Un gato en el año del tigre

Mi gato maúlla por siempre.

Antropocitis aguda

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Nebulosa Carina
Credits: NASA, ESA, CSA, and STScI

Su eminencia de la salud universal se encontraba de turno en la Nebulosa Carina, atendiendo un alumbramiento múltiple de cierta estrella primeriza, cuando recibió la llamada de una Galaxia blanca a unos 7.500 años luz, acerca de una paciente de unos 4.540 años de antigüedad, con 15 grados Centígrados de temperatura promedio y en ascenso hasta de 2 grados los últimos siglos, 6.600 trillones de toneladas con sobrepeso con la presión por encima de 1 atmosfera. Otros signos vitales indicaban niveles altos de polímeros en su Hidrósfera y alopecia marcada en su Litósfera, con brotes infecciosos neríticos de una curiosa especie endógena con marcada tendencia autodestructiva. Su estado no era grave, pero ameritaba una visita de control.

Apenas a unos cientos años luz de su destino, la capacidad de observación permitió dibujar las primeras impresiones en la privilegiada visión de esta luminaria. Anomalía magnética distal manifestada como una depresión sobre la masa acuática de menor dimensión, originada por unos toroides de orientación axial que conectan los casquetes y de prevalencia solar. Su pulso es a primeras luces irregular y se percibe un estado generalizado de estrés superficial. Color azul con manchas marrones y formaciones regulares de naturaleza cicatrizante. Nada preocupante en primera instancia, pero el universo se encuentra lleno de sorpresas, pensó para si mientras revisaba su equipo portátil de atención intergaláctica.

La consulta se desarrolló de manera casual, como dos entidades universales que se conocen desde el origen de los tiempos.

-Dígame planeta, cómo se ha sentido – Preguntó en tono profesional mientras auscultaba su dilatada línea ecuatorial, concentrado en detectar manifestaciones internas relevantes para la salud integral de este objeto estelar.

-Puede llamarme Tierra – dijo algo apenada mientras respiraba profundamente para facilitar la escucha de su interior – pues nada, que siento fiebre, estoy perdiendo mi lozanía y me encuentro algo indigesta.

La consulta tomó algo más de lo ordinario entre la recolección de muestras, historia familiar, datos del seguro y alergias o caídas recientes, tiempo suficiente para completar algunas rotaciones alrededor de una estrella enana de muy mal genio, hasta que se despidieron afectuosamente y mientras le veía dirigirse a su lugar en el universo, recordó las recomendaciones ofrecidas por esta figura milagrosa.

Hacer más ejercicio y preocuparse menos por las inconveniencias temporales de los últimos siglos. Respecto a las molestias externas, eventualmente los epiparásitos cederán el paso a la vida microbiana, y el equilibrio regresará a la superficie.

Tiempo después recibió un sobre intergaláctico con el resultado de los análisis, el estudio médico y la factura, cuando se encontraba en el perihelio, y luego de estirarse tanto como le era posible, no logró contener un dejo de sorpresa al leer el contenido, apenas logró descifrar el manuscrito.

Diagnóstico – Antropocitis aguda

Tratamiento – Ninguno. Extinción natural – ciclo de vida natural.

Prescripción – Extintiva

Era cuestión de tiempo en volver a su estado natural. Y exhalando hasta sosegarse en toda su esférica presencia, se dedicó a seguir las recomendaciones en el sentido estricto de la ilegible caligrafía universal.

Gustavo Pisani

15, julio de 2022

Richmond, Texas

¿Y tú a que tienes Miedo? – Antología

Temo a Fobos, ¿Y tú a que tienes Miedo? – Antología #alexadamemiedo #ahoraqueelmiedoestademoda

Mi tesoro, mi basura

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Me encuentro frente al depósito donde se encuentran todas las esperanzas de la humanidad, lugar de discursos y promesas, sueños y aspiraciones en su camino indetenible al olvido, junto a la inocencia y tantas cosas bellas que el mundo parece no echar de menos. Es la hora de botar la basura.

Entre vahos y alimañas, encuentro muchas razones para continuar mi viaje vespertino a esta realidad olvidada en la salida de servicio del restaurante donde las pizzas son amasadas por oaxaqueños, horneadas por tegucigalpenses, servidas por caleños bajo la mirada opresora de un calcutense. El sincretismo gastronómico no deja de sorprenderme por su universalidad.

Cada tarde recorro este camino al Gólgota, cargado de los residuos de una generación de comensales acostumbrados a llenar los platos para fotos de sus redes sociales, llenas de ilusión y excesos. Sin ayuda, entre gestos de aparente solidaridad, pero con más compasión que soporte, arrastro desde el tercer circulo de la gula las evidencias a ser utilizadas por arqueólogos del futuro bajo las nefastas capas del Antropoceno. ¿Cuáles serán los fósiles que darán luz sobre nuestra cultura? ¿Plásticos, desechos nucleares o ingentes cantidades de basura en general? El consumo terminó por consumir nuestro futuro.

