinas y su efecto liberador.

Como punto culminante el discurso del cerebelo bajo el abrazo de la corteza con el sistema límbico, mencionó que mientras queden neuronas en pie de razonamiento, no podemos entregar las ideas.

Hemos derrotado la alienación – dijo – superamos los algoritmos y se impuso la unión de sistemas nerviosos ante la fuerza de la ignorancia, que pretendía convertirnos en meros espectadores de la vida, pendientes exclusivamente de lo que sucede en las redes sociales – incluso el Hipotálamo salió de su encierro para celebrar ruidosamente, momento cuando el hambre se impuso y se abrió paso por la mielina hacia los nervios.

Todos celebramos hasta que el ritmo circadiano marcó su llegada, recuperando la cordura como si se hubiera eliminado el largo confinamiento producto de una pandemia.

Entonces desperté en mí mismo finalmente.

Gustavo Pisani, Richmond, 27 octubre #futurismomágico #terror

La Estirga Burlona

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Jerónimo Alayón

Poeta, escritor y editor.

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Sobre Monstruos Reales y Humanos Invisibles

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