Pero al levantar la tapa sin sucumbir al golpe fétido, y sin desmayar en mi afán observador, reparo en la soledad de este callejón olvidado por la gente elegante y acicalada, asidua a estos lugares llenos de alegría y celebraciones. Dejando la náusea atrás, concluyo que, a pesar del mayor tamaño de los establecimientos vecinos, no he coincidido con mis colegas al momento de disponer los residuos luego de varios meses en esta tarea ingrata. ¿La pregunta es, adonde va su basura?

Sea por el efecto de la col olvidada por el filipino al fondo de la alacena, o la Merluza escondida descubierta por casualidad en la gaveta del sous-chef filipino, dado de baja por desaseo hace varios meses, comencé a divagar en mi soledad bajo faroles apagados desde siempre.

Imaginé hordas de gente dedicada a influenciar sus audiencias devorando platos elaborados para las selfis, obras de arte efímero, reciclando los desechos de la víspera, condimentadas para atenuar su extrema insalubridad a la cual se atribuye la corta vida de sus promotores en las redes sociales.

Sospeché sobre la existencia de grandes espacios destinados a almacenar, bajo condiciones especiales, ingentes cantidades originalmente destinadas a los rellenos sanitarios, ahora materia prima de bio combustibles y energía verde.

Justo cuando me encontraba cavilando sobre el posible envío de ayuda humanitaria a grupos vulnerables alrededor del mundo, recibí el llamado para ocuparme de una nueva tarea. Encargado de recibir los pedidos de alimentos, cerrando el ciclo vital en esta vida que siempre responde las preguntas con otra pregunta.

¿Es tu basura, tu tesoro? Imagina las posibilidades

Gustavo Pisani

Richmond, Julio 8, 2022

Raíces eternas

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La nostalgia es el dolor por retornar, apego a lo propio, extrañar las tradiciones y las amistades, esa familia extendida que nos alegra la vida en medio de los pesares que nunca faltan. Ese sentido de pertenencia y compañía del viaje hacia el mañana, donde uno aprende que solo es necesario llevar lo imprescindible a lo largo de paisajes, personajes y recuerdos que ayudan a aligerar la carga del calendario.

Tan evocadora como provocativa es la reunión inesperada y luego de tanto tiempo que cuesta precisar, con aquellas personas que han estado siempre al lado, de manera consecuente, sin necesidad de pronunciar palabra porque hay momentos en los cuales éstas sobran.

Del abrazo a la celebración, rodeado de recuerdos – con ayuda de quienes forman parte de esta hermandad y nos acompañan por medios virtuales – para enhebrar el camino que nos ha traído hasta la Playa de Miami, donde la libertad es recordada con dolor y admirada como una cicatriz ganada en las clases de la maestra más severa cuyas lecciones quedan como trofeos del gabinete de las medallas y logros, sin necesidad de reconocimientos que no sean de quienes nos importan. 

Recorremos recuerdos por décadas, personajes por docenas y revisamos nuestra ubicación en este tránsito de una vida que nos ha llevado por caminos tan diversos como lejanos, desde donde siempre regresamos a nuestra juventud intensa y feliz por la extraordinaria concurrencia de unos personajes quienes construyeron un universo basado en la hermandad y sobre todo el humor, rodeados de la nostalgia por un mundo arrasado por la modernidad donde se respiraba el apego a los orígenes del Saladillo, en el corazón de la Maracaibo marítima, donde las historias son tan diversas como profundas las arrugas de esos marinos que extrañan el marullo.

Hablamos sin detenernos, con una sonrisa perenne que no detiene nuestra emoción con la que salpicamos a los comensales, representantes del pasado glorioso, del presente amoroso y especialmente del futuro prometedor, al cual dedicamos estas líneas y contamos con que aluda a esta celebración como un hito en su corta vida.

Cerca de cuatro décadas nos observan, con la misma desfachatez con la cual iniciamos una amistad incorregible, con reglas propias, observada con curiosidad por los que nos rodean y especialmente con un lenguaje propio sobre el que se ha construido un universo en expansión eterna.

Quédate con quienes honran la amistad sin reservas, perdonan y aceptan todo en pos de esos vínculos imposibles de disolver por distancias, tiempo o circunstancias, gestos y recuerdos únicos que enriquecen algo que siempre nos lleva de retorno a ese Saladillo donde construimos – y seguimos construyendo – un mundo que no deja de sorprender especialmente a sus habitantes.

Dedicado a todos los que nos han acompañado a lo largo de esta aventura, y a quienes tenemos presentes en nuestro ejercicio permanente de honrar la amistad y el amor; lo que han unido los malayos que no lo separe nadie.

Gustavo Pisani, Febrero 14, 2022

